domingo, noviembre 25, 2007

CUMPLIR LOS SESENTA ENTRE AMIGOS.

Nuestro amigo Juan Gestal celebró ayer su cumpleaños. No es que fuera ayer su aniversario (ya pasó, en eso somos flexibles, uno puede celebrarlo durante toda su anualidad, así no tiene excusa) pero fue ayer que nos reunió a sus amigos en torno a una expléndida cena en su mansión de Moas. 8 parejas éramos. Las cuatro de siempre y los manolos. Y allí, en amor y compañía, le honramos como nuevo sesentón.
Estaba precavido Juan, a sabiendas de que los amigos son bastante cabrones en estas ocasiones. Se temía alguna de las putaditas que él mismo habría propuesto de ser otro el homenajeado. Cerró a cal y canto la mesa de las viandas e hizo guardia permanente sobre los territorios de riesgo. Hacia media cena daba por ganada su batalla pero fue, entonces, cuando empezaron a lloverle caralladas de mano de Elvira y Chelo. Lo coronaron como académico provecto, le pusieron la banda de honor de los 60 y le adjuntaron infinidad de adminículos alusivos a las fantasías y decadencias propias de la edad, desde un condón gigante que podría servirle de media para cubrirse la cabeza para atracar un banco, hasta dados para favorecer diversos ejercicios fíicos y otros juegos de intimidad, incluyendo herramientas de servir y servirse diversos condumios y placeres. “Mucha teta”, fue el comentario general, pues la iconografía de este año fue especialmente insistente en ese tema. Pero estuvo bien.
La cena magnífica. No faltaron, por supuesto, los suculentos mariscos de Muros bien seleccionados por Antonio el del milcien (centollas, camarones, salpicón). Y para quien quiso exagerar, una carne deliciosa “chez Matilde”. Todo ello regado con vinos de primera, un albariño Enxebre para quienes gustan del blanco y un Muga extraordinario para quienes disfrutamos más con el tinto. Debimos arrasar su cosecha porque las bolletas se agotaban con asombrosa celeridad. Y luego los postres, para los que los más enterados, como las vírgenes prudentes de la biblia, habían estado guardado espacio. La tortilla romana, delicia solo conocida para quien goza de ciudadanía muradana, estaba exquisita y, aunque nos falló el sputnik sorpresa de la tarta aniversario, también dimos buena cuenta de ella. En fín, no podía ser de otra manera si el anfitrión pertenece a cuanta sociedad existe de gourmets y degustadores de delicias varias.

Como siempre que nos reunimos no faltaron temas de confrontación (lo bueno de nuestra panda es que cubrimos todo el espectro de opiniones y pareceres, con lo cual, sea cual sea el tema la discusión es segura). En esta ocasión, el “por qué no te callas” del Rey y el funeral ácrata de Fernando Fernán Gómez dieron más juego que el vintage (tema tabú en casa de Juan, al menos hasta los postres). Claro, esto en la banda masculina. No soy buen cronista de lo que pasó en el cuerno femenino porque ellas son muy suyas en sus temas y, en todo caso, nosotros gritamos tanto que no es fácil saber a qué o quienes se dedican ellas.

Tampoco faltaron, ¡faltaría más!, los gestos de cordialidad y amistad que son los que nos mantienen juntos. Incluso en las grandes discusiones hay límites que no se pueden atravesar. La autoregulación que ahora se quiere proyectar sobre las televisiones, nuestro grupo la ejerce desde sus inicios. Nuestras mujeres son nuestra Teresa de la Vega en eso. Y todo va bien. Es interesante sentir que personas tan distintas como somos, con vidas tan disjuntas y opiniones tan opuestas se buscan, se aprecian dentro de las diferencias y les gusta disfrutar juntos.

Y, a todo esto, llegado el momento de los regalos, no faltó la prometida enciclopedia,a pesar de que todos éramos conscientes de que nos la jugábamos con Matilde que ya nos había advertido que sólo por encima de su cadáver entrarían más libros en su casa y que nos acusaría de maltrato intelectual y mobbing si cumpliamos nuestra amenaza. Pero, cabezones como somos, la enciclopedia llegó. La cara que puso Juan al recibirla fue, también, de enciclopedia. Matilde, más práctica se fue directamente a la cocina a por el cuchillo de capar. Pero, fíjate lo que son las cosas, los 50 volúmenes de la enciclopedia que tuvieron un parto difícil poco a poco fueron conquistando al personal con su sencillez y riqueza informativa. Estaban condenados a la hoguera y, al final, hasta podrían salvarse. Así que la broma, aunque riesgosa (más para mí a quien echaban la culpa de haber promocionado la idea) salió bien.
Cuando apareció el GPS última generación, las aguas volvieron a su cauce y ya no hubo decapitaciones ni desalojos. Y a Juan le gustó. Ahora sólo le falta hacer el master que conlleva su uso. Y luego aprovecharlo para las múltiples aventuras que le quedan pendientes en la nueva década.

Y llegó la hora de los poemas y felicitaciones. Un problema esta vez porque nuestro vate oficial es el propio Juan. Y claro, no iba a hacerse él su propia felicitación. Así que tendrían que entrar en la plaza los sobreros. Y tratar de buscar rimas e ideas que no desdijeran de la ocasión. Por escaqueo general y sin casting alguno, tuvimos que aceptar Fidel (en gallego) y yo (en castellano) la tarea. Nada fácil, desde luego porque emular al poeta oficial es tarea imposible. Pero lo hicimos y, bueno, no nos darán el premio Adonis de la poesía, pero la cosa quedó digna. Añado, al final, mi loa al amigo sesentón.

Y eso fue, nuestra celebración. Otra más. El club de los sesentones se va ampliando y ya son mayoría. Los pocos que nos resistimos tampoco tardaremos mucho en llegar. Y viéndo cómo lo están llevando los amigos, tampoco parece tan malo. Y, en todo caso, de tener que llegar ahí es mejor hacerlo con una fiesta rachada y en compañía de amigos. Al final, con 30 ó con 60, es lo mismo. Buena parte de nuestra fuerza reside en la calidad de los amigos. Lo que en este caso, sobra decirlo, está garantizado. Y ahora nada, a esperar a ver a quién le toca la próxima enciclopedia. Felicidades Juan, que sigas siendo tan feliz de sesentón como lo fuiste de cincuentón. Y que nosotros estemos como para celebrarlo.

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Éste fue mi poema.
¡QUÉ ILUSIÓN, EL SEÑOR DE MOAS SE NOS HIZO SESENTÓN!

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función….

60 años, 60 sueños,
60 besos, 60 amigos,
60 cursos, 60 viajes,
60 enfados y 60 juergas,
60 cenas y 60 débitos (conyugales, por favor...)

60 años, ¡qué edad!
la experiencia de 4 de 15,
el deseo de 2 de 30,
la eficacia de 5 de 80…
60 años, ¡qué edad, amigo Juan!

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función…


60 años es mucha vida, muchas vidas.
De Muros a Santiago y desde aquí a medio mundo.
Chaval, estudiante, amante,
médico, profesor y amante,
esposo, padre y amante,
político, académico y amante,
viajero, poeta y amante,
escritor, doctor y amante.
Mucha vida, muchas vidas, tanto empeño…

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función….

Cumplir 60 años, qué ilusión…
Las cosas cambian…
Menos fuerza pero más esfuerzo,
menos vitalidad pero más inteligencia,
menos orgullo pero más compasión,
menos prisa pero más disfrute,
menos dentadura pero más paladar,
menos yo pero más nosotros.

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función….

Y qué fue antes, doctor, o qué fue más,
el verbo o el polvo,
Pamplona o La Coruña,
Muros o Moas,
el piscosauer o el mojito,
los amoles o el amor,
el milcien o el Caney,
el jet lag o el soroche,
la Xunta o la Facultad.
¿Qué fue antes, doctor, o qué fue más?

¡Y qué más da, los 60 tienen eso,
el tiempo se hace fino y
la memoria remolona!

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función….

60 años es mucho tiempo,
y muchos amigos…
Javier y sus mensajes,
Fidel y sus amores,
Miguel y sus viajes,
Y los Manolos.. de los conciertos,
Y los doctores del colegueo,
Y los sibaritas del gourmeteo…
Y, por supuesto, don Vicente para el tango…

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función….

60 años es mucho tiempo,
Y muchas mujeres… la tuya, las nuestras.
Cariñosas, sensibles,
maduritas y ricas,
seguras y pacientes. Buenas chicas,
con casi ningún defecto,
salvo su irresistible debilidad por los vintage.

Cumplir 60 años, ¡qué ilusión!,
Puedes ver tu vida como en una función….

Entrar en los 60, ¡qué suertón!
Te importa un huevo mejorar tu currículo, ya lo tienes hecho.
Te liberan de los primeros si te cogen de rehén.
Nadie te pide que entres a rescatar personas en un edificio en llamas.
Ya no eres hipocondríaco, ahora sí estás enfermo.
Tus articulaciones pronostican el tiempo mejor que los metereólogos.
Tus secretos están seguros, ya no los recuerdas.
Tus neurosas se reducen a una cantidad manejable.
Corres menos riesgos de caer en el pecado de la lujuria que en el de gula
Y empiezas a rentabilizar en serio los años pagados a la Seguridad Social.

Cumplir 60 años, ¡qué subidón!,
Si hasta tarda más la eyaculación….

miércoles, noviembre 21, 2007

Tocar el cielo



De regreso de Monterrey (esta vez Iberia no se apiadó de mi espalda y tuve que tragarme las 10 horas y pico del viaje en turista; eso sí, bien acompañado por una especialista en cine que venía al festival de Huelva; así que aproveché para enterarme de cosas interesantes) pude ver de nuevo la película de Marcos Camevale “Tocar el Cielo”, estrenada hace muy poco. Ya me había gustado en su momento, pero ahora me cogió en un momento propicio para valorarla aún más. Contento como regresaba de Monterrey, hasta el título me gustó.
Es una de esas películas argentinas que cuentan historias. Por eso me encantan. No tienes que pensar, basta que te vayas identificando con los personajes y viviendo la historia. Las historias porque son varias entrecruzadas. El film va narrando todo un mundo de relaciones entre personas: relaciones de amor, de odio, de soledad, de apasionamiento, de dolor y enfermedad. De todo un poco, por eso es fácil involucrarse en la historia.
Una “película coral” han dicho de ella algunos críticos. Y es verdad, hay un juego de personajes muy particular. El que menos me gustó fue el protagonista Pedro (Chete Lera) porque me parece que sobreactúa demasiado. Demasiado gesto y ruido que desluce su papel muy interesante de hijo desatendido, padre histérico y amante esquizofrénico. Me encantaron, en cambio, las figuras femeninas por su sobriedad y lo bien que saben expresar sentimientos con un simple gesto. La abuela argentina está simpatiquísima. Muy dulce e interesante está Gloria (Betiana Blum) tanto en papel de eterna amante desatendida como en su final de enferma. También lo está Amparo (Montse Germán) en su lucha por adoptar un crío cueste lo que cueste. Mucho más interesante ella que cualquiera de las otras locuelas que se tira insaciable su ficticio marido.
En fin, lo interesante es lo bien que trata la amistad en sus diversas modalidades no convencionales. Personas que se quieren pero no se comprometen, que viven cerca y lejos a la vez, amigos que viven más intensamente la amistad que si fueran esposos o amantes. Una historia de historias muy interesantes.

Y luego está la guinda emotiva de los globos navideños para expresar deseos. Y a través de ellos tocar el cielo. No es que el avión fuera un marco extraordinario para ver cine (menos aún en la butaca minúscula que yo traía) pero pasé un buen rato. Aunque el cartel de la película dice bajo el título "lo más parecido a la felicidad", sintonizó muy bien con mi estado de ánimo. Y después ya no quise ver nada más porque fuera lo que fuera rompería el encanto. Me tomé un somnífero y a dormir.

Monterrey y tocar el cielo


Ya sé que son cosas distintas, pero esta vez se han unido. Dentro de esta vida de locura que llevo (que me lleva) he tenido la fortuna de viajar a Monterrey y disfrutar de esa ciudad diferente. Y, a la vez, de tocar el cielo.
No es la primera vez que viajo a Monterrey, aunque el viaje, esta vez, tenía características particulares. Marchaba con el alma rota y con muy poca motivación. Buscaba más la terapia de la dispersión (un viaje al norte mejicano de sólo 4 días) que el cumplimiento de un compromiso académico. Tuve la enorme suerte de poder hacer el viaje con mi hermano Rafa que regresaba a Puebla. Y eso hizo que el viaje fuera distinto a todos los otros. Mucho mejor. Ambos pudimos consolarnos mutuamente y hacer más soportables y entretenidas las 12 horas de vuelo.
Milagrosamente, incluso los aviones se comportaron y salieron y llegaron a su hora. Así que rondando las 9 de la noche llegué a Monterrey tras más de 21 horas de viaje. Lo cual, si se peinsa en las distancias, hasta parece poco. Y al día siguiente, curso por la mañana y curso por la tarde. Y el siguiente que era sábado, nuevo curso toda la mañana. Ni tiempo a pensar en el jet lag tuve esta vez. Sólo me quedó la tarde del sábado para disfrutar de Monterrey porque a las 7 del domingo volvía a reiniciar otras tantas horas de regreso.
Pese a todo, no puedo quejarme, todo lo contrario. Fueron unos días intensos. Ya estaba yo bastante cargado emocionalmente, pero fueron tan cordiales todos, mostraron tanto cariño y aprecio que anduve como en volandas. Mi anfitriona principal era una cubana que derrochaba expresividad. Con ella es imposible deprimirse. Pero, igualmente cariñosos estuvieron los responsables de la Facultad de Letras de la UANL. La cosa es que allí mucha gente me conocía ya aunque no personalmente. Habían leído mis libros y, los estudiantes, habían tenido que estudiar mis textos. Y tenían muchas expectativas por conocerme. Yo siempre temo esas situaciones porque seguramente muchos quedan decepcionados al verme en persona. A saber cómo se figurarían que soy: joven, alto y delgadito, rubio y con melena, con ojos de encandilar, en fin, mismamente como soy. Pero hasta en eso fueron muy amables y me dijeron que me figuraban más viejo. El resto de los atributos los callaron por cortesía. Bueno, yo hice mi trabajo y sentí que les encantó. Y me lo agradecieron tanto que mi depresión fue retrocediendo y tuve un chute de autoestima que sirvió para borrar el cansancio.
Y entonces llegó la mejor parte del viaje, pasear por Monterrey y disfrutar de esa paz transitoria de los paisajes preciosos y las buenas compañías. Se celebraba el Forum de las culturas, similar al que también hemos tenido en Santiago de Compostela pero, claro, allí con otros componentes. Prestan mucha atención a lo indígena en esa tierra. Pudimos disfrutar del hermoso parque de Santa Lucía (antigua fábrica de aceros) con sus lagos artificiales, sus barcas, sus mariachis. Me asombró la Sierra Madre y los enormes picachos que cierran Monterrey hacia el Sur. Montañas admirables por su ferocidad (parecen cuchillos), por sus faldas que caen en picado, por sus contraluces. Se veían como algo alucinante desde tierra. Y luego cuando las pude volver a ver desde el avión, aún me encantaron más porque se veía mejor su secuencia y los inmensos e inaccesibles valles que generan entre ellas. Una maravilla, la verdad. Sentí no haber llevado cámara fotográfica. Y por la noche, cena cubana. Éramos 8, el matrimonio cubano, 5 alumnos de la maestría que había llegado de Chihuahua y yo. No paramos de reir. Y de emocionarnos (ya lo escribí en otra visita a Méjico a la boda de rafa, pero los mejicanos son muy emotivos y te dicen cosas capaces de hacerte saltar las lágrimas de agradecimiento). Es como si todos se hubieran confabulado en este par de días por mejorar mi ánimo. Y lo consiguieron.La verdad que regresé mucho mejor de lo que fui. Sólo tengo palabras y sentimientos de afecto por todas las personas que he conocido estos días. Eso han sido, en verdad, un semillero de afectos. Bendito Monterrey.

La fuerza de la vida.


Ya sé que suena al título de una película o algo por el estilo. Pero no tiene nada que ver con ello. Es algo mucho más bello y profundo. Me refiero, disculpen la insistencia, a lo fuerte que es la vida, a cómo, incluso en situaciones dramáticas acaba imponiéndose, rescatándonos de los pozos de amargura en los que hayamos podido caer. Y qué bueno que sea así.

La muerte de Javier nos ha dejado a toda la familia con el alma rota y el corazón y las miradas rebosando angustia y lágrimas. Es cierto que cada uno de nosotros vive esa angustia a su manera, pero se nos ve a todos como nokeados y desorientados, como si hubiéramos perdido, en parte, el norte. Recuerdo de Saigós que andaban así las ovejas “modorras”, moviéndose de una parte a otra, a veces en círculo y con las vista perdida.

Pero eso sólo sucede a ratos, cuando bajan un poco las defensas. Y, casi siempre, cuando uno se encuentra solo. Cuando estamos juntos las cosas cambian. Parece como si todos quisiéramos “vitalizar” el encuentro, salir del marasmo personal de cada uno. Y en esas situaciones se diría que hasta parecemos alegres. Hablamos en alto, hacemos bromas, nos reímos. Al principio te sientes mal, como si estuviéramos traicionando la memoria del hermano fallecido. Pero si uno lo piensa bien, es lo más sano que podemos hacer, salir a flote de nuevo, reencontrarnos con nuestros temas, con la vida.

Es interesante esa resurección. Porque sucede en grupo. Porque se nota que surge del esfuerzo patente de cada uno por tranquilizar a los demás, por hacerles pasar un rato agradable. NO tiene nada que ver con el olvido de la tragedia que cada quien va elaborando lentamente en su corazón. Y cada vez que nos vemos es un encanto. Sobre todo cuando están los sobrinos porque ellos y ellas son ahora nuestra fuente de fuerza. Al principio yo les decía que aquello era pura terapia grupal (todos tratando de apoyar emocionalmente a los otros) pero ahora ya me parece algo mucho más sencillo y emocionante: la fuerza de la vida.

Hay mucha vida en los grupos. En nuestra familia, con tanta gente joven, la vida se desborda y acaba llenando los vacíos. A veces pensaba, “nuestros vecinos deben estar poniéndonos a parir. Acaban de venir, como quien dice, del entierro de su hermano y fíjate qué follón tienen montado. Hasta se atreven a bromear y contar chistes”. Pero habría que explicarles que afortunadamente la vida nos estaba recuperando. Que eso era justamente lo que todos estamos necesitando, mucha vida. Y, afortunadamente, derrochamos vida. Y estoy convencido que ése es el mejor regalo que podemos hacerle a Javier. También él era así. Hasta en los peores momentos.

LA FUERZA DE LA VIDA

LA FUERZA DE LA VIDA

Ya sé que suena al título de una película o algo por el estilo. Pero no tiene nada que ver con ello. Es algo mucho más bello y profundo. Me refiero, disculpen la insistencia, a lo fuerte que es la vida, a cómo, incluso en situaciones dramáticas acaba imponiéndose, rescatándonos de los pozos de amargura en los que hayamos podido caer. Y qué bueno que sea así.

La muerte de Javier nos ha dejado a toda la familia con el alma rota y el corazón y las miradas rebosando angustia y lágrimas. Es cierto que cada uno de nosotros vive esa angustia a su manera, pero se nos ve a todos como nokeados y desorientados, como si hubiéramos perdido, en parte, el norte. Recuerdo de Saigós que andaban así las ovejas “modorras”, moviéndose de una parte a otra, a veces en círculo y con las vista perdida.

Pero eso sólo sucede a ratos, cuando bajan un poco las defensas. Y, casi siempre, cuando uno se encuentra solo. Cuando estamos juntos las cosas cambian. Parece como si todos quisiéramos “vitalizar” el encuentro, salir del marasmo personal de cada uno. Y en esas situaciones se diría que hasta parecemos alegres. Hablamos en alto, hacemos bromas, nos reímos. Al principio te sientes mal, como si estuviéramos traicionando la memoria del hermano fallecido. Pero si uno lo piensa bien, es lo más sano que podemos hacer, salir a flote de nuevo, reencontrarnos con nuestros temas, con la vida.

Es interesante esa resurección. Porque sucede en grupo. Porque se nota que surge del esfuerzo patente de cada uno por tranquilizar a los demás, por hacerles pasar un rato agradable. NO tiene nada que ver con el olvido de la tragedia que cada quien va elaborando lentamente en su corazón. Y cada vez que nos vemos es un encanto. Sobre todo cuando están los sobrinos porque ellos y ellas son ahora nuestra fuente de fuerza. Al principio yo les decía que aquello era pura terapia grupal (todos tratando de apoyar emocionalmente a los otros) pero ahora ya me parece algo mucho más sencillo y emocionante: la fuerza de la vida.

Hay mucha vida en los grupos. En nuestra familia, con tanta gente joven, la vida se desborda y acaba llenando los vacíos. A veces pensaba, “nuestros vecinos deben estar poniéndonos a parir. Acaban de venir, como quien dice, del entierro de su hermano y fíjate qué follón tienen montado. Hasta se atreven a bromear y contar chistes”. Pero habría que explicarles que afortunadamente la vida nos estaba recuperando. Que eso era justamente lo que todos estamos necesitando, mucha vida. Y, afortunadamente, derrochamos vida. Y estoy convencido que ése es el mejor regalo que podemos hacerle a Javier. También él era así. Hasta en los peores momentos.

viernes, noviembre 16, 2007

Adios, Pachin.

Mi hermano Javier murió el lunes. Con 50 años. Así, de súbito, sin darnos la oportunidad de despedirnos y darle un último abrazo. Han sido tres días indecibles. Horrorosos. Hoy, con un poco más de paz, me atrevo a escribirle esta carta en el blog.

Querido Pachín. Ya ha pasado todo. Han sido tres días agotadores para todos. El que más relajado parecía eras tú, con el rostro hermoso, los ojos cerrados y la tranquilidad infinita de quien ya ha sorbido todos los sorbos y superado todas las pruebas. Habrás visto que ha pasado por tu lado y el nuestro muchísima gente para darte el último adiós. Un adiós cargado de emociones y de recuerdos doloridos. Seguro que tú pasaste otras veces por este trance de acudir a velatorios de amigos fallecidos. Pero esta vez eres tú el protagonista, aquél de quien nos despedíamos.

Es fácil aceptar la muerte cuando se habla de ella en general (“todos tenemos que morir”; “cada uno tendremos nuestro día”, etc.) pero cuando se te acerca tanto y se lleva a quien tenías al lado tuyo, a un hermano, la cosa se hace menos comprensible y te deja roto. Ayer cuando estábamos velándote en el tanatorio escuché a una señora decir que, a veces, la vida acaba “escachándonos”. Ésa es la palabra, pensé. Estamos escachados, como si nos hubier pasado por encima una pisonadora, como si se hubiera producido un terremoto traicionero y nos hubiera dejado sumergidos entre escombros. Cuesta respirar. Cuesta mirar para adelante y pensar en la vida sin ti. Angustia sobremanera pensar en los muchos “nunca más” que que se abren ahora con tu ausencia.

Dicen que en los últimos momentos de la vida nos pasa por la cabeza toda nuestra historia como si fuera una película. Quizás tú pudiste ver tu película mientras tropezabas y caías en la cinta del gimnasio. Y eso es, también, lo que hemos hecho todos nosotros mientras te mirábamos: repasar nuestra historia contigo, los muchos momentos, buenos y malos, que hemos pasado juntos. Como una película que se inicia en los lejanos años de nuestra infancia. Yo tenía 8 años más que tú, así que me tocó hacer de hermano mayor y andar metido en andanzas distintas a las tuyas. Hemos compartido poca infancia en Saigós y Zubiri.. Yo salí pronto de casa y por eso mis recuerdos se diluyen un poco en aquellos tiempos.
Sí recuerdo que nunca fuiste un chico sosegado, sino todo lo contrario. Rebelde y peleón. Como todos nosotros. No podía ser menos, con esa combinación tan explosiva de genes zabalza y beraza con que nos dotaron nuestros padres. Tuviste una infancia viva, movida, inquieta. Pero en aquellos años se labraron parte de tus virtudes y se acumularon las muchas energías que irías aplicando después a todo lo que hacías. Demasiado vital, demasiado intenso y soñador como para poder seguir reglas fijas y llevarlo todo con orden. Pero ése eras tú y eso te hacía único.

Es curioso cómo en nuestra familia, los liderazgos y los puntos de soporte se han ido sucediendo a lo largo de los añós. Es lo que tienen los grupos bien cohesionados. Durante mucho tiempo te tocó a ti hacer ése papel y fuiste el sostén sensato de la familia. Tú nos apoyabas a todos, facilitabas nuestros encuentros familiares, nos ofrecias tu txoko, te entregabas a las cuestiones domésticas, derrochabas generosidad. Todos confiábamos en ti. Luego la vida se te trastabilló un poco y preferiste pasar a un segundo plano. Otros tomaron el relevo de tus iniciativas, pero tu presencia siempre ha sido muy patente para todos nosotros.

Javier, si de algo somos conscientes en la familia es que no han sido nada fáciles para ti en estos últimos años. No lo han sido ni lo profesional, ni en lo personal. Se te enredó la madeja de la vida hasta dejarte sin aliento y tu corazón se resintió. Y tuviste un primer aviso. Pero eras fuerte y tenías muchas ganas de vivir y el destino apostó por ti. Después vino el segundo aviso para remarcar que había decisiones drásticas que debías tomar y estabas dilatando. Y ahí apareció el Javier que te hacía grande. ¡Qué dos años hermosos han sido estos últimos, Javi! ¡Has conseguido reconquistar muchos de los territorios que habías perdido y hacer florecer muchas de los jardines que medio se te habían marchitado! Me han impresionado las cartas que te han escrito tus hijas en este trance final. Nos pidieron quedar a solas contigo para dártelas. Lo que dicen de ti, del amor que les tenías y ellas a ti, de lo mucho que les has ayudado y lo mucho que has compartido con ellas en estos últimos meses enorgullecería a cualquier padre. También ha sido fantástica la forma en que te has ganado a nuestros padres en este tiempo que has vivido con ellos. Enorgullecería a cualquier hijo. Te echan de menos como no puedes ni figurarte. Sólo han pasado dos días y te añoran en cada cosa que hacen. “Esto nos lo compraba Javier”; “de esto se en.cargaba Javier”; “esto lo guardo para Javier que le gusta mucho”; “no sabes la seguridad que nos daba saber que lo teníamos siempre a nuestra disposición para cualquier cosa”. Creo que todos los hermanos te enviadiamos un poco por ello.
En fin, en esta prórroga que te dio la vida, has hecho las cosas bien, hermano. Sin aspavientos. Muy a tu estilo. Eso es lo que te hacía especial. Últimamente te gustaba estar en un segundo plano, como quien no tiene nada que aportar, pero resultando siempre imprescindible. Incluso tu muerte ha servido para que todos nos sintiéramos, una vez más, unidos intensamente y sabiendo que era un dolor que cada uno sentía a su manera pero que estaban todos allí para ayudarle a superarlo. No te imagians, que grado de madurez han demostrado los sobrinos, todos. Los hemos tenido alli, a nuestro lado, ayudandonos a los mayores, consolandonos, estando pendientes de todo lo que pasaba, demostrando que la vida de esta saga sigue viva con gente aun mejor que nosotros.
Nos has dejado muchas cosas, Pachin. Pero te has ido. Esta vez, sin remedio. Lucharon por ti con denuedo tanto la gente que estaba en el gimnasio (incluidos dos médicos que hacían ejercicio en ese momento, una de ellas cardióloga) como los servicios médicos que llegaron enseguida. Pero no lo consiguieron. Tu corazón se había roto. Y con él se rompieron también los nuestros. Si dice la canción andaluza que “cuando un amigo se va, algo se muere en el alma”, qué decir de cuando se te va un hermano. Han sido días terribles, Javier. Con muchas lágrimas y mucha angustia. Y con el único consuelo de que, por lo que nos han contado, tú no sufriste. Fue todo rápido y casi sin enterarte. Iñaki decía que él ya firmaba por poder morir así cuando le llegase la hora.

Adiós, Pachín, el más débil y, a la vez, el más fuerte de todos nosotros. Contradictorio y generoso. Sufridor nato. Gran disfrutador de los placeres de la vida y, a la vez, víctima de ellos (quién te iba a decir que ibas a morir en un gimnasio, haciendo ejercicio y después de haber perdido 5 kilos a base de dietas y esfuerzo). Expresivo y reconcentrado (qué difícil era saber qué pasaba por tu cabeza, cómo sufrías tus sufrimientos; qué difícil era poder ayudarte); animoso (qué bonita la foto que incluyó tu hija Nerea en la carta que te escribió) y, a la vez, un pelín deprimido (seguramente por los muchos dilemas vitales a los que tuviste que enfrentarte en los últimos años).

En fin, Javi, eras, seguramente el hermano que más se parecía a mí, tanto en lo físico como en el carácter. Y esa afinidad hizo que siempre me sintiera muy cerca de ti, tanto cuando eras chaval como en los últimos tiempos. Puedes figurarte hasta qué punto tu muerte me ha arrojado sin piedad al fondo de un pozo. Pero, estoy seguro de que será también tu recuerdo el que poco a poco me servirá de reclamo para salir de él, como hiciste tú tantas veces. Tu hija Paula se comprometía en su carta a que nunca te olvidaría y mantendría vivo tu recuerdo en sus hijos. Puedes suponer que ése es tambiénla promesa de tus hermanos y, desde luego, la mía. Nunca te olviaremos, querido hermano. Ya sé que suena a frase hecha para estos momentos, pero es la verdad. Nadie podrá cubrir el gran vacío que nos dejas. Tendremos que contentarnos con tu recuerdo.

domingo, noviembre 11, 2007

Al amor de una noguera.


Ha sido un fin de semana ajetreado. Aprovechando el que tenía que dar un cursoen Jaén, decidimos visitar a nuestro amigo Jesús Valverde que estrenaba condición de abuelo (los italianos llaman, de forma preciosa genitorialità a la condición de padres, debería haber una palabra parecida para la condición de abuelos).
El curso en Jaén transcurrió como era de esperar. Interesante en lo académico (al menos eso fue lo que me dijeron, quizás para no lastimar mi autoestima, aunque también yo quedé contento) y espectacular en el trato humano. Jaén es uno de esos lugares, ya quedan pocos así, que te seducen porque tus anfitriones se desviven de tal manera que te dejan anonadado en lo emocional y jodido en lo físico. Al menos, en mi caso, es imposible salir de Jaén sin atiborrarte de protectores de estómago porque es tal el castigo al que lo sometes que, como la cosa dure varios días, los daños pueden ser irreparables. Y es que no paras de comer cosas deliciosas a las que sólo un loco sería capaz de renunciar (yo ni aunque lo jure por mis últimos dolores) y cuando te das cuenta estás para el arrastre. Así que fueron dos días intensos en Jaén acompañados en todo momento por nuestros amigos. Es difícil saber agradecer tanto afecto y dedicación.

Y de Jaén a Genilla, en Priego, donde disfruta sus fines de semana Jesús Valverde, amigo de infancia y compañero en todas las batallas que desde entonces he librado. Así que era una visita obligada, una vez que pasábamos tan cerca. Además ya hacía tiempo que no pasábamos por Genilla. Desde nuestro accidente. De allí salimos, cara a Galicia, el día en que se nos cruzó el destino y, a punto estuvo de hacernos sorber sus venenos. Así que, también por eso, teníamos que volver a Genilla para reconciliarnos con el pasado.

Estuvo bien. Jesús sigue profesando su extraña religión de adorador de su noguera. A ella le rinde su mejor culto (bueno, últimamente, ha incorporado otros dioses a su catálogo, sobre todo una diosa reciente llamada Lucía, y empieza a titubear en su fe inconcidional). Y, hasta donde uno puede entrar en esas cuestiones íntimas, yo creo que ella le corresponde. Nunca le ha dado un disgusto y, al contrario, cada día le regala su compañía y una sombra acogedora que crea un clima propicio a las confidencias.Y, cada año, puntualmente, le ofrece una enormidad de kilos de nueces de las que nos beneficiamos todos los amigos.

En fín, fue un fin de semana corto pero intenso. La verdad es que tanto Jaén como esta zona de Córdoba ofrecen paisajes preciosos. Tan distintos a los nuestros de Galicia. Miles y miles de olivos bien alineados, orgullosos sobre sus campos secos, sobre lomas suaves que, a veces, llegan hasta sierras picudas. Todo ello configurando un paisaje propio de un cuadro. Uno no puede parar de decir Oh! durante todo el camino.

Y aquí estamos de nuevo, en el aeropuerto de Granada esperando que los altavoces canten la salida de nuestro vuelo. La vida, al final, es bastante circular, como el juego de la oca. Al final, todo es ir de oca en oca. Yo aeropuerto en aeropuerto. Y tratar de aprovechar los momentos intermedios.

jueves, noviembre 08, 2007

¿Qué recuerdan tus recuerdos?


El otoño, dicen, es una estación melancólica. Etapa de desprendimiento, de involución. La naturaleza deja sus ropajes externos y entra dentro de sí para reflexionar y reajustar sus componentes. Quizás en ese viaje al interior haga, también, una especie de limpieza parecida a la que se produce con la caida de las hojas exteriores, y vaya eliminando todas aquellas adherencias que se han ido acumulando a lo largo del año. Importante estación, por tanto, con alto sentido terapeútico.

Las noches se hacen más largas y frías y eso induce, también, a recogerse antes y a acurrucarse.


Todo eso es lo que me trae al mundo de los recuerdos. Más se mete uno dentro de sí, más se encuentra con recuerdos. Una sinfonía de recuerdos que recorren todos los tonos. Recuerdos dulces y agrios; recuerdos saludables y traumáticos; recuerdos emotivos y secos; recuerdos vivos y recuerdos agonizantes; recuerdos que te atraen como un imán y te dejan pegados a ellos y recuerdos que producen descargas y somatizaciones y sólo cabe huir. Pero es agradable navegar entre los recuerdos. Debe ser cosa de la edad.


La cuestión está en que debe haber muchas cosas en nuestro historial. La viva vivida va dejando sus huellas en nuestro disco duro, pero luego sólo recordamos algunas de esas cosas. Oí el otro día un programa de radio donde hablaban de cómo gestionamos nuestra memoria. Pero yo no estoy seguro de que la gestionemos. Al menos, no en el sentido convencional de fijar voluntariamente unos recuerdos y eliminar otros. Algo hace que haya cosas que se recuerden y que otras se olviden, pero no creo que sea nuestra voluntad.


Mi experiencia personal es que a medida que pasa el tiempo se produce una selección natural de los recuerdos y que van sobreviviendo los mejores, los más gratos. Parece como si las aristas de los malos recuerdos, la quemazón que producen cada vez que se reavivan generaran una especial actividad de las glándulas autoprotectoras y las pusieran a producir flúidos protectores que fueran corroyendo poco a poco la capacidad agresiva del mal recuerdo. Y claro, luego está el tiempo porque, en algunos casos, son procesos lentos.


Estos días estoy confeccionando un album familiar para celebrar las bodas de diamantes de mis padres. Y así he podido ir recuperando recuerdos de muchos años. Y he visto cómo los recuperaban mis hermanos. Y es gracioso. Casi todos hemos ido identificando recuerdos amables. Incluso aunque en su momento fueran experiencias duras, hirientes, ahora, como recuerdos se han suavizado, se han hecho más amables. Eso sí, cada uno recuerda cosas distintas, la selección de los recuerdos depende mucho del itinerario personal que haya recorrido cada uno. Me ha gustado constatar esa diversidad en el contenido y ese consenso en el tono.


Suelen decir que la naturaleza es sabia. Eso debe pasar también con nuestra memoria, que es sabia y amigable. Claro que uno puede obstinarse en mantener los recuerdos ingratos. Mucha gente hace eso. No para de hurgarse en las heridas y así no hay forma de que cicatricen. En esos casos, los recuerdos positivos se desdibujan, desaparecen o incluso se transforman en negativos. Es una situación terrible que se ve mucho en las separaciones y rupturas. Pero, a nada de esfuerzo positivo que hagas, los que acaban venciendo en toda línea son los recuerdos positivos. Los negativos se diluyen, desaparecen. Empiezas a quitarles importancia y hasta pueden convertirse en situaciones de las que puedes reirte y hacer bromas.


Así que, aunque quizás no sea exacto eso de "gestionar" los recuerdos, sí podemos influir algo en ellos. Este otoño me está resultando especialmente propicio en ese sentido. Resulta imposible evitar las situaciones conflictivas ni impedir que éstas pasen a tus recuerdos. Pero se supone que no todo es negativo, también las habrá positivas que generarán sus propios recuerdos. Pero si uno consigue no darle demasiadas vueltas a lo negativo poco a poco, lo positivo va prevaleciendo. Y al final, uno se reconcilia consigo mismo y con su entorno. No veo otro camino para ser feliz. Apegarse a los recuerdos positivos. Y, a la postre, eso ni siquiera es difícil.

domingo, noviembre 04, 2007

De Allen a Oviedo




Me pasó la semana sin poder comentar la peli del domingo pasado. Pues eso, fuimos a ver la última de Woody Allen, “El sueño de Casandra”. Y la primera sorpresa es encontrarte el cine lleno. En esta época de crisis de los cines (la gente prefiere quedarse en casa y esperar a que pasen las películas por la TV, pero ¡qué diferencia!), que un día se llene el cine es como un milagro. Un milagro que sólo consiguen realizar las buenas películas. Así que entre lo que me gusta Woody Allen y las buenas perspectivas de la audiencia (parece que nos han de gustar más las cosas que gustan a los demás, ya decía Freud aquello de que “mi deseo es el deseo del otro”) me las prometía felices con El sueño de Casandra. Y estuvo bien. Uno no puede decir que acabara fascinado como me sucedió en otras de sus películas, pero no defrauda. Eso sí, ha ido perdiendo un poco la chispa típica de sus diálogos y esa comicidad básica que impregnaba cada situación. Ahora no te ríes, pero sigue haciéndonos pensar. Y mucho.
“El sueño de Casandra” es un drama en el que mezclan todos los componentes de las películas de Allen: aspiraciones personales, amores de todos los tipos, sexo, culpabilidad, juego, suerte y desgracia. Pero sobre todo, mucha reflexión (o comedura de coco).

Están muy bien los dos protagonistas, Ewan McGregor y Colin Farrell que representan a dos hermanos llenos de aspiraciones y proyectos, uno de ellos el disfrutar del barco (El sueño de Casandra) que se han comprado. Pero uno de ellos, el pequeño (Terry-Colin Farrell) que se había beneficiado de sucesivas buenas rachas en el juego comienza a perder cantidades considerables. Y pretenden resolverlo a través de un tío rico que también tiene sus problemas. En definitiva, se ven involucrados en un crimen y a partir de ahí los remordimientos de Terry arrastran a los dos a la tragedia. Por cierto, que el argumento (la relación intensa entre hermanos que conduce a la desgracia) me recordó a “Bajo las estrellas” del navarro Félix Viscarret que ya comenté en el blog.

Me gustó mucho el canto al amor fraterno. Se es hermano/a por encima de cualquier circunstancia. El cariño, la paciencia y la ternura que se transmite entre los hermanos es una auténtica delicia a lo largo de todo el film. Emociona. También me pareció muy interesante la insistencia en lo nefasto de “cruzar la línea” (con resonancias a la peli anterior de Woody Allen “Macht Point”). Hay una línea que no se puede cruzar. Y si la cruzas, estás perdido. Ya nada es lo mismo. El pequeño, más sensible, lo presintió antes de hacerlo, pero la cruzó una vez y ya no pudo resistirlo. El mayor, la cruzó una vez y estuvo a punto de hacerlo dos veces, sólo que en la segunda sí entendió que no podía. Pero ya era tarde. Su suerte estaba echada.

Esta semana, hemos visto la recien estrenada “Oviedo Express”, película española de Gonzalo Suárez y que viene orlada por la fama del magnífico cuadro de actores españoles que intervienen. Y, efectivamente, consigue ser una buena película española (sin que eso sea un demérito). Tiene una fotografía espléndida y un guión interesante (reiterativo, a veces, y muy lleno de tópicos). Los actores sobreactúan, perocomo parte del guión. Me recordó a Inconscientes de Joaquim Oristrell, que me gustó más. Pero está bien, es un bonito homenaje a Oviedo y a la Regenta, la novela de Clarín a la que rinden culto en esa ciudad.
Los rincones de Oviedo que aparecen producen nostalgia a quienes adoramos esa ciudad. Y la historia (las aventuras y desventuras de un grupo de artistas que llegan a la ciudad para representar la Regenta), aunque un poco loca, entretiene. Desde luego, el protagonismo principal corre a manos de las actrices (Aitana Sánchez-Gijón como Mariola Mayo, Maribel Verdú como Mina, Bárbara Goenaga como Emma y Najwa Nimri como Bárbara), magníficas todas ellas y preciosas. Los actores me parecieron más tópicos en sus papeles. Carmelo Gómez como Benjamín Olmo el actor muy pagado de sí mismo y seductor por gracia divina; Jorge Sanz como Álvaro Mesía, el galán oficial y depresivo que no se come una rosca y pasa toda la película como alma en pena; y Alberto Jiménez como Ernesto, el alcalde de Oviedo y en torno a cuyos cuernos (los que pone y los que le ponen) transcurre la historia. Lo dicho, se pasa bien. Y seguro que recibe más de un premio en lospróximos Goyas.

Me gustó mucho el dilema emocional que se plantean la pareja del alcalde y esposa, Emma y Ernesto, en torno a su relación matrimonial. Ambos inician otras relaciones (Ernesto con la recién nombrada cronista oficial y Emma con uno de los actores recién llegados) que alteran su vida tranquila. Ambos dan a sus aventuras sentidos muy diversos (ahí aparece un tópico bastan sexista, me parece a mí). Ernesto está por no darle importancia y hacer como si nada hubiera pasado (me identifiqué mucho con él, en su situación yo creo que haría lo mismo). Ella por hurgar en la herida y pensar que ya nada puede ser igual (“no soportaría vernos cada día y comportarnos como si nada hubiera pasado”).

Aunque el debate se movió en términos bastante histriónicos y vocingleros, también me pareció muy interesante toda la discusión sobre persona y personaje en los actores (y en la vida en general, tenía razón el alcalde cuando decía que también los políticos son actores, y los profesores, diría yo). ¿Hasta qué punto hemos de representar el personaje? “¿Un actor ha de vivir durante todo el día su personaje, para hacerse a él, para acostumbrarse?”. "¿El actor es la piel del personaje o es también su carne?". "En un momento en que todo es mentira, decía el alcalde, sólo la imitación de la realidad convence. Los actores intentais que el teatro se parezca a la vida y yo intento que la vida se parezca al teatro. Al final todos somos actores". Y así,pienso yo, es como se nos van mezclando las dos caras de nuestra vida y,por veces, uno ya no sabe dónde está la persona y dónde el personaje.Bueno no lo sabe aquel a quien su personaje le va bien. Cuando te va mal (el pobre galán que no se come una rosca y se da a la bebida), la propia contradicción entre realidad y personaje te hace entender que las cosas son más complejas que un juego de rol.

En fin, lo dicho, dos películas agradables. Y,por cierto, con conexiones entre sí. En Oviedo Express aparece mucho Woody Allen, presente en Oviedo en una estatua en bronce magnífica realizada por el artista ovetense Vicente Santarúa. La ciudad le erigió esa estatua en agradecimiento por las alabanzas que Woody Allen hizo de Oviedo cuando fué a recoger el Premio Principe de Asturias. Dijo: “ciudad deliciosa, exótica, bella y peatonalizada; es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera... Oviedo es como un cuento de hadas”. Bien se mereció la estatua. Y que la película Oviedo Express se regodeara en ella.

jueves, noviembre 01, 2007

Desenamorarse.


Debe ser el otoño, no sé. Esa cosa de la caída de las hojas y de las escamas, o el frío que empieza a aparecer, lo que hace difícil las remontadas en las crisis afectivas. La cosa es que en pocos días he sabido de varios casos deconocidos que andan en plena faena de desenamoramiento. Y lo pasan fatal, según cuentan.
Hay casos trágicos. En esos chapoteos finales algunos pierden el oremus y hacen cosas incomprensibles. Por eso suceden los desenlaces trágicos, supongo. Ayer me contaban el caso de un colega universitario casado que se lió con una chica. Duraron un tiempo pero, alfinal, ella le dijo que no quería seguir. Él se volvió loco y comenzó a pintar la paredes de su casa (la de ella) con insultos y barbaridades. Al final lo detuvo la Guardia Civil y tuvo que pasar por todo el sambenito de un juicio y una condena que recurrió y todavía se la agrandaron en una instancia superior. En fin, una tragedia.
Otros y otras lo llevan de forma más callada pero no menos sufriente. Su sufrimiento por el desgarro es interior pero se les nota el esfuerzo silencioso que hacen por ir desmontando todo el edificio de sentimientos y hábitos que habían construido.
También trataron ese tema en un nuevo programa de la Cuatro, pero allí con humor y bajo un lema más físico: “desengancharse”. Pero, ni siquiera con humor, parecía la cosa fácil. Y además, no parece que haya consejo alguno que puedas ofrecer. Es un duelo que cada uno elabora a su manera. He intentado buscar qué se podría decir en un caso así (supongo que eso esperaban quienes me lo han contado) pero resulta difícil.
Lo curioso es que he encontrado varios foros de internet donde la gente cuenta sus experiencias en eso de las rupturas amorosas. En uno de ellos se hacían la pregunta: “¿Es posible desenamorarse a voluntad?” Las respuestas de algunos que han pasado por el trance me han parecido sugestivas.

Una de ellas decía:
“¿Anestesiar el corazón?: no es posible. ¿Eludir el amor cuando la flecha está clavada?: ya es tarde ¿Eliminar el sentimiento por decreto, con sólo proponérmelo?: pura ilusión. No puedo anular el afecto de un sablazo. ¿Qué hacer entonces?: arrojo, audacia en grado extremo, dejarte aunque me duela. Hacerte a un lado queriéndote, cambiar el dolor de tu presencia por el dolor saludable de tu ausencia definitiva (…) No se trata de negar lo que siento sino de no verte, de no entrar a tu territorio, de no ceder a la tentación de los sentidos, de no estar allí donde no debo estar(…)Por eso no voy a esperar a desenamorarme para olvidarte, voy hacerlo ahora, pese al amor que todavía siento.”

Otra era mucho más tajante:
Sí se puede. Solamente sustituye el amor por odio y listo, ahora odiala con todas tus fuerzas.
Claro, eso no sirve si es tu amiga, porque cómo diablos vas a odiar a tu amiga, aunque puedes hacerlo ficticiamente, es decir , haciéndote a la idea de que la odias (aunque no sea cierto), te acostumbraras a no verla con cariño.

Esta otra me ha parecido muy sensata y reflexiva:
Tal como yo lo veo, el problema no es desenamorarse de alguien, más bien lo entiendo como una desintoxicación de uno mismo de la emoción a la que nos hemos ido haciendo adictos. Hasta el punto de necesitar la "dosis" de pensamiento sobre él/ella que nos provoca el bienestar de poder soñar con tener no a la persona a la que conocimos, sino a la que hemos idealizado con tantas ansias. En el caso de verla o verle todos los días (algo que ahora mismo me sucede), sin duda alguna he de coincidir en el método de ignorar lo máximo posible su presencia, pues si me permitíis el simil, el síndrome de abstinencia se supera con tiempo, y alejados de la sustancia a la que nos hemos vuelto adictos. Lo que varía en este caso. es que, interiorizamos tanto la "droga" que finalmente nos "ponemos" con las expectativas de tenerla, algo tan etéreo que lo complica aún más. No aconsejo nada, pero admito que la decisión que yo he tomado es confirmar su rechazo y una vez hecho alejarme poco a poco del fuego antes de que termine quemándome desde dentro.

También ésta mantiene una posición sensata. Y el toque moral final, está bien:
Es posible desenamorarse cuando sueltas esta persona de tu cabeza. Cuando dejas esta obsesion. Pero si quieres y quieres y necesitas olvidarla, pues será muy dificil. Así que hay que partir para los consejos de siempre: los amigos o un nuevo amor, abocarse al trabajo o otras cosas que te distraigan. Y con el tiempo esto va dejando de ser una obsesion. Pero es dificil, sí, y depende mucho de lo fuerte que eres o del daño o recuerdo (bueno o malo) que te ha dejado/hecho. Ah me olvidaba y tienes que perdonar del fondo de tu corazón, sé que puede ser dificil. Pero tienes que perdonar, sino siempre te queda el rencor y no conseguiras olvidarla, ni tampoco caminar hacia adelante con tu vida.

Esta otra también me gusta. Es lo que yo haría:
Palabra difícil si las ahi...cuesta hasta pronunciarla sin pensarla dos veces.Saben, hoy hablaba con una amiga, de esto del amor que no es correspondido, y surgio la idea de que para dejar que llegue un nuevo amor, habia que "desenamorarse".Me niego a pensar en desechar un amor, sí creo en transformarlo, en darle un nuevo lugar en nuestro corazón, en dejarlo vivir hasta que él solito decida el tiempo que quedará entre nosotros dos.

En fin, siempre me ha llamado la atención qué distintos somos unos de otros, tanto al iniciar una relación como al concluirla.Personalmente me asombra cómo hay gente a la que no le cuesta mucho abandonar una relación, sea de amistad, de afectos especiales o de relación seria. Se tacha y se acabó. Me resulta tan difícil a mí. Y por lo que estoy viendo estos días, a mucha otra gente. Con lo bonito que es iniciar una nueva amistad o una relación, qué difícil resulta reponerse a su pérdida. Pero no hay recetas. Cada uno lo ha de afrontar echando mano de sus mejores recursos.Y sin agobiarse. Siento no poder servir de más ayuda. Ya me gustaría saber cómo hacerlo.




La educación como varita mágica.



Ayer salimos a cenar la pandilla. Siendo víspera de puente, la ocasión era buena. Como siempre hablamos de muchas cosas, pero la peña estaba bastante excitada anoche y salió también el tema de la educación, lanzándose en tromba contra los que pertenecemos a ese campo.Los pedagogos habíamos destrozado la educación y el daño se notaría durante generaciones. El argumento principal tenía que ver, supongo (las piedras llovían por doquier y de muchos colores) con que se había relajado la disciplina, con que los chavales hacían lo que les daba la gana y que nohabía autoridad. Y los culpables éramos los pedagogos. Los maestros los sufridores.
Como las desgracias nunca vienen juntas, esta mañana la Voz de Galicia nos ha despertado con una noticia de esas que te ponen los pelos de punta. Un chaval da una paliza tremenda a otro más pequeño mientras un tercero lo graba en video con su móvil y un grupo de chicas corea con sus risas por detrás el ataque. “Dala más, pégale más”; “Dale patadas en la barriga que queda mejor en la grabación”; “Dale más fuerte que me estoy quedando sin batería”; “Este vídeo vale su precio en oro”. Lindezas de este tipo se oyen en la grabación. Perversión pura.
Poco ha tardado mi amigo en coger el teléfono y llamarme de nuevo. “¿Recuerdas lo que hablábamos ayer por la noche en la cena?. Mira la Voz de hoy”. “Ya lo vi, le dije, y estoy horrorizado”. “Eso es lo que habeis conseguido”,continuó con su letanía de agravios. Y lo peor es que no sé si la cosa es ya reversible.
Al margen de esas atribuciones de responsabilidad, un poco descabelladas (pero que seguramente más de uno hace), no cabe duda de que este tipo de episodios producen un desfondamiento vocacional inmenso. Cómo es posible ese desbordamiento de maldad. Y que eso suceda en chavales que están aún en la secundaria. Maltratar tan gravemente a un compañero sólo para grabarlo en vídeo… (y extenderlo por Internet, supongo). Qué ha pasadoporla cabeza de todos los implicados, la del probre chaval vejado y malerido, la del agresor, la del que grababa y jaleaba, la de las niñas que se reían. Dice la noticia que incluso pasaron algunos adultos por allí pero que no intervinieron. ¿Qué nos está pasando a todos? ¿Y qué hacemos?

Esos chicos y chicas tienen padres, supongo. ¿Qué harán ahora? ¿Se consolarán echando la culpa a la escuela o a los pedagogos,como mi amigo? ¿Y qué podemos hacer desde las escuelas? La escuela sola, nada, desde luego. Y pensar que la derecha y los obispos se están oponiendo a una “Educación para la convivencia”. No soy tan estúpido como para creer que eso se arregla con una asignatura nueva, pero cualquier cosa que se haga será abrir un nuevo punto de luz y esperanza.

Lo que yo veo es que cada vez nos falta más la capacidad de empatía. De ponerte en el lugar del otro. Nos falta a los adultos y, como consecuencia, no se llega a formar en los niños. Cada uno quiere lo suyo al margen de lo que les pase a los otros. Como decía un amigo “aquí cada uno va a lo suyo,meno yo que voy a lomío”. El otro se hace invisible como persona con necesidades, con deseos, con su propia identidad. Los otros siempre han sido un estorbo a superar pera los Yoes autocomplacientes y ambiciosos. Necesitas pisar al otro para sobresalir, para ganar más que él, para estar antes que él. Nos cuesta ceder el paso en un cruce, interesarnos por lo que le pasa, salir de nuestro propio mundo de deseos. Los otros siempre han sido un problema para el cumplimiento de nuestros propios deseos. Más aún con respecto a deseos que necesitan de otro para satisfacerse:la agresividad, el sexo, el éxito, el liderazgo. Seguramente todos tenemos esos deseos pero la educación y la disciplina nos ayudaba a controlarlos. Si se pierde esa capacidad de control nos perdemos como humanos. Y sucede lo que sucede: la única regla es satisfacer esos deseos. Detuvieron hace un tiempo a una pandilla de chavales que salía por las tardes de los domingos “a violar”. Así, como quien sale a ver escaparates.

En fin, no sé hasta qué punto los que trabajamos en temas educativos tengamos responsabilidades indirectas en todo esto. Pero, la verdad es que cosas así te sumen en la mayor de las desesperaciones. Se te viene el mundo abajo. A mí se me hace imposible de creer. No se corresponde con la idea que yo tengo de un chaval joven.Y eso que he trabajado con jóvenes inadaptados. Pero ellos no eran así. Esto de ahora es que resulta demasiado anómalo incluso para creérselo. Estoy destrozado.

martes, octubre 30, 2007

O Courel


Ya teníamos ganas, desde hace tiempo, de hacer una camiñada por el Caurel, la zona más recóndita de las montañas luguesas. Elproblema, como siempre, la falta de tiempo. No sé cómo ha sucedido pero en la misma semana hemos tenido dos oportunidades para cumplir ese deseo antíguo. La delegación de Deportes de la Universidad ha organizado un fin de semana de senderismo. Y unos amigos nos proponen hacer un fin de semana de amigos en una casa rural de la zona con caminadas incluidas. Cualquiera de las dos eran propuestas muy atractivas pero, obviamente, aceptamos la segunda. Y allí nos fuimos 4 matrimonios amigos a los que ya hacía tiempo que no veíamos. Una gozada.

La casa rural donde nos quedamos esa noche fue otro puntazo. Al final, estábamos nosotros solos y nos aprovechamos de esa disponibilidad. A la luz de una buena lumbre (fuera hacía yaun frío del carajo), armamos un follón considerable entre roncito y roncito.

O Caurel es, sobre todo, la Galicia profunda. Una zona silvestre, llena de mágia y de encantos naturales. El sitio ideal para encontrarte con una naturaleza exhuberante y, por momentos, absolutamente cautivadora. El cruzarte con riachuelos salvajes, con soutos de robles centenarios, con plantas autóctonas de diversos tipos resulta muy atractivo. Vas de sorpresa en sorpresa y, a medida que te van internando cada vez más en el juego de valles y sombras se va serenando tu espíritu y te sientes cada vez más integrado en el ecosistema. Para quienes hemos nacido o vivido en zonas rurales con mucho monte es como recuperar esa parte bucólica y ecológica que uno lleva dentro.

Y lo que son las cosas. Durante todo el sábado estuvimos prácticamente sin cobertura telefónica. Los móviles no funcionaban. Comenzaron a funcionar al anochecer, una vez ya en Triacastela. Y comenzaron a llegar las malas noticias. A uno de los amigos le murió una tía esa tarde. Y a nosotros una prima de Elvira. Así que fue visto y no visto. El domingo, otra vez a volver a la realidad, a la más cruda de todas. Así que, por esta vez, el sabor del Caurel va a ser sólo agridulce.

viernes, octubre 26, 2007

Palabras con eco.


Es curioso esto del blog. Uno no tiene un listado de temas sobre los que escribir pero, de pronto, te aparece en la cabeza una idea que te va rondando durante un tiempo. Y, a veces, se instala allí como esperando que tengas la oportunidad y las ganas de sacarla a la luz. A veces no te apetece porque resulta inoportuna o fácil de malinterpretar o difícil de contar. Pero da lo mismo, se queda ahí echando raíces y protestando por salir, como si fueran las contracciones para el parto. Una lata.
Una de esas ideas latosas que lleva un tiempo en mi cabeza, tiene que ver con este asunto del eco de las palabras. Porque, efectivamente, hay palabras, situaciones, conversaciones que no pasan, se quedan. Eso de que “las palabras vuelan” (verba volant, que decían los latinos), al menos en mí, no funciona. Y tampoco en otras personas, por lo que he podido ver. Algunas sí que vuelan. Duran lo que dura la conversación. Pero otras quedan ahí, dando vueltas, como si fuera una mala digestión y la mente tuviera dificultades para digerirlas.
Es cierto que eso sucede tanto con momentos felices como infelices. También recurrimos una y otra vez a regodearnos en las satisfacciones vividas. Para disfrutarlas repetidamente. Es una forma de alimentar los sentimientos positivos, las ganas de volver a estar con la gente con que los viviste. Eso es magnífico y creo que sea un indicador de felicidad.
Pero lo jorobado es cuando se te instalan ahí ecos negativos: palabras que no debiste decir o palabras que te hirieron, situaciones que fueron mal, momentos dolorosos. Son como gremlins malos que van hurgando las heridas y pervirtiéndolo todo (algún día hablaré de los gremlis, se la tengo jurada) y si dejas pasar el tiempo sin hacer nada las cosas no hacen sino empeorar. Son como moscas cojoneras que no dejan de jorobar. Incluso los momentos felices se convierten en infelices. Y las heridas no cicatrizan.
Son los ecos. Es curioso cómo lo que eran sólo palabras acaban convirtiéndose en lanzas. ¡Qué suerte tiene la gente invulnerable a esas perturbaciones! Cada día (o cada noche) resetean su espíritu y amanecen felices. Dispuestos a pasar página y a afrontar cada momento como si fuera un nuevo episodio. Yo los envidio. Pero, claro, solo si les pasa eso con los ecos negativos. Por nada del mundo quisiera perder los ecos positivos. De hecho, ellos son los que me mantiene vivo.

lunes, octubre 22, 2007

La Salo

Ya es 22 de Octubre (y no 19 ó 20, que hay que ver cómo sois, queno es lo mismo). Santa Salomé en el calendario. Y fiesta grande en casa de los zabalza-beraza, aunque la mayor parte de nosotros tengamos que celebrarlo desde lejos. Pues nada, mami, muchas felicidades. De mi parte y de la de los que no podrán pasarse por casa, aunque todos te llamaremos por teléfono, por supuesto.
79 años (quisimos quitarle 10, así por arte de magia pero ella no quiso). Dice que al calendario no se le engaña. A ella le gusta decir que bastante bien está para los trajines que se ha traído desde siempre. Y tiene que ser verdad a la fuerza. Criar a 7 hijos en tiempos difíciles sólo es tarea que podían asumir las madres de antes. Porque le echaban mucha fe y muchos huevos. Ahora nos desbordaría una décima parte de aquello.
Y es verdad. Yo que soy el mayor la recuerdo bien yendo a lavar la ropa al río (no me extraña que luego nos riñera tanto cada vez que nos manchábamos, cosa que sucedía irremediablemente), atendiendo las mil tareas de la casa y los animales de los que nos alimentábamos. Y pariendo. Tarea a la que se entregaba con una regularidad bianual pasmosa (aunque yo estaba convencido de que mis hermanos llegaban en el pico de las cigüeñas; y hasta hubiera jurado que vi una de ellas merodeando por el pueblo cuando nació en casa mi hermano Ramón). Por aquella época no hacían mucha falta los gimnasios ni los spa para mantenerse en forma. Ya nos encargábamos los hijos de que hicieran ejercicio y de que no les quedara ni un solo músculo en reposo.
De todas formas la Salo es Beraza y, por tanto, tozuda. Eso la ha ido manteniendo siempre en una línea muy suya de hacer las cosas. Así pudo sobrevivir a los tiempos difíciles y acomodarse a a tiempos de mayor bonanza. Y ahí sigue, ejerciendo de madre y de punto de apoyo para todos. Ahora con trabajos duplicados con hijos y nietos y bisnietos. Pero ni siquiera con tantos años y con tanto árbol genealógico a sus pies ha perdido su coraje ni ha disminuido su presencia. Sigue siendo generosa hasta el extremo (menos en el chinchón, claro). A ella acudimos para que nos informe de los cumpleaños, ella nos da instrucciones sobre trucos domésticos y sigue ofreciéndonos su particular forma de ver la vida y las relaciones por si nos puede servir. Aunque quizás ahora se le escapen más los matices, sigue siendo una extraordinaria cocinera y es dicícil encontrar una ensalada mejor que la que ella nos prepara, o un guiso más gustoso o un postre que dure menos sobre la mesa. El papá tiene razón cuando dice que no come en ningún lado como en casa. Eso sí, hace trampa con la sal y el vinagre. Y además, nos gana a las cartas.
Bueno mami, muchas felicidades. Que pases un día estupendo. Tus hijos, los de ahí y los de fuera, aunque ya lo celebramos el sábado, volveremos hoy a pensar en ti y a emocionarnos pensando lo mucho que hemos vivido juntos, lo mucho que te debemos y lo mucho que te necesitamos. Y te repetiremos, cada uno a su manera, lo mucho que te queremos. Un beso muy fuerte., mamá.

Los celos de nuevo.


No conozco mejor sistema de ir relajando la mente que escribir. Es como cuando se abre el pichorrito de las ollas exprés y comienza a salir el vapor contenido en su interior. Y lo va haciendo poco a poco. De forma ruidosa a veces, pero poco a poco. Claro que hay otras formas interesantes para relajarse, pero me refiero a la cabeza y sus torbellinos. Por eso inicié este blog con el doble objetivo de disfrutar escribiendo y de abrir un pequeño aliviadero a las muchas tensiones que mi cabeza acumula. Lo estoy logrando solo a medias. No es fácil encontrar tiempos libres para escribir, ni es posible escribir sobre todo lo que uno quisiera. Pero algo es algo. Y cuando pasan días sin poder hacer una entrada (esta semana, por ejemplo), lo noto.

Ha sido un fin de semana viajero (1600 kms. en dos días) pero muy intenso. Viajar a Pamplona y reunirse con la familia se va convirtiendo en una necesidad vital. Como un chute de “sentimiento de pertenencia”. Y cuando uno vive lejos, la necesidad se hace aún mayor. El caso que nos fuimos a Pamplona y allí reviví, una vez más, el rito mágico de abrazar a mis padres y hermanos, compartir con ellos una comida y perder al mus. Y eso alimenta el espíritu. Y te da energías como para continuar otro mes en los trajines académicos y otras peleas interiores.

De regreso, aún nos dio tiempo a recalar en los restos del San Froilán lugués y saborear el pulpo en las casetas. Y, ya en Santiago, no perdernos el cine semanal.

Esta semana, la opción natural era ver Orfanato, pero ante las dudas, optamos al final por Fracture de Gregory Hoblit. Ya había oído y leído algunos comentarios y, en todo caso, entendí que Hopkins (al que por cierto encontramos muy mayor) no aceptaría participar en una película mediocre. Y así fué. La peli está muy bien. El guión es magnífico y tanto Hopkins como Gosling hacen un trabajo magnífico.

De todas formas, la temática y la estructura de la película es muy similar a la que comentaba la semana pasado (La Huella). También en esta ocasión es un gran duelo de inteligencias entre dos actores. También estamos ante un tema de celos (señor mayor casado con señora joven que le engaña con otro señor joven, situación que destruye internamente al primero que se intenta vengar destruyendo físicamente a los amantes). Si en La Huella, Michael Caine no deja traslucir su batalla interior porque la oculta tras el telón de un lenguaje muy racional, en Fracture es la pose de seguridad perversa tras la que se parapeta Hopkins la que sitúa en zona de sombra todo su mundo interior. Una pena en ambos casos. Una gran película, en todo caso. Demasiado americana en su concepción pero te hace pasar un rato agradable. Y además gana el bueno.
Y como estamos en la semana de la caza todo acabó frente a una, sólo regular, perdiz a la cazadora.

domingo, octubre 14, 2007

De celos y huellas.


Pasar de Nueva York a Orazo en solo 4 días es, a todas luces, un salto excesivo. Pero ha resultado muy tranquilizador. El puente del Pilar ha significado una transición amable entre el vértigo de sensaciones y la relajación higiénica de una casa rural gallega. Creo que las casas rurales de esta zona estaban casi llenas de gente que buscaban esa misma paz. Con la ventaja añadida de liberarnos del nefasto botellón (6.000 chavales desmadrándose debajo justo de casa, ¡imposible de soportar!).
Bueno, pues eso, un estupendo fin de semana, muy paseado, generoso en afectos y otros disfrutes. Y mañana a comenzar de nuevo. Un nuevo ciclo. Hasta que llegue el siguiente puente que se anuncia estupendo.
Claro, que con puente o sin él, las buenas tradiciones no deben decaer. Y hoy hemos ido al cine. Para ver La Huella de Kenneth Branagh, una réplica de la famosa película del mismo nombre dirigida por Joseph L. Mankiewicz en 1972. En realidad es un duelo entre dos actores, uno mayor y uno joven. En la versión de Mankiewicz actuaban Lawrence Oliver que hacía de mayor y Michael Caine que hacía de joven. En la versión actual, es Caine quien hace de mayor y Jude Law que hace de joven. El nuevo guión se lo han encomendado al premio nobel Harold Pinter, quien según parece ha introducido modificaciones importantes sobre la versión original (el juego final en torno a la homosexualidad).
En fin, la película es muy interesante en todos sus apartados. El movimiento de las cámaras sorprende mucho al principio pues se llena de picados y contrapicados, de planos imposibles. En realidad, es como si hubiera muchas cámaras (de hecho todo sucede en una casa con infinitas cámaras vigilándolo todo) y las imágenes fueran saltando de una a otra. Pero lo mejor de todo es el guión. Un guión perfecto, chocante, violento a veces y suave otras. No siempre resulta convincente (Law sobreactúa mucho) pero te atrapa. Se nota que proviene de una obra de teatro. Sólo aparecen los dos actores pero está todo tan bien trenzado que no decae la tensión nunca.
Y el tema, los celos. Los celos de una persona mayor que pierde a su mujer (no se dice, pero todo hace suponer que ella es joven). La pierde porque ella se lía con un chico joven. Y eso lo mata de celos. Ni siquiera su fama, su dinero, su status privilegiado o su inteligencia superior le libra de sentir esa pérdida como algo que lo destruye por dentro. Por eso cuando el nuevo lío de su esposa (todo lo contrario que él, pobre, sin trabajo fijo, sin futuro, pero joven) viene a pedirle que le conceda a ésta el divorcio se inicia una lucha interior en él por conquistarla. Para eso tiene que destruir al nuevo amante y cree que con su inteligencia no le será difícil. Y ahí está el duelo donde cada uno va ganando diversos sets.
La trama es tan compleja, tan basada en juegos de destrucción, que uno se queda pendiente de lo que se dice y de lo que sucede, del cruce de flechas entre los contendientes. Al final, pendiente de lo visible. Pero se pierde la parte interior, el drama personal que el esposo abandonado vive. Los celos son siempre un drama interior, algo que te consume por dentro y te va destruyendo y ahí es donde se produce la batalla intensa. Durante las peleas verbales las armas del joven van a atacar donde más duele: tu esposa me ha dicho que eres nulo en la cama; que eres absorbente, cruel, inmaduro; que prefiere estar conmigo… Pero, el escritor Caine maduro y abandonado, demasiado volcado en su oratoria simula no recibir los golpes. En la vida no sería así. Vamos, creo yo. Sólo los celosos saben lo puñeteros que son los celos. Que me lo digan a mi.

viernes, octubre 12, 2007

Los regresos

Ya me doy cuenta que este blog parece, a veces, un diario de viajes. Muchas entradas están hechas en los aeropuertos. Eso me dice mi hermana, “sabemos dónde estás por el blog, porque ya ni te da tiempo de contarnos tus planes”. ¡Qué le vamos a hacer!, así es esta vida ajetreada.
Bueno, pues ya estoy de nuevo en casa.
Hoy me apetece hablar, justamente, de eso, del regreso, de los que te esperan y te acogen una y otra vez con indescriptible paciencia. Porque yo sé por experiencia lo duro que es viajar (¡que me lo cuenten a mí!) pero calculo que todavía es mucho más difícil quedarse y aceptar con resignación que tu pareja, tu padre o tu amigo se vaya. Y si eso se repite mucho, la cosa se debe poner aún más difícil.Yo creo que llevaría bastante peor el quedarme que el viajar.
Me imagino que quienes se quedan deben vivir con intensidad las ausencias. Y necesitarán elaborar sus propias hipótesis mentales de por qué el otro o la otra sale tanto. Tendrán dudas, celos, ansiedad de no saber de ti, frustración por la ausencia. “No te entiendo, papá, suele decirme mi hija, ¿qué necesidad tienes tú de viajar tanto? ¿Qué sacas en limpio de tanto viaje?” Recuerdo que hace ya años, cuando ella debía tener 12 ó 13, yo estaba haciendo un curso en Inglaterra y me escribió una carta tremenda recriminándome por una ausencia tan larga. Me pasé la tarde llorando. A la soledad y desconsuelo que uno siente cuando viaja se añade así el pensar en las personas que “abandonas”.
Pero esta entrada no quiere ser en absoluto triste. Todo lo contrario. No sé qué les pasa a los demás y cómo viven los regresos. Calculo que cada pareja o cada familia lo hará a su manera. Yo he tenido mucha suerte, la verdad. Es una felicidad que te echen de menos cuando estás fuera y llegar a casa y que te estén esperando con ganas de estar contigo, de vivir intensamente la presencia recuperada. Es como ese referente estable y acogedor al que uno siempre regresa. Vas de unos lugares a otros, vives sensaciones muy diferentes, lo pasas bien y lo pasas mal, conoces a gentes, haces cosas, te ries o lloras, pero al final siempre regresas. Y, cuando eso sucede, sientes que has llegado de nuevo a tu espacio, a tu casa, a tu gente. Y aunque el jet lag te amargue los primeros días, te sientes bien. ¿No es magnífico? Toda el sentimiento de provisionalidad que introduce en tu espíritu el viajar, el andar de un lado para otro, el depender de tantos factores imprevisibles encuentra sosiego en el regreso. Y eso solo es posible porque ahí están, pacientes y generosos, los que esperan. Gracias, Elvira.

La noche es nuestra

Fin de semana sin mucho que comentar (salvo que ganó el Osasuna y, eso, a estas alturas es casi como que te toque la lotería). No sabría decir si eso es bueno o malo (lo de que haya poco que comentar, lo del fútbol, por supuesto, es magnífico). Como tuvimos visita de la señora migraña (la puñetera le da por presentarse los sábados, sólo por joder), hubimos de reconfigurar nuestros planes y disponernos a un par de días hogareños. Por otra parte, también apetecía algo así pues al otro lado de la ventana caía el diluvio universal. ¡Qué granizada espectacular, el domingo por la mañana!. En 10 minutos quedó la calle blanca como si hubiera nevado, y los coches aparcados en la acera no gritaban por puro pundonor ante la pedregada que se les vino encima. Hasta las gaviotas se fueron a refugiar en los aleros y los portales.
Pues eso.Un fin de semana un poco atípico, pero agradable. Eso sí, yo que era el sobreviviente no prescindí de mi paseo a la veira del mar: extraordinario de puro salvaje estaba el sábado. Y, por supuesto, me di una panzada de cine doméstico. Aproveché para ver “La muerte de Jesse James” (que estuvo bien, pero pertenece a ese estilo de cine lento y duro que te deja desazonado) y “Juegos Secretos”, película muy interesante y actual (sobre el tema de la pederastia, lo que quedaba bien reflejado en el título inglés: “Little Children” y muy confuso en el español) y que te mantiene en tensión. Además trata muy bien el tema, mostrando cuanto tiene de tópico y de contradicciones.

Pero la peli del fin de semana, la oficial, ésa de ir al cine y sentarte en tu butacón y tragarte tres o cuatro juramentos contra los indeseables de las filas de al lado que comen ruidosamente sus palomitas, ésa fue “La noche es nuestra”. Hacía sólo dos días que se había estrenado en España. Creo que nunca había estado tan actualizado en cuanto al cine. Además, eso de comprobar que ya has visto todas las buenas películas en cartel (las que tenemos en Santiago, que tampoco es para echar las campanas al vuelo) te sube la moral.

Pues lo dicho, allá nos fuimos a “La noche es nuestra”, peli de James Gray que cuenta una historia policíaca relacionada con la droga y las mafias rusas. La protagonizan dos hermanos, uno de ellos policía de prestigio Joseph (Mark Wahlberg) y el otro Bobby (Joaquin Phoenix) una especie de vivalavirgen que dirige una sala de fiestas de moda en la que corre la coca y otras diversiones poco legales a discreción. Ambos constituyen una especie de dicotomía fraterna (el bueno y el malo), que su padre, otro policía al mando de la Comisaría, se esfuerza en resaltar siempre que puede. Lo que pasa es que como es habitual el malo tiene una novia espectacular (y aquí cualquier adjetivo que pudiera utilizar se quedaría corto, ¡qué tía!). Pues nada, entre ellos 4 y unos cuantos malos de las mafias rusas de la droga, se construye una historia con muchos frentes y con lecturas muy diversas. Según me he podido enterar ése es el estilo que le gusta emplear a Gray cuando construye sus thriller: bucear dentro de los personajes para intentar explorar sus emociones. Así se combina bien la acción externa propia de estas películas con la movida interna que vive cada uno de sus personajes. Y, en ese sentido, es una película memorable. Y te mete mucho en la historia.

Al final, con lo que te quedas es con una hermosa y dramática historia de amor fraterno. Daba la impresión al inicio de la historia que ambos estaban en posiciones irreconciliables, que se despreciaban como hermanos y que no tenían nada en común. La situación era aún más dramática para Bobby pues, en su caso, incluso tenía en contra a su padre. Pero los acontecimiento se precipitan y los sentimientos, los más profundos van apareciendo. Y los hermanos son hermanos y acaban en perfecta comunión. Y el padre es el padre. Y ese cariño (con momentos verdaderamente dramáticos, en los que resulta imposible evitar las lágrimas) acaba impregnándolo todo.

Lo dicho, un canto a la familia y al poder transformador de sus vínculos. Un canto a Nueva York, sobre todo en sus barrios bajos pero también en sus zonas de lujo (creo que el equipo de la película pasó los 10 meses del rodaje en los barrios más conflictivos para contagiarse del particular elan vital que transmiten esas zonas). Mucha lucha entre buenos y malos (los malos que, con frecuencia, además de malos son bastante tontos pues los sorprenden con facilidad). Y en medio de todo ese fregao de sentimientos y tiros, las curvas infinitas de Amanda (Eva Mendes) que, ya desde el inicio del film (por cierto, vaya comienzo en plan “chicos pónganse las pilas que esto va a ponerse duro”) te transportan a otros sueños menos agresivos pero no menos intensos.

jueves, octubre 11, 2007


Y tras Nueva York, Pensacola. Aprovecho que estoy en el aeropuerto JFK de NY (aqui me he tenido que chupar casi toda la tarde por una mala combinacion de vuelos) y tratare de contar el decurso de estos dias (con un ordenador ingles, como se puede ver, sin acentos). Bueno, ya se que deje pendiente la parte personal del viaje a NY pero resulta demasiado complicado para un blog. Quizas otro dia hable de ello.
El caso es que, tras NY, mi destino era Pensacola, una pequena ciudad de Florida. Creo que me dijeron que fue la primera ciudad que se fundo en EEUU cuando los espanoles pasaron desde la Republica Dominicada a territorio americano. Pero fue destruida varias veces por los huracanes (esta en pleno territorio de huracanes y ede facto le afecto muchisimo el Katrina) y ha quedado como una ciudad pequena y muy especializada en cuestiones militares. Pequena y aburrida pero preciosa. El lugar es realmente paradisiaco, en pleno golfo de Mejico, lleno de mar y playas y con un juego de bahias espectacular. Visto desde el avion resulta alucinante.
He venido a Pensacola de visita a un Instituto de Investigacion IHMC (Institute of Human and Machine Cognition), los mayores especialistas en mapas conceptuales que colaboran con nosotros en un proyecto de investigacion. Esta aqui haciendo un stage de trabajo Maria Muradas y ello ha sido motivo mas que suficiente para aprovechar la oportunidad de conocer el instituto y la zona con su ayuda.
Tan mal organizado lo tenia todo (sigue siendo mi viaje desastre) que uno de los dias previstos para la visita era fiesta oficial (por algo relacionado con Colon, justamente). Pero como no hay mal que por bien no venga, Maria me llevo a Nueva Orleans. Dos horas y pico de viaje en coche para visitar la ciudad mitica del jazz y de los desastres de los ultimos huracanes y tsunamis. Me gusto mucho la ciudad (el barrio frances, que es lo que vimos). Muchisimas antiguedades, casas preciosas de estilo frances (que yo discutia que tenian mas de estilo andaluz, por los balcones y las flores) y una ciudad convaleciente, en la que se notan mucho los esfuerzos, todavia incipientes, por recuperarse de la ultima tragedia.
Ayer fue el dia de trabajo en el Instituto. Dia de conocer los diversos ambitos en los que alli se investiga y se elaboran productos. Fue agotador (eso de mantener reuniones en ingles americano es duro) pero interesantisimo. La verdad es que para quienes estamos acostumbrados a las universidades publicas espanolas, es como entrar en otro mundo. Alli se trabaja por objetivos, la gente tiene que elaborar productos que tengan un valor de mercado y todos estan sujetos a un proceso que debe resultar efectivo. Me parece realmente interesante. Y, mas aun, pudiendo constatar que son muy buenos.
Y hoy de nuevo de viaje. Sigo el guion del "desastre" con un plan de viaje desquiciado: tuve que levantarme a las 4 de la manana para tomar el vuelo a NY y he perdido toda la santa tarde en el aeropuerto JFK a la espera de que a las 21 salga el vuelo a Espana (y eso que yo estaba aqui a las tres de la tarde y salia un avion a Madrid a las 6, pero no, el mio no sale hasta las 9, que desastre!).
Dare por bueno todo cuando tome el avion. No recuerdo un viaje en el que hubiera tenido tantas ganas de regresar. Espero que el avion no venga con retraso.

lunes, octubre 08, 2007

New York


Ya había bautizado a este viaje, antes de iniciarlo, como viaje “desastre” y no hay peor cosa que hacer una cosa así porque después la profecía se cumple. Pero en fín llegué a Nueva York con muchas ilusiones y con un ansia enorme de vivir mi estancia allí “a tope”. Y me encontré a Nueva York. Y me encontré conmigo mismo. Mucho encuentro para tres días intensos.

Ya sé que al regreso todo el mundo me va a preguntar qué me ha parecido NY. La pregunta correcta, en mi caso, no sería esa sino cómo he vivido Nueva York, pero claro, eso a los demás les importa un carajo.

Mi sensación más fuerte de NY es que es una ciudad inmensa construida en vertical. Estás siempre mirando hacia arriba. Supongo que para los ideólogos medievales de las construcciones religiosas sería una ciudad ideal. Pasarse el día entero mirando hacia el cielo, admirando las enormes construcciones que son capaces de hacer los hombres y su técnica (ayudados por Dios, añadirían ellos, supongo). Y la verdad es que vas de oh! en oh! porque cada una es más arriesgada, más alta, más esbelta. Así que hay una NY hacia arriba de la que no puedes sino admirarte. Pero, al final es siempre lo mismo y ya te cansas y te duele el cuello. Y eso, que esa NY de las alturas tiene diversas lecturas. A míme habría gustado oir los comentarios de algún arquitecto o urbanista que seguramente me habría hecho descubrir cosas en las que yo ni me fijaba. Pero mi mala suerte fue que el guía que llevábamos sólo estaba interesado en qué famoso vivía en cada torre y cuánto costaban los apartamentos que tenían. Así que nos pasamos el tour enterándonos de las direcciones de los famosos y de las enormes cantidades que gastaban en vivienda. Daba la impresión que sus fuentes bibliográficas no superaban la versión americana del Hola.

La NY de abajo, de a pie de calle es más admirable. Aunque a veces vamos a los sitios más por los edificios que por la gente, sigo prefiriendo más ver gente que edificios.Y en eso NY es espectacular. Mi hotel estaba tocando al Rockefeller Center, en plena 5ª avenida, así que la gente con la que tropezaba era casi siempre gente guapa. Pero como también anduve mucho por toda la ciudad (una de las tardes recorrí a pie la calle Broadway de abajo arriba y eso debe ser muchísimo) la imagen que tengo es bastante polícroma. Claro que la zona del hotel estaba lena de limusinas impresionantes. A veces tres y cuatro aparcadas en la salida de algún hotel de la zona. Otras veces circulando por las calles casi en caravana. Una pasada. Y junto a eso mucha policía. La primera noche fue todo un espectáculo ver unos treinta coches de policía todos con las luces y las sirenas dadas ocupando toda una calle lateral del Empire State. La quinta avenida y las tiendas esas de ricos estaban preciosas y sugerentes, aunque uno las veía tan lejos de su mundo que solo entré en varias de ellas (Tiffanys, Cartiers, las tiendas de moda, etc) para mejorar mi nivel de humildad. Cruzar el Soho, Chinatown, la zona judía o la pequeña italia, fue menos espectacular, pero también muy interesante.
Me defraudó la zona cero. Quizás porque está en obras y la tienen cerrada. Pero han dado tanta importancia a esa fecha, fue un desastre humano tan grande que llama la atención lo poco expresivos que han sido a la hora de construir un memorial de recuerdo,aunque sea provisional. Creo que los edificios que están construyendo van a ser espectaculares. ¡Qué diferencia con el estilo de recuerdo de los ingleses con Lady Di, y eso que ella fue solo una persona.
Bueno pues esto fue mi NY físico. Mañana me referiré al personal. A las vivencias.

jueves, octubre 04, 2007

Las conversaciones


Mientras espero, otra vez, en la T4 a que llamen para embarcar, voy a aprovechar para dar continuidad al blog. Entre unas cosas y otras, se hace difícil encontrar esos huecos propicios que te permitan iniciar la tarea. Y luego, que coincida con que en ese momento tienes algo que decir. La inspiración se lleva mal con la gripe y los agobios de inicio de curso. Pero en esto de los vuelos he encontrado una terapia estupenda. Da lo mismo lo que tú te apures o la prisa que tengas. Los bloques de tiempo son lo que son y los aviones no han de salir antes de lo programado. Más bien lo contrario, tienden a retrasarse (el de hoy algo más de media hora). Así que lo mejor es armarse de paciencia y disfrutar, si puedes. Y en eso el blog me echa una manita.


He titulado esta entrada como "las conversaciones", porque de un tiempo a esta parte estoy asombrado de los particulares giros que dan las conversaciones. No sé qué me pasa, quizás sea la edad, pero cada vez me veo más metido en procesos de comunicación que se sorprender por los derroteros que acaban tomando. Casi siempre muy lejos de donde a mí me hubiera gustado llegar y sin nada que ver con los propósitos que uno tenía cuando comenzó. Y es terrible, la verdad. Desespera ver que siendo que tú querías agradecer algo a alguien o mostrarle tu aprecio, la puñetera conversación vaya tomando curvas inesperadas y acabes, al final, discutiendo.

Yo les explico a mis alumnos, al hablar de comunicación, que esos procesos se ven afectados por el principio de la "equifinalidad". Se sabe por donde se empieza pero es difícil anticipar cómo va a acabar. Y que la forma en que un proceso comunicacional acaba no suele tener mucho que ver con cómo empezó. Esa indefinición es especialmente observable en las conversaciones. Uno empieza la conversación en un tono particular, pero a medida que va avanzando la interacción todo va modificándose y puedes acabar en posiciones absolutamente inesperadas. Y no queridas, por supuesto.


Por supuesto, eso es algo fácil de entender desde el punto de vista teórico, pero es asombroso poderlo ver en la práctica. Y sobre todo si aparece en tu propia práctica. Personalmente estoy asombrado del descubrimiento. Al principio lo vivía como un imponderable. De pronto te veías, sin saber cómo, en medio de una discusión que había nacido de una conversación cariñosa. Era como si la conversación tuviera vida propia y siguiera un curso errático al margen de la voluntad de quienes hablan. Lo que me llama la atención ahora es que soy capaz de ver cuándo el proceso está tomando otro giro y va variando el contenido y el tono del intercambio. No sé si es malo o bueno. Al final te agobia el darte cuenta por anticipado de por dónde van a ir las cosas, sobre todo cuando no puedes hacer nada para evitarlo. Es como si salieras de tí mismo, te elevaras un poco y fueras capaz de analizar desde arriba el particular intercambio que se está produciendo entre tu mismo y la otra persona con la que hablas.


Es realmente curioso y tiene que ver, creo yo, con los distintos componentes (descripticos, conativos, emocionales) que en cada momento de la conversación están presentes en el intercambio. Si cada uno de ellos pudiera representarse por un color (como suele suceder con las intensidades en los aparatos de sonido) sería fácil de observar cuando una conversación que era solo descriptiva (se intercambiaba información) cambia progresivamente de color y empieza a tomar un cariz mucho más emocional. Va cambiando el tono, la actitud de quienes dialogan y hasta los propios contenidos de la conversación. Y lo que comenzó en un contexto neutral va cargándose de emociones, con todo lo que eso trae consigo de pérdida de la racionalidad, de emergencia de demandas o reproches. En fin, la discusión clásica.


Lo dicho, estaría muy bien poder patentar algún tipo de scanner de conversaciones que no sólo las grabara (eso está chupado) sino que hiciera sonar una especie de pitido suave cuando la conversación comenzara a cambiar de tono para encaminarse hacia barrancos peligrosos. El problema sería que haces cuando escuchas el pitillo, porque como se te ocurra decir que "bueno, ya vale, cambiemos de tema", la has jorobado. Entonces sí que tienes la discusión asegurada.

martes, octubre 02, 2007

The last kiss


Un fin de semana tranquilo, pasado por agua. Intenso de emociones (por aquello de San Miguel) y con algunas ansiedades anticipadas pues el lunes ha comenzado el curso y el jueves viajo por primera vez a los USA. Pero, con todo y con eso, no hemos dejado nuestra rutina cinéfila y allá nos fuimos a ver The last kiss.
Por lo que he podido saber después, esta película de Tony Goldwin es un remake de otra italiana L’último bacio y según algunos comentaristas bastante peor que el original, aunque el guión esté firmado por Paul Haggis el de “Million Dollar Baby”.. Pero a mí me da lo mismo porque no vi la primera y porque la segunda, con todos sus defectos, se deja ver. Y como trata de relaciones de pareja y de psicología, pues miel sobre ojuelas.
La verdad es que se trata de una película curiosa en la que el tema o la historia que cuenta desborda, con mucho, la propia película.Te pasas los 90 minutos identificándote y desidentificándote con los actores y actrices. Leyendo tu propia vida a la luz de los comportamientos y elucubraciones que van apareciendo en pantalla.
En realidad, este último beso tiene que ver con cómo los hombres viven su relación de pareja (6 parejas aparecen en el film). Parejas que se encuentran en diversos momentos de su desarrollo. Y la primera conclusión es que todos lo hacen mal. De ahí, seguramente, el título. Uno no consigue superar el sexo por el sexo en sus relaciones, otro anda enloquecido desde que rompió con su chica, otro está desbordado por el mal humor y las exigencias de su esposa tras tener el primer hijo y otro, que casi pasa desapercibido, simplemente se casa. El protagonista que tiene, y él lo cree, una novia maravillosa no consigue superar su miedos y acaba sucumbiendo a la seducción de una lolita morena y desinhibida para redimirse de lo cual ha de pasar más trabajos y penalidades que Hércules.
Un periodista americano del Empire que comenta la película en los foros de internet (le da 4 puntos sobre 5) dice de ella que está "Dirigida a una audiencia con inteligencia emocional, se eleva muy por encima de las usuales comedias-dramas románticos. Pero si tiene previsto verla con su pareja, un aviso: el film puede que les invite a incómodas discusiones tras su visión...” Lo de la inteligencia emocional superior, da un poco de risa. Pero lo de las discusiones de pareja es verdad.
A mí me llamó mucho la atención cómo sobre estos jóvenes treintañeros se cernía un temor inconcreto (son los que más daño hacen) con respecto al futuro. El protagonista del film (Zach Braff) lo tiene clavado en el pecho, no puede aceptar que su vida esté ya guionizada, que una vez que entra en la rueda (trabajo, casamiento, hijos, vacaciones familiares, etc.) todo sea previsible en su vida. Ya no habrá novedades, ya no hay cambios posibles. He visto ese mismo sentimiento en muchos jóvenes, incluidos mis propios hijos. Es como si sintieran la necesidad de hacer cosas, muchas cosas, antes de que su vida se cierre en el círculo de la cotidianeidad. De hecho, dos de los protagonistas hacen esa huida hacia delante y se van en una caravana a tierra del fuego (“si no lo haces ahora, ya no podrás hacerlo nunca”, le dice uno de ellos al otro)
Yo creo que mi generación no sentía ese temor. Al menos a esa edad. Éramos más decididos, más seguros en nuestras propias fuerzas. La crisis venía después, a medida que ibas cumpliendo años. A los 45 ó 50 sí comienzan las dudas: si no me separo ahora ya no podré hacerlo, será tarde; si no cambio de trabajo pronto ya me veo condenado a seguir siempre aquí; si no hago algo novedoso y distinto se me va a comer la rutina. Algunos, sienten tanta presión en esa fase que rompen con todo y buscan iniciar otra nueva vida. Quizás como una fantasía de rejuvenecimiento.
Es curioso ese miedo generacional a que el guión de tu vida esté ya escrito. Es como si te pusieran una esposas (justamente eso es lo que algunos de ellos sentían con sus mujeres, que dejaran de ser sus chicas para convertirse en sus esposas). A veces pensamos que esta condición de provisionalidad que marca hoy en día todo, es como una espada de Damocles que pende sobre las biografías de nuestros jóvenes. Pero se ha hechoalgo cultural, ha entrado dentro de ellos. Se han acostumbrado tanto a lo provisional que se acaba teniendo pánico a lo estable y permanente.

Por lo demás, me pareció mejor dibujado el papel de los hombres que el de las mujeres (o vacías, o histéricas o excesivamente justicieras). Y, por supuesto, no podía faltar la moralina americana: echar un polvo desregulado es un delito de lesa traición y con un castigo desmesurado. Curiosamente, dio mucha menos importancia el padre a la aventura sexual de su esposa que la hija a la de su novio. Mérito de la experiencia, supongo.