miércoles, febrero 18, 2026

LA TARTA DEL PRESIDENTE

 


Como uno no está ya para muchos disfraces de carnaval ni muchos desfiles (lo que no quita para que me den envidia las personas mayores que van disfrazadas y pasándoselo pipa, ¡quién tuviera ese ánimo!), aprovechamos el día de carnaval para ir al cine. Teníamos varías películas en la agenda: una era Tres adioses que ya la vimos hace unos días, la otra era La Tarta del Presidente que es la que vimos ayer
y nos queda en espera La niña zurda, que a ver si no nos la perdemos.

La tarta del presidente es una peli iraquí del 2025, dirigida por Hasan Hadi, que es, también, autor del guión. Este es su primer film y, en verdad, resulta prometedor. Del elenco de actores poco se puede decir (o poco puedo decir yo) pues todos son iraquíes o de aquel entorno. Llama la atención, eso sí, el impresionante papel que hace Lamia (Baneen Ahmad Nayyef) la niña protagonista y, también, su abuela Bibi (Waheed Thabet Khreibat) y su amigo Seed (Sajad Mohamad Qasem).

Se trata de una película sencilla, sin efectos especiales, con voluntad de describir la cotidianeidad sofocante de la vida en Irak en los tiempos de Sadam Husein. La fotografía está muy bien lograda, bella en los paisajes naturales (el lago donde viven es impresionante), descriptiva en la ciudad (las calles, los interiores, el mercado), analítica en los primeros planos (impresionantes el detalle rugoso de la cara de la abuela, la belleza expresiva la mirada de la niña, así como el desprecio en la figura y los gestos de los hombres displicentes y barrigudos). La música árabe que acompaña la acción es comedida y coherente con el contenido de las escenas. La hechura de la película es digna. No se trata de una coproducción hollywoodense, pero está muy bien si se analiza el contexto en el que surge.

La historia resulta imaginativa, aunque es fácil comprender, desde el inicio, de que lo que importa al director no es tanto contar una historia creíble, cuanto hacer una crítica global al régimen de Husein y para ello va haciendo transitar la acción por todos los ámbitos de la vida en Irak: la educación, la policía, la sanidad, la religión, la política en general. Todo es un desastre…

 Toda la película se mueve contraponiendo la ingenuidad contagiosa de Lamia y su amigo Seed con el desespero y mala leche de los adultos con que se van encontrando en su búsqueda de los componentes que necesitan para la tarta. Lamia es la vida y la esperanza, es la capacidad de sobrevivir en un ambiente adverso. Da gusto verla ir a la escuela sola en su canoa y moverse por el intrincado laberinto de la marisma. Ese es el mundo que conoce, en el que sabe moverse, en el que se siente libre. Por eso angustia tanto verla sola en la ciudad junto a su gallo Hindi y su amigo Seed. Allí todo le sobrepasa, su mirada, entre ilusionada y desesperada, delata su inquietud. Nuestra visión de adultos hace que veamos el peligro en cada comerciante que abordan, en cada callejón por el que se meten, en cada iniciativa que abordan. Pero incluso en esos casos se van librando. Ojalá esta chiquilla que se estrena como actriz en esta película, conserve esa capacidad artística que desarrolla aquí, porque puede llegar a ser una actriz enorme.

 Hadi cumple con su objetivo de poner al régimen de Husein de vuelta y media. Escoge el Irak de los años 90, agotado por las sanciones internacionales (que ya se ve que a quienes más afectan es sobre todo a los más débiles) y la presión militar de los EEUU. La presión exterior lleva a un culto hiperbólico al líder y a conductas sociales de restricciones y abusos por parte del sistema. Creo que la descripción de Hadi puede tener mucho de exageración. Mi experiencia con los árabes, incluso en aquellas épocas, no concuerda con esa descripción. Me resulta impensable que nadie se interesara por unos niños que deambulan solos por la calle, que nadie les ofreciera comida y apoyo. De hecho, podemos ver que el hombre que las recoge en su coche a ella y su abuela para ir a la ciudad, es después quien ayuda a su abuela y la atiende, quien insiste y gasta dinero para dar con ella. Eso me pega más que todo lo que Hadi se empeña en mostrar; algo que, de todas formas, tampoco puedo negar que fuera así.

De todas formas, la historia, por increíble que sea, te conmociona. En mi caso, educador al cabo, lo que más me dolió es ver cómo el miedo había penetrado en el alma de Lamia. No cumplir una orden absurda podía acarrearle desgracias enormes a ella o a su abuela. Y eso significaba que tenía que obedecer, costase lo que costase, incluso a costa de lo poco que tenía la abuela y de su propia vida. Que una niña de 10-11 años llegue a sentir eso es la peor maldad que un régimen político puede cometer.

 

 

 

 

 

jueves, febrero 12, 2026

TRES ADIOSES

 



Parece mentira, pero esta melancolía a la que te somete la secuencia interminable de días de lluvia, humedad y frío produce apatía y desgana. No te apetece salir de casa, no te ilusiona nada… ni siquiera el cine. Si por uno mismo fuera, te pasarías el día en casa y en bata. Pero, también eso, te hace sentir culpable porque ves que no puedes seguir así. La cosa es que, tras varias semanas sin ir al cine, al final nos hemos animado y hemos ido a la peli de Coixet, “Tres adioses”, directora que nos encanta.

Me asombró que el cine estaba a reventar, con una fila enorme para sacar la entrada y eso que habían habilitado otra fila para quienes ya traían la entrada de casa. Nunca había visto tanta afluencia en el cine. Pensé que no solo nosotros habíamos querido romper el bajón provocado por las lluvias y que muchos habían decidido reaccionar. Me alegró que así fuera. Después alguien me explicó que era el día del espectador y ya lo entendí mejor.

“Tres adioses” es una coproducción hispano italiana del año 2025, basada en la novela de de Michela Murguia (Tre ciotole: rituali per un anno di crisi. Mondadori 2023). La novela cuenta diez historias de personas que sufren diversos descalabros en su vida y esto le provoca un cambio radical en su existencia (un día te sientas a la mesa y la vida que conocías ya no existe, se dice en la novela). Y la forma de afrontarla requiere de un cambio profundo en tus expectativos. Los autores del guión (Enrico Audenino y la propia Coixet) han reducido las 10 historia a una sola, tomando aspectos que pertenecían a peripecias vitales distintas. Le han cambiado también el título, aunque en mi opinión, el original (tre ciotole = tres cuencos) de la novela resultaba más claro y pertinente.

 El elenco de autores es muy interesante, todos girando en torno a la artista Alba Rohrwacher. Y la acompañan Elio Germano, Silvia D’Amico, Francisco Carril y una larga lista de actores italianos. Me gustó mucho Alba Rohrwacher porque elabora un personaje con muchos perfiles, pero contenido en los gestos, sin aspavientos, algo que no logra hacer Elio Germano y que desluce un tanto su papel. Me gustó, también, Francisco Carril porque le otorga una simpatía y naturalidad notable a su figura. En el contexto de pesadumbre en que se mueve la película, Carril supone una pequeña luz de normalidad y esperanza.

Por lo demás, la película cuenta con todos los avales técnicos de los films de la Coixet: buena fotografía (un canto a la Roma del Trastevere), buena música, escenografía muy cuidada y un ritmo pausado que permite al espectador ir metiéndose en la historia y percatándose de los matices que están tras la evolución que va sufriendo cada personaje a lo largo del film. Y amalgamando todo eso, una estética deslumbrante: el ballet de los estorninos volando sobre Roma, el dramatismo de la paloma masacrada, el abrazo con su ex en el malecón, la tentación de suicidio en el puente sobre el Tíber…

Lo que nos cuenta Isabel Coixet es una historia compleja contada como a cámara lenta. Una historia con esa mirada que ahora se denomina “perspectiva de género” y que es un tipo de lectura que Coixet hace muy bien. Lógicamente, eso supone poner el foco en la mujer y su proceso interior y dejar en un margen nebuloso y dibujado con trazos gruesos a los hombres de sus historias. Pero eso ya es algo que esperas cuando vas a ver sus películas, al igual que esperas ver lo contrario en las de Eastwood, por ejemplo.

En este caso, comienza la historia con los protagonistas (Marta y Antonio) viviendo una discusión de pareja que parece anodida, pero que trae como consecuencia que el marido, un chef famoso, se va de casa y ella, profesora de Educación Física en un instituto de secundaria, inicia un periplo de desesperanza y ansiedad. Todos sus mundos comienzan a complicarse como si se hubiera roto la piedra angular que sostenía la armonía en su vida: no come, se siente mal, su trabajo se le va de las manos, su salud se complica, sus relaciones sociales se reducen a su familia. Es como si alguien le hubiera echado el mal de ojo, como si alguien la hubiera condenado a sufrir las plagas bíblicas. Solo le queda su bicicleta y sus pedaladas por la orilla del Tiber. Bueno, aparece también un profesor de literatura, joven y simpático, que la saluda y se hace encontradizo.

 Y en ese recorrido tortuoso, su salud se va deteriorando y para ella eso supone hacerse preguntas importantes con respecto a su propia existencia y el sentido de las cosas que se van sucediendo. Le preocupa cómo conciliar sus viejas fidelidades y su futuro incierto. La pregunta implícita, tanto en la novela como en la película, es cómo vivir la vida que nos toca vivir, sobre todo cuando ésta trae consigo momentos de crisis que te obligan a cambiar de vida para poder sobrevivir. El cerebro deja de funcionar desde su zona racional y planificada para hacerlo desde el instinto de supervivencia y las emociones primarias. Una forma de atravesar esa experiencia de crisis, señala Murgia en su novela, es responder a un desastre que no controlas con un desastre que sí controlas, porque lo has generado tú mismo. Sin llevar al límite esta tesis, Coixet lo aplica a la situación de Marta y es lo que a ella le va a salvar: recupera las cosas nimias de la vida que antes le encantaban (los tres cuencos, por ejemplo), comienza a disfrutar de la música, de sus pedaladas en la bici, del profesor simpático del instituto e incluso de su marido arrepentido. Eso no le salva de su destino, pero ella recupera el protagonismo con respecto a su vida e, incluso, con respecto todo lo que vendrá después. Al final, sí que son tres adioses (a su ex, a su coreano de cartón y al profe simpático), pero tranquilos, sin amargura, porque ella ya había recuperado el control de su vida, el control posible, se entiende. 

Una película interesante que te emociona y hace repensar muchas cosas. Coixet lo logra siempre. La sala estaba casi repleta, sobre todo de mujeres. Cuando salíamos, se veían caras de enorme satisfacción y el comentario que se escuchaba era: ¡qué maravilla, qué sensibilidad!

 

domingo, febrero 01, 2026

LOS YUGOSLAVOS

 



Aconsejado por un amigo que se apercibió pronto de que había salido el programa de teatro para el primer trimestre del 2026, me apresuré a sacar las entradas de las obras más apetecibles. Claro, Santiago no es Madrid o Barcelona y aquí llega lo que llega. Pero, al margen de lo que podamos ver fuera, justo es que aprovechemos lo que tenemos.

Bueno, pues ayer comenzó para nosotros la temporada de teatro con Los Yugoslavos, una obra escrita por Juan Mayorga y en la que actúan: Luis BermejoJavier GutiérrezNatalia Hernández y Alba Planas. No conocía nada de la obra (la verdad, últimamente no estoy muy al día y bien que lo siento) y me interesó la idea con que se anuncia: 'Los yugoslavos' es una obra sobre la tristeza, el amor y el poder de las palabras. Y cuando explican que se trata de un camarero que fascinado con la conversación que mantienen dos clientes, y la forma en que uno de ellos logra animar al otro, le pide que le ayude a animar a su mujer que sufre una fuerte depresión, ¡uff!, me dije, esto nos va a venir como anillo al dedo.

Lo primero a destacar es la calidad de los actores. Te sorprende ver allí, en el escenario, a personas que conoces del cine o la tele. Si no te has fijado bien en los nombres o ya no tienes memoria para identificarlos por su nombre, verlos a tres metros de donde tú estás sentado, te llena de intriga: yo a este lo conozco, su cara me suena muchísimo. Y pones en marcha tu buscador mental. Le lleva su tiempo, pero allá cuando vas por la mitad de la obra, te acuerdas: ¡claro, tío, este es el entrenados de Los Campeones! ¡Cómo me había gustado Javier Gutiérrez en aquella película! Luis Bermejo también me sonaba, pero no supe localizarlo en mis recuerdos. Y las dos mujeres están, pero con papeles secundarios: Natalia porque al hacer de deprimida y muda; estar está, pero solo con su cuerpo y su rostro apagado (lo que debe tener su mérito por el esfuerzo de contención que exige) y Alba aparece poco y su papel es más de narradora puntual, con poca exigencia dramática. Pero, en general, todos cumplen bien con su rol, aunque son los dos hombres los que llevan el peso de la obra.


 

Me encantó la configuración del escenario, obra de Elisa Sanz. Es la magia del teatro, cómo saben hacerte sentir en distintos lugares o actividades o momentos de la historia, solo con una luz, unas sillas, un cambio de mobiliario, una pieza de atrezzo. La historia que nos cuentan incluye escenas en el bar, en el domicilio, en la calle, en otros bares… pero todo sucede allí, en los escasos metros cuadrados del escenario. Incluso tú mismo te sientes dentro del bar, pues los actores sitúan mesas virtuales en la platea y se refieren a ellas con normalidad. Es fantástico.

Y con respecto a la historia, la idea de inicio me pareció fantástica, aunque, después, su desarrollo se va complicando y desviando de la línea central, a medida que se van integrando otros problemas laterales que desdibujan aquella idea. Del valor sanador de la palabra, idea que me pareció fantástica como eje de desarrollo de la historia, la cosa fue derivando hacia el poder de atracción de ese lugar o esa gente (los yugoslavos) donde “se juega de verdad mientras las mujeres bailan”. Quizás la tesis de Mayorga sea que no hay palabras mágicas, que la tristeza y la depresión solo son una pérdida de la identidad y del lugar y que salir de ella requiere ponerse en marcha con un mapa que no te va a llevar a ninguna parte, o que te llevará al mismo sitio donde ya estabas.

Buscamos algo que está en “un mapa dentro de otro mapa”. No sé, ¿será que hemos de buscar las respuestas en el entorno próximo (nuestro mapa personal) y no en el amplio territorio externo (el otro mapa) en el que situamos los sueños o los milagros imposibles? A lo que se ve en la obra, ni hay palabras mágicas, ni hay personas capaces de usarlas para hacer milagros. Lo que parecía el problema a resolver (la depresión de la esposa encerrada en sí misma y que ya no hablaba) era solo una visión parcial de lo que sucedía. En realidad, todos tienen problemas y todos buscan a sus “yugoslavos”, es decir, ese algo que ya no existe.

No sé si era justo esperar, ante el anuncio de la obra, que se nos ofrecerían algunas palabras mágicas capaces de animarnos y salir del teatro optimistas y empoderados, pero no ha sido así. Ese mapa dentro de otro mapa ha quedado confuso. ¡A saber qué o quienes son nuestros yugoslavos!