sábado, junio 13, 2026

La GRADUACIÓN de ÍRIA.

 



Debe ser que se va expandiendo la necesidad de ir celebrándolo todo, de reforzar los inputs positivos (o de convertir a través de la celebración en positivo las cosas que vamos viviendo), la cosa es que nuestra nieta IRIA ha celebrado hoy su graduación de final de la etapa de Primaria. Ha sido su primera graduación (no pudo hacer la de final de infantil porque estábamos en plena pandemia), pero hoy se ha puesto guapa y nos ha convocado a su cole porque celebraban su gran fiesta de graduación y se despedían de sus profes para dar el salto al Instituto.

La alegría del día comenzó en el trayecto de ir hacia el colegio. Se aproximaban las 9 de la mañana y nos fuimos cruzando con multitud de niños y niñas de diferentes edades caminando de la mano de su padre o de su madre hacia el colegio. Ese ritual matutino de entrada al colegio con cientos de niños, unos contentos y charlatanes, otros callados y amodorrados, pero todos muy metidos en su oficio de escolares y conscientes de que cada mañana llega el colegio, con la misma necesidad que llega el desayuno. Agobia un poco por lo que tiene de “doma” de la infancia, de “horca caudina” por la que todos han de pasar, pero resulta una imagen fantástica si se analiza desde el poder e importancia de las escuelas como la gran institución que modula la vida cotidiana de la sociedad y las personas desde su primera infancia. Las escuelas como una auténtica zona de encuentro a la que cada mañana llegan, caminando o en coche, mareas de niños que van a vivir juntos una nueva jornada de su vida infantil. Y con ellos, mareas de padres y madres que confían sus hijos a la escuela y los profesores sabiendo que allí van a estar bien, cuidados y aprendiendo a vivir.

Pero lo importante de hoy es que se celebra el acto de graduación de 6º de Primaria en el Julián Marías del barrio de Las Rosas. No solo los chicos y chicas estaban nerviosos, también se veía nerviosos a los padres y abuelos que ya hacían cola (y algunos se colaban, para enfado de los que esperaban) para entrar en el pabellón deportivo del cole desde media hora antes del acto. Y, una vez dentro, se seguían peleando por las sillas mejor situadas para presenciar el acto.

Fue un acto muy bonito y emotivo. Con el añadido entrañable de que los chicos y chicas de fin de Primaria llegaban desfilando llevando de su mano a los niños y niñas que concluían su etapa de infantil. Ambos transitaban a una etapa escolar superior y daba gusto verlos: los pequeños con 5-6 años; los grandes con 11-12 años. Supongo que los mayores se veían a sí mismos, seis años atrás y con la mitad de años de los que ahora tienen, en el momento, ya lejano, de dejar Infantil para entrar en Primaria.

 Habló la directora del colegio y también lo hicieron sus profesores de 6º y los de los niños de infantil que les acompañaban en el evento.Hablaron padres (uno por cada una de las tres clases que componen cada curso) y hablaron los propios alumnos en representación de cada una de las clases (entre ellos, nuestra propia nieta que llevaba días preparando su speech, que añado al final de este post). Falló un poco la megafonía, pero más por los nervios de quien tenía el micrófono en sus manos y lo movía o se movía él mismo.

Muchas cosas me llamaron la atención en este acto escolar

-El fervor y los aplausos con que los padres (y también los niños y niñas) recibían cada una de las intervenciones y las menciones concretas que los oradores iban haciendo sea a profesores, sea a cuidadoras del comedor. Muchos aplausos que parecían sinceros y sentidos. Como abuelo, pero, sobre todo, como profesional del mundo de la educación, me sentí feliz. A veces es fácil criticar a las escuelas y los profesores en los sucesos del día a día porque la tarea de educar a pie de obra, no es fácil, pero cuando llega el momento de hacer una lectura global de esos 6 años tan importantes en la vida de los niños, uno no puede sino sentirse agradecido por todo el esfuerzo realizado por un grupo de personas que han puesto todo su empeño en hacerlo lo mejor que son capaces. Me encantó.

-Me gustaron mucho los mensajes llenos de afectos. Quedó claro que la educación es mucho más que libros y tareas académicas. Tanto los padres como  los profesores que hablaron tiñeron sus mensajes de emociones. La profesora de infantil se emocionó hasta las lágrimas despidiendo a aquellos peques que habían cuidado durante tres años. Y varios acabaron sus mensajes con la frase “os queremos mucho”. Todos mencionaron lo importante que para ellos y ellas fueron los años de colegio, cómo se les ve ahora no solo crecidos sino mucho más maduros, más felices, arropados por sus amigos y amigas, solidarios, autosuficientes…

 - Ya sé que es difícil hablar a niños y niñas de 12 años y más si están en grupo y excitados, pero ellos estaban atentos a lo que los adultos decían. Y respondían a sus evocaciones con aplausos. También ellos hablaron y pese a que sus nervios y el micro no se lo pusieron fácil, lograron hacernos llegar su agradecimiento por todo lo que esos años de colegio les han aportado de vida y de humanidad. No se acordaron tanto de lo que han aprendido en matemáticas o lengua o inglés, pero sí de “las risas en medio de las clases, las miradas cómplices en las travesuras que hemos ido haciendo a lo largo de los años” y “todo aquello que les ha ayudado a ser lo que son” (del discurso de Iria).

-Me hizo gracia lo que decía la tutora. Decía que en estos dos años que lleva con ellos, les ha cogido mucho cariño y que también ella ha aprendido mucho, aunque suspendería en lengua si le pidieran explicar el significado de algunas expresiones que les oye decir, como “valimos burguer”, “six seven” o “aura”. Ni qué decir tiene que entre que las oí mal por culpa del micro y que pertenecen a la generación del Tick-Tock, me quedé in albis (esta expresión, en cambio, es más nuestra, de los boomers). Pero luego he ido a la bibliografía para enterarme y ya sé que “valimos Burger (o valió burger)” es una reconversión de la expresión malsonante mexicana de “me vale verga” (bastante similar, aunque no en significado, del “me vale madres”). Han hecho bien los chavales en sustituir verga por Burger para no escandalizar. Y la usan para  indicar que “todo salió mal”, “estamos perdidos” o esto no tiene remedio. Si te llama la profesora enfadada para que vayas inmediatamente donde ella, me explica Iria, es cuando decimos <valimos burger>. La otra expresión “six seven”, aunque mi nieta me decía que no significa nada, sí que es una expresión (bien escolar por cierto) que sirve para señalar que algo no está ni bien ni mal, que no pasa de regular, de más o menos. Y, finalmente, lo del “aura” (<aura> para lo bueno, <laura> para lo malo, me explicó Iria) es algo más conocido y parecido a carisma, a capacidad de impresionar positivamente: se pierde aura cuando uno se cae delante de todos, cuando se hace el ridículo y se gana cuando se hace algo admirable, elegante o que impresiona.  Siempre se aprende algo.



 -Sin duda, lo que más les gustó, fue el  ver su propio cambio desde que entraron en el colegio en Infantil a lo que son ahora. Le fueron pasando dos fotografías de cada uno (la de infantil y la de ahora, de adolescentes). Se lo pasaron bomba, se rieron, se reconocieron, se sorprendieron. Y desde el punto de vista del colegio fue un magnífico testimonio de lo importante que es su función en lo que se refiere no solo a la custodia de los niños, sino a su papel de construcción del desarrollo tanto físico como mental. Se les veía más inocentes e ingenuos de niños y mucho más maduros, inteligentes y pillos de mayores.

En fin, una gran mañana para nuestra nieta Iria (que por cierto estaba guapísima) que se despide de su colegio de estos últimos 6 años para subir varios peldaños hasta alcanzar el instituto. Un salto que es como un salto evolutivo para ella, como pasar de la fase de oruga a la de crisálida en su carrera por convertirse en una hermosa mariposa adulta. A ella se le ve feliz al ver que se va haciendo mayor. A sus padres también, aunque ya sospechan por los síntomas incipientes que no va a ser fácil la etapa de adolescente, de chica de instituto.

Y ahora a esperar que la otra nieta que recorre el mismo sendero en Cataluña, Mar,  también nos cuente cómo fue y vivió su graduación para poder felicitarla y subir al blog su experiencia. Un beso grande a las dos.

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El discurso de Íria y Pablo (6º B):

Hola a todos y todas. Hoy estamos aquí celebrando nuestra graduación, pero eso es un nombre, lo que de verdad estamos celebrando es el cierre de una etapa que se quedará en nuestra cabeza para siempre. Tanto en la de los padres y madres que estuvieron presentes tanto el día en que dijimos nuestra primera palabra, como ahora en nuestra primera graduación. Al igual que los profes que estuvieron presentes en el proceso e hicieron del cole nuestra segunda casa y que, aunque su obligación era enseñarnos lengua, mates, ciencias... decidieron enseñarnos, también, valores como levantar la mano y respetar el turno. Pero, sobre todo, se quedará en nuestras cabezas, porque entre estas cuatro paredes ha habido risas en medio de las clases, miradas cómplices en las travesuras que hemos ido haciendo a lo largo de los años, las salvadas que hemos tenido que hacer a un compañero de una regañina merecida...

Hoy es un día muy especial porque los niños que pisaron este cole por primera vez, están aquí hoy como última, Eso puede ser difícil de asimilar para todos vosotros porque si estáis aquí, escuchando este discurso, es porque habéis ayudado a formar el hogar de algunos de nosotros, aunque también es bonito ver cómo cerramos una puerta para abrir otra en la que dejaremos no solo buenos momentos, sino también malos que hemos ido superando. Todo lo vivido nos ha ayudado y enseñado incluyendo esos malos momentos de los que hemos aprendido y nos hemos hecho más fuertes. También dejamos atrás anécdotas, risas, que poco a poco han ido construyendo nuestra personalidad y hemos construido amistades que han estado con nosotros hasta en momentos que no eran agradables.

Nuestras amigas y amigos nos han ayudado todo este curso. Yo he venido nuevo este año y tal vez no conozca a mis compañeros de siempre, pero lo que sí sé es que todos te reciben con los brazos abiertos.Y no nos olvidemos de esas dos personas que este año han hecho que estemos bien y nos divirtamos durante esas dos horas que estábamos con ellas al día y que no se nos ocurra nada loco. Gracias a María y a Tere.

Para finalizar, recordaremos que es verdad que ya nos vamos, pero todo también lo es que estos recuerdos y las cosas que hemos hecho por los demás permanecen dejando así una imagen nuestra en los demás.

Nosotros nos vamos pero todo esto se queda.

Ahora les toca al resto del cole disfrutar de este maravilloso curso que ha dejado millones de sonrisas y sorpresas que llevaremos con nosotros hasta el final,

Gracias a todos los que me han ayudado a ser quien soy.

Y a mis compañeros: solo nos toca disfrutar de los últimos momentos juntos en el viaje fin de curso. 

 

 

viernes, junio 12, 2026

JUAN MANUEL CUMPLE 79 AÑOS

JUAN MANUEL CUMPLE 79 AÑOS 

Esto de la edad se parece mucho a una “road movie”, esas películas en las que toda la trama se centra en trotar incansables por carreteras, unas veces tipo autopista y, las más, sobre todo a medida que la edad crece, en formato sendero por el que has de caminar con mucho tiento para no perder pie y romperte algo o irte, sin más, al carajo. Afortunadamente, cada año aparece un pequeño espacio de descanso, el día de tu cumpleaños, que permite detenerse, respirar con sosiego y volver la vista atrás para congratularse de la última etapa recorrida si la cosa ha ido bien, o suspirar y alegrarse por haber sobrevivido un año más, si el camino ha sido duro y difícil.

En el caso de Juan Manuel, que va adelantado y abriendo camino, esos escalones del cumpleaños tienen un valor especial porque cuando él los alcanza y mira hacia abajo, donde vamos los demás un poco arrastrados y al límite de fuerzas, siempre nos regala una sonrisa de ánimo y ese gesto suyo de “venga tíos, que todo va bien y lo estamos consiguiendo”. Y como le vemos a él tan bien, pues no queda otra que echarle huevos y seguir «p’alante».

La cosa es que él ha llegado a uno de esos descansillos: el 79. Año que no tiene el prestigio canalla del 69 ni la redondez solemne e intrigante del 80, pero que está muy bien situado para echar una mirada satisfecha al camino recorrido y otra, entre curiosa e inquieta, hacia el territorio desconocido e ilusionante de los ochenta que están tras la próxima curva. 

 Además, Juan Manuel está cerrando un año de su vida especialmente afortunado. Para los Merino-Chinchilla ha sido un año de grandes alegrías personales: superados los temores iniciales, su nieto va creciendo estupendamente y llenando de alegría infantil todo el entorno familiar; se ha vendido Mozoncillo; se concluyó la aventura del ascensor; han viajado lo indecible y lo seguirán haciendo por todo lo alto; se han purificado en el balneario de Pallarés y han saboreado la infrecuente satisfacción de comprobar que todos los informes médicos que iban recibiendo les decían que todo iba bien. ¡Ha sido un año Premium!

Por si acaso me dejaba algo importante por señalar en un momento así, le he preguntado al Chat-Gpt qué se le puede decir a un amigo que cumple 79 años. Me dice que, claro, eso depende del grado de amistad que se tenga. Luego me sugiere volver a esas ideas comunes de que cumplir años no es solo añadir números al calendario de nuestra vida, sino haber acumulado experiencias, recuerdos, amistades y enseñanzas que te han enriquecido a ti que cumples años, pero también a quienes hemos compartido algo de esos años contigo. ¡Muy cierto!

Algo más empalagosa es la sugerencia de te diga que hoy celebramos tus 79 años, pero en realidad “lo que estamos celebrando es tu generosidad, tu inteligencia, tu sentido del humor y todo lo que has aportado a quienes te rodeamos, porque la edad cuenta el tiempo transcurrido, pero lo importante para los amigos es la huella que las personas, en este caso tú, dejan en nuestras vidas”. Un pico de oro es lo que tiene el chat-gpt. Y, la verdad, me extrañó todo lo que sabían de ti, porque yo no les había dicho tu nombre, pero quizás lo que sucede es que, por uno de esos milagros de la tecnología, ya te conocen y saben cómo eres.

En fin, Juan Manuel, aquí estamos un 12 de junio para celebrar contigo un nuevo cumple, o sea, la superación de una nueva etapa en ese proceso que hemos llamado, a sugerencia tuya, “caminando por los setenta”, el nombre de nuestro grupo de WhatsApp. Y lo hacemos con gusto porque en estos viajes que se alargan, uno se va haciendo cada vez más consciente de que no resulta tan importante celebrar los kilómetros recorridos (que también, por supuesto, porque no ha sido fácil cruzarlos), cuanto la forma en que los has recorrido y con quién. No se trata solo de sobrevivir a secas, sino de hacerlo en buena compañía y arropado por el aprecio de la familia y los amigos.

Y esa ha sido nuestra fortuna. Bien merece que la celebremos juntos y eso haremos.

Un gran abrazo, Juan Manuel, y ¡¡¡MUCHAS FELICIDADES!!!

 

Miguel Zabalza

 

viernes, mayo 15, 2026

EL PUTTERING, ese nuevo lujo gratuito

 

La periodista Carmen Posadas en su habitual rincón de elucubraciones en el XL Semanal (12 de abril del 2026, p. 49) se refiere al puttering como el nuevo resquicio que se abre para aminorar el estrés. He de confesar que, visto así a vuela títulos, me pareció una propuesta osada por demás, pero bien conocida. Echar un polvo siempre ha sido desestresante, pero si a ello le añades el hacerlo en territorio prohibido supongo que la cosa resulta de mayor impacto si cabe.

A mí me lo confirmó un fisioterapeuta al que acudí en su consulta de Estella, en Navarra. Él era un tipo con prestigio en la ciudad y tenía su consulta en un palacete espectacular. Era de los que te coge la cabeza y te la rota, de un golpe seco, hasta buscarle un nuevo acomodo. ¿Y de sexo qué tal vamos?, me preguntó después de dejarme la cabeza en su sitio. Pues se hace lo que se puede, le contesté. Es que eso es muy importante, dictaminó él, si se puede dentro de casa mejor, pero si no, fuera de casa. Me acordé de él cuando leí el título de la Posadas.

Pues resulta que no, que el puttering no va de sexo. Y el salto semántico que hay que hacer es como para despeñarse por el acantilado de los significados. ¿Quién podría pensar, así a bote pronto, que lo del puttering se refiere a lavar los platos, regar las plantas, hacer calceta, barrer y otras pijadicas por el estilo? Y ni siquiera se trata de que hagas todo eso para ganar méritos que conduzcan al deseado polvo matrimonial, ¡qué va!, lo haces gratis e amore, como receta psicológica para sentirte mejor. ¡Impresionante!

Dicho lo cual, he de confesar que a mí todas esas actividades domésticas me encantan y las disfruto, pero hombre, llamar a eso puttering resulta chocante. Estoy convencido de que, para más de uno, ese puttering cotidiano tendría más que ver con lo de “estar puteado”, que con lo de sentirte bien.

Y ya digo, yo hago mucho puttering desde siempre. Lo mío era que en momentos de marasmo porque no sabía por dónde tirar en la cantidad de cosas que siempre he tenido abiertas, entonces lo mandaba todo al carajo  y me ponía a ordenar la biblioteca. Y aún sigo haciéndolo, solo que ahora paso de la biblioteca y lo que trato de arreglar es el caos de archivos que tengo en el ordenador. Y sigo cocinando, yendo a la aldea a cortar matas, saliendo a caminar cada día… en fin, mucho puttering.

 Y esa misma tendencia la he visto en muchos amigos: muchos se aficionan a cocinar (no a diario, claro), a cultivar tomates, a mantener el jardín (lo que, en Galicia, no es tarea fácil), a sacar partido a su huertito, a pintar, incluso a planchar y coser. Se trata de esas rendijas en el bloque de la vida cotidiana (sobre todo, quienes tenemos tareas intelectuales) a las que uno se asoma para ver el afuera, lo otro. Y parece ser que eso es bueno, una especie de jacuzzi mental (y, en este caso, manual).

Sobre las ventajas del puttering hay mucho escrito. La propia Posadas cuenta un experimento de la Univ. de Texas en el que, el día anterior a un examen dividieron a sus estudiantes en tres grupos: al primer grupo le pidieron que estudiaran como locos para llegar bien al examen, al segundo le dijeron que salieran de copas con sus amigos la noche anterior al examen y al tercero que regara las plantas o se relajara haciendo alguna tarea sencilla de bricolaje en casa. El resultado fue que el tercer grupo superó a los otros dos en la calificación obtenida. No es una gran cosa como experimento, pero da qué pensar.

Y lo cierto es que si uno analiza las referencias sobre el puttering se encuentra con tantos beneficios que se diría que estamos ante un nuevo elixir milagroso que lo cura todo: reduce el estrés y la ansiedad; permite salir de los frecuentes bucles emocionales (enfados, frustraciones, cansancio mental, sensación intensa de culpa, ganas de matar a alguien…) para recuperar el control; despeja la cabeza al sustituir el pensar por el hacer cosas que no exigen pensar. En definitiva, que propicia una especie de reseteo mental.

Al final, podemos comprobar que eso de hacer cosas sencillas era algo que, antes, formaba parte de la vida cotidiana, pero que, ahora, como quiera que todo viene hecho o tenemos máquinas que nos lo hagan, necesitamos reinventarlo de nuevo. Y ponerle nombre, aunque lo de puttering chirría bastante por sus resonancias semánticas a otras experiencias de signo bien diferente. Los ingleses tienen otro vocablo para expresarlo: idling. El Cambridge Dictionary explica que idling es cuando se deja el coche estacionado, pero con el motor en marcha y que referido a la vida cotidiana es cuando dedicas tiempo a no hacer nada, a relajarte, a estar ocioso. O sea, a lo que italianos, sabiamente, llamaron el dolce far niente.

Más técnicamente se ha vinculado el puttering con conceptos relacionados con la salud mental y el bienestar de las personas. Por ejemplo, con los momentos de “divagación mental” (mind wandering), esa desconexión cognitiva haciendo cosas sencillas que no requiere mucha vigilancia para dejar libre nuestra mente para vagar a su aire por asuntos diversos. Claro que si uno abusa de ese vagabundeo (cosa frecuente) acabas sin poder concentrarte en nada. Y, en sentido contrario, también se relaciona el puttering con el moderno flow, aunque en su versión suave: concentrarse en la tarea manual que estás haciendo para hacer que tu mente deje de pensar en los asuntos serios que la perturban y agotan: lavar platos de forma atenta, hacer ganchillo, cocinar un postre, etc., exigen una atención concentrada en detalles que te hace olvidar (salir de) otras preocupaciones.

 Pero de todos esos nombres vinculados, de alguna manera, al puttering, el que más me gusta el de “savoring”, quizás porque es el que más he echado de menos en mi vida, demasiado precipitada, casi siempre. El savoring alude a la posibilidad que te concedes de prolongar sensaciones positivas y disfrutar de ellas. La idea no es nueva, la propusieron Bryant y Boyd en el 2007[1] que definen el savoring como la capacidad de prestar atención a las alegrías, los placeres y otros sentimientos positivos que experimentamos en nuestras vidas. Tomar un café sin prisas, disfrutar de una lenta puesta de sol, cocinar un plato, lavar el coche, colocar un ramo de flores. Además, tú puedes aplicar el savoring al presente, lo que estás viviendo en este momento; al pasado, experiencias de las que disfrutaste (o que disfrutaron otros próximos a ti) y de las que sigues disfrutando cuando las recuerdas; al futuro, disfrutando anticipadamente de cosas que estás planeando hacer, como un viaje, una cita, una fiesta.

En fin, que esto del puttering da para mucho y, además, resulta bien barato.



[1] Bryant, F. & Veroff, J. (2007). Savoring. A New Model of Positive Experience. Lawrence Erlbaum Associates