lunes, agosto 03, 2026

ANTES DE MEDIANOCHE (Before Midnight)

 



Sí, ya lo sé. Esta es una peli de hace muchos años (2013), tercera entrega de la increíble trilogía que nos regaló Richard Linklater (“antes del amanecer”, 1995; “antes del atardecer”, 2004), con los mismos actores (Ethan Hawke y Julie Delpy), pero la ofertaba Movistar y la hemos vuelto a ver. Ni qué decir tiene que volver a verla es volver a disfrutarla y pasar un rato inolvidable.

Lo que más me gusta de Linklater es que te lleva mucho más allá del disfrute estético (algo que se da por hecho y para ello sitúa cada película en entornos singulares: Viena, París y, ahora, Grecia), para sumergirte en la corriente vertiginosa de una conversación que te arrastra sin remedio al mar calmo o tormentoso de tu propia vida en pareja. No sé cómo vivirán el desarrollo de la historia quienes son muy jóvenes o quienes no tienen una experiencia dilatada de vida en pareja, quizás ellos y ellas puedan situarse al margen de lo que ven en pantalla, sintiéndolo como algo ajeno y fantasioso. Pero eso es imposible si estás casado, incluso si tu contexto vital se parece poco al de ellos. El gran acierto de Linklater es que sabe identificar las dinámicas fundamentales sobre las que se construye y reconstruye la historia de una vida en común y como familia.

Si en “antes del amanecer” se recoge la desbordante locura romántica del primer encuentro y el descubrimiento del otro, y en “antes del atardecer” se describe el amor más tranquilo de quienes ya se conocen y pueden disfrutarse mutuamente, aunque sea de forma puntual, en “antes del anochecer” la relación ya está conformada y ellos como pareja han asumido el compromiso de formar una nueva familia y criar a sus hijos. La música relacional ya no es la misma y la lírica inicial luce menos cuando es la experiencia cotidiana la que exige prioridad y consume buena parte del fuego romántico.

 Técnicamente la película huye de cualquier añadido de efectos especiales o espectáculo: fotografía clara, paseos por la naturaleza y la ciudad, vistas agradables, escenas largas de seguimiento a la pareja y su conversación. Aunque situado en contextos hermosos, el gran protagonista del film son los diálogos, tanto en su dimensión verbal como en la postural. Todos ellos están muy cuidados: detallistas en los matices, graduados en los tonos e inteligentes en los momentos en que se acude a la ironía.

Lo que más he agradecido del film es, justamente, esos momentos de ironía, de juego conversacional. En realidad, mantener una relación requiere mucho de esa capacidad de juego, de hacer “como si…”, de contarse echando mano del humor. La película es fantástica en ese aspecto. La capacidad de ella para jugar, para contar con humor como ponía ojitos de fascinada ante lo que él le contaba, te libera del peso de preocupaciones más pesadas y te reconcilia. De hecho, eso es lo que, al final, les salva, también a ellos.

Y acierta la película en hacernos ver que una fuerte discusión, igual que un gran fuego, puede nacer de una pequeña brizna de cualquier cosa; que el tránsito de un momento de éxtasis a un momento de duelo se produce sin que te des cuenta; que incluso las mejores intenciones corren el riesgo de ser malinterpretadas; que “el estar bien” no responde a factores estables sino que resulta muy circunstancial; que, en cualquier caso, discusiones y desilusiones va a haber, lo que significa que además de esa dosis de amor y aprecio que toda relación requiere, se necesitan herramientas de resiliencia para poder salir de los baches en los con toda seguridad caeremos. Y ahí es donde el humor y el saber hacer “como si” valen un potosí.

Esa capacidad para poder hablar de ti mismo y de tu pareja echándole humor es algo que me parece fundamental. Como en el inicio de la película, las reuniones de amigos son un buen espacio para hacerlo. Por eso son tan importante las reuniones con parejas amigas como contexto en el que contarte y en el contar la relación con humor; al igual que son perniciosas si acaban convirtiéndose en entornos de reproches y demandas aprovechando la presencia de amigos. Pero los protagonistas del film (sobre todo ella, él es más rígido y lineal) lo hacen muy bien y suscitan una sana envidia. 

 Otro gran mérito del guión (por cierto, obra tanto del director como de los dos protagonistas) es su equilibrio. Las discusiones se hacen creíbles y eso propicia una mayor implicación en sus idas y venidas. La discusión no discurre por tópicos ni clichés, sino que se mantiene en ese fango inevitable de vivencias e interpretaciones que la vida cotidiana (la relación, el sexo, la profesión, los hijos) va depositando en nuestras vísceras. Sacarlo a la luz es terapéutico y sanador. Y si se es capaz de hacerlo con humor, todo resulta más amable y constructivo, menos dramático.

Para quienes vemos la película desde la atalaya de unas bodas de oro matrimoniales bien cumplidas (al final, ellos solo llevan 9 años casados), todo lo que en ella aparece resulta un “déjà vu”, algo por lo que ya hemos pasado y ante lo que, con una mirada retrospectiva, ya solo cabe sonreír.

 

 

jueves, julio 23, 2026

Recuperando a Gerino Calvo

 

No es que lo hubiéramos perdido, pero durante bastante tiempo estuvo demasiado ocupado en mantener a flote su salud y eso le obligó a retirarse a su cuartel de invierno (y de verano), su hermosa mansión de Perdecanai. Gerino tiene varios masters en paciente hospitalario y eso le ha dotado de una paciencia y una capacidad de supervivencia envidiables. Es un profesional de la resiliencia, cosa que él lleva con la natural sonrisa resignada que fue siempre su característica fundamental.

Por eso hoy ha sido un día muy especial para sus amigos. Hasta ahora teníamos que contentarnos con las noticias sueltas que sobre él y su salud nos llegaban de vez en cuando. Habíamos intentado montar una reunión como esta varias veces, pero no fue posible. Afortunadamente, ya se siente mejor y ha sido tan amable de invitarnos a comer en su casa y disfrutar de un rato juntos para ponernos al día.

Y eso es lo que hemos hecho: correr a Perdecanai para darle un abrazo e iniciar una nueva etapa de encuentros que realimenten el aprecio personal que siempre nos hemos profesado. Allí nos encontramos los 9: Gerino y Hermi, los anfitriones; José Carlos y Marisa, Adolfo Pérez Abellás que vino de single, Felipe y Elisa y yo mismo con Elvira. Echamos mucho de menos a Alfonso Cid que de manera alguna habría faltado y que seguro que nos acompañó desde esa otra vida en la que ahora habita.

 Este tipo de reuniones las venimos haciendo desde los años 80 del pasado siglo, así que somos amigos vintage. Nos unió primero la UNED de Pontevedra (qué fabulosos vermouts tomábamos cada sábado al acabar nuestras tutorías en aquella UNED que ocupaba de prestado la planta alta del edificio de la Caja de Ahorros de Galicia, en Campogrande). Después fue el Dpto. de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Santiago (por entonces, única para toda Galicia), el grupo de investigación, de nuevo la UNED (pero ya en Monteporreiro), los congresos de Poio, etc. Mucha vida compartida durante mucho tiempo, muchas experiencias juntos, mucho afecto.

Lo que me parece más interesante de este grupo es que hemos sabido fusionar sin gran esfuerzo lo académico con lo personal. Y en eso, Gerino ha tenido mucho que ver por su enorme capacidad de ejercer influencia, más en sentido horizontal que vertical. Aunque ha transitado por multitud de puestos de dirección, siempre ha mantenido un perfil bajo en autoridad, pero muy alto en cordialidad, disponibilidad y capacidad de encuentro con todos. Quizás por eso le echábamos tanto de menos: él presume de irrelevancia (salvo en Perdecanai, claro, que es su marquesado, heredado de su padre Don Gerino) y nos trata a todos como si estuviera en deuda con nosotros, pero en realidad, él ha jugado siempre un papel muy importante como nexo de conexión.

En fin, que ha sido un gran placer poder encontrarnos todos de nuevo. Además, como es su costumbre, los marqueses de Perdecanai nos han agasajado con unas viandas estupendas, capitaneadas por unas codornices al alvariño que es el master plat de Gerino. Con el champán llegaron los regalos y las emociones. José Carlos había preparado un hermoso texto que se le leyó envuelto en la brisa de emociones que iba suscitando. Todo el encuentro fue muy emotivo y razones teníamos para sentirlo así.

 Por supuesto, nos dio tiempo a hablar de todo y ponernos al día. Y la jornada se enriqueció porque por allí andaba (andar, todavía no) la primera nieta de Gerino, muy sorprendida de ver tanta gente extraña. Estaba también el hijo de Gerino y padre de la criatura, al que habíamos conocido siendo un chavalito de 6-7 años correteando por la finca. Está claro que lo nuestro viene de lejos y que hacemos bien en no perderlo. De hecho, nos hemos despedido convocándonos para un siguiente encuentro que organizará José Carlos en Lourizán.

En fin, un buen día. De esos en los que regresas a casa con la gran satisfacción de haber vivido algo que hacía mucho tiempo deseabas hacer. Y de sentirte feliz por lograrlo.

sábado, julio 11, 2026

Homenaje a J.A. CARIDE

 

Ni el calor, ni la galbana propia de estas fechas semifinales de curso lograron deslucir el hermoso espectáculo que se desarrolló ayer en la Facultad de Educación de Santiago como homenaje al profesor Caride. Pudo más el esfuerzo agradecido de quienes organizaron el acto a escondidas del homenajeado que las dificultades propias de un acto tan masivo y complejo. Y, al final, todo salió perfecto: mucha gente, mucha emoción, un gran homenaje.

Llamaba mucho la atención la diversidad de gentes reunidas en Santiago para agradecer y rendir homenaje a José Antonio. Gentes muy diversas en edad, en procedencia, en ámbito de actuación, pero todos y todas movidas por el deseo ferviente de estar presentes y poder expresar el cariño y reconocimiento que sienten por él. Cada uno lo conoció en momentos distintos, tuvo con él relaciones diferentes y, probablemente, tenía motivos diversos para estar allí, pero eso apenas se notaba porque todos coincidíamos en el mismo propósito de hacer patente nuestra adhesión sincera al homenaje.

Me encantó constatar, una vez más, la importancia de la mirada alargada que surgió de las intervenciones. Cada uno habló de su momento y su relación con Caride, pero cuando el propio homenajeado intervino, permitió entender aquel conjunto de episodios como una narrativa que tenía más que ver más con una trayectoria. Las personas y, por eso, también los docentes hacemos tareas y actos puntuales, pero somos una presencia que continúa y se desarrolla a lo largo de mucho tiempo, convirtiéndose en biografía. Somos una vida alargada que solo cobra sentido pleno cuando es vista así, con “luces largas”. Desde luego, todos los momentos que cada uno podemos recordar de Caride con especial cariño son valiosos, pero lo realmente memorable es ver cómo tales momentos o fases tienen una continuidad y definen una trayectoria vital. Esa mirada amplía la perspectiva que cada uno pueda tener y desplaza el reconocimiento de un punto o circunstancia específica a una forma de ser y de vivir. Caride es homenajeable porque hizo cosas valiosas, desde luego, pero lo es, sobre todo, porque toda su trayectoria está marcada por esa generosidad militante. Como sucede en el cine, no se le hace este homenaje por haber hecho una buena película, sino es el premio a toda una vida. Eso es lo que muestran estos homenajes: mucha gente hablando de cosas distintas, de momentos diferentes en lugares diferentes, de acciones variadas. Lo interesante no es verlo como una suma de teselas desperdigadas en el tiempo, sino como un paisaje unitario, un patchwork multicolor que adquiere sentido como conjunto, una narrativa que describe la vida y el valor de la persona a la que se homenajea.

 Y así, cada quien desde personal mirador, fue destacando en Caride algunas de sus cualidades: su capacidad; su firmeza de convicciones; su liderazgo amable, próximo y respetuoso; su carisma como referente nacional e internacional; su tesón en promover la Educación Ambiental, primero, y la Pedagogía Social después; su capacidad para generar y mantener grupos; su bonomía. Y de paso, también fueron saliendo a la luz otros aspectos que no todos conocían: que canta bien, que toca la guitarra, que fue cantautor.

En fin, ayer quedó clara la doble dimensión que todos tenemos: esa disociación entre lo que somos como profesionales y lo que somos como personas. Aunque los organizadores quisieron montarlo como un evento mixto, lo personal desbordó y ganó por goleada a lo académico. Hubo mucha emoción, mucho cariño.

Y qué decir de la comida en el Ruta Jacobea. Pues que fue, como no podía ser menos, un estupendo colofón a una jornada plena de afectos: la comida exquisita, la atención estupenda, la conversación y el buen rollo ganando en afecto y decibelios a medida que iba avanzando el menú y disminuyendo el vino. El paso por las mesas de Caride, los cantos…muy emotivo todo. Yo me tuve que marchar un poco antes porque tenía que recoger a mis nietos del campamento donde pasan las mañanas. Me perdí la despedida que, supongo, sería interminable y marcada por el mismo tono de cariño y agradecimiento.

 Y con esta idea del agradecimiento quisiera concluir este post. Hace ya tiempo que la gratitud constituye un factor vinculado al bienestar personal y colectivo. A través del ejercicio de la gratitud nuestro cerebro se entrena en reconocer lo que la vida y las personas tienen de valioso y se reduce el estrés y frustración que genera la tendencia a la negatividad. La gratitud, señalan los estudios, fortalece la sensación de bienestar y fortalece las relaciones interpersonales. En estos tiempos que corren, tanto en el mundo como en la universidad, creo que no nos viene mal generar cauces que potencien y canalicen la gratitud. Y mucha gratitud es lo que se sentía en el homenaje de ayer a Caride. Espero que, aparte de servir para resaltar los innumerables éxitos de José Antonio, el homenaje haya servido a la vez de terapia colectiva y salgamos con un chute de bienestar que nos dure todo el verano.