lunes, junio 25, 2007

Celebrando los sesenta


Pues sí, allá nos fuimos, a Monzoncillo en plena vega segoviana. Nuestro amigo Juan Manuel Merino, compañero de curso en Psicología se empeñó en reunir en torno a él y a Celia, su esposa, a un grupo de sus mejores amigos. Y nos hizo el honor de incluirnos en ese grupo de selectos.

El viaje hasta allí no fue sencillo. Sin nosotros saberlo, el GPS se empeñó en llevarnos a otro Mozoncillo de Burgos y eligió carreteras sorprendentes, incluido para mi desesperación, el cruce de medio de la ciudad de Valladolid para buscar la carretera a Soria. Al final, traté de engañarle poniéndole otros nombres de pueblos cercanos a nuestra meta. Y conseguí no acabar en Burgos. Suerte que no tuvo Luís Martín, cuyo GPS, con las mismas manías que el mío lo llevó hasta el Mozoncillo que no era para choteo general de los habitantes de aquel pueblo, que ni siquiera se llama Mozoncillo, a quienes ya les va haciendo gracia que tanta gente pregunte allí por el dichoso Mozoncillo. Claro que como él venía de Madrid, su desviación fue sólo de hora y pico, pero la nuestra desde Galicia podía haber sido de escándalo. Y con 600 Kms. en el cuerpo, que pesan mucho.

Allí aparecimos Luís y Dami (con retraso), Jesús y Victoria, Mari Pili y Elvira y yo. Y otro grupo de amigos de Juan Manuel y Celia. En total 15. Y lo pasamos bien, la verdad. Un buen vermú (estando en los sesenta qué menos que recuperar las viejas y dulces pócimas) seguido de un extraordinario cordero asado que nos dejaron en plena forma para pasar a la fase de regalos, chanzas y cantos propios de la situación. Se le puso la banda que hacía honor a su nuevo status (“Estoy cumpliendo mis sesenta” decía en un maravilloso color amarillo chillón) y se le entregaron diversas chuflas alusivas a los decaimientos varios que los años traen consigo. Hubo, por supuesto, cosas más serias, como los “ripios bien trenzados” de Matilde y la “cantiga de ciegos”, pero con imágenes de otra pareja. Y el regalo guay, por supuesto: un escáner-compositor para diapositivas y negativos, algo por lo que él (consumado fanático de las fotografías) suspiraba desde hace tiempo. También tuvimos regalos de su parte, y entre ellos, un libro de Petete que yo le había prestado con letras de canciones de nuestros tiempos. Y nos lanzamos a por ellas, no sin bastantes problemas de organización (allí cada uno andaba por su personal cerro de Úbeda y era difícil saber en qué pagina estaba la canción que se empeñaba en iniciar) y de tono (sólo Luís conseguía darnos un tono que hiciera posible seguir más allá de dos estrofas destripadas). Pero la cosa fue componiéndose y, al final, acabamos con una coral de medio pelo que tenía asombrado al pueblo que no lograba entender de dónde llegaban aquellas voces de cantos tan antiguos.

Luego vino la siesta medio fingida. La resaca y calor que hacía nos presionaban fuertemente y fuimos agotando una tras otra varias cajas de botellas de agua. No sacamos coraje para echar un mus como aconsejaba la situación.
Después, cuando el calor bajó, un paseo desentumecedor por el pueblo que resultó muy interesante. Mozoncillo es un pueblo curioso, animado, bien dotado de servicios (polideportivo, piscina, centro de día para personas mayores, residencia, escuela, etc.) y con algunos puntos culturales de cierto interés (una ermita del S.XIII y otra del XVI-XVII). Y una naturaleza que en ese momentos resultaba muy colorista (por las amapolas) y relajante (por el mucho verde que este año se ha mantenido hasta estas fechas y por los cánticos de los pájaros que, supongo, se cortejaban en los árboles).

Cuando se hizo tarde, nos fuimos a la venta de Pinillas a saborear sus huevos fritos con chorizo y lomo y así seguir castigando a nuestro ya maltrecho estómago. Aunque algunos redujimos la parte ovaria a la mitad (el plato estándar son dos huevos, como es lógico, su chorizo y su trozo de lomo) pero nadie pidió una sopica o una ensalada. Se está a lo que se está, incluso a los sesenta (o cerca).

Regresamos a casa y llegó la hora de los bailes retro: el twist, la yenca, las canciones de los Relámpagos, los Beatles, los Beach Boys y toda la basca de aquellos años. Como quien tuvo retuvo y guardó para la ocasión, ésa fue el momento de lucir aquellas viejas piruetas. Eso sí, tomando las precauciones propias de quienes andan a vueltas con la cadera y las hernias lumbares. Pero la cosa mantuvo su dignidad y hasta se vieron pinitos que apuntaban maneras.

Pero, en el entretanto, había llegado la media noche y supusimos que las hogueras de San Juan debían estar en pleno auge. Aguardamos a que fuera rebajándose su altura y riesgo y cuando pensamos que la cosa estaría a nuestro alcance nos llegamos a la ermita de San Roque. Y allí comenzó nuestra noche de gloria. La gente se extrañaba de ver a un grupo de forasteros tan grande (en número, pues éramos 15 y en edad). Y algunos nos preguntaron: "¿Qué, son de una excursión?" Sí, les dijimos, de una excursión del inserso, pero hemos pedido el autobús. El caso es que nos inflamos de saltar la hoguerita (Luís ni lo intentó, nos llamaba suicidas). Pero lo mejor vino después. Amenizaba el acto un grupo de dulzainas y tambores y, ala hora de iniciar el pasacalles final (ya sería la una y pico de la noche) nos fuimos todos bailando tras ellos. Debieron alucinar. Hasta que el más animado de la banda se unió a nuestra juega y comenzamos a gamberrear en el pasacalles: hubo que agacharse y levantarse al ritmo de la música, bailar p’alante y p’atrás, vociferar lo de “ir a joder a Zaragoza”, lo del “carrico del helao” y todas las marchas habituales de los pasacalles. La gente del pueblo alucinaba. No habían tenido un san Juan tan animado desde hace muchos años.

Como todo lo bueno se acaba, también nosotros nos retiramos. Nuestras energías estaban bastante al límite. Nuestra noche loca duró hasta los dos y pico y marchamos para el Hostal donde nos habían reservado habitación. Al día siguiente, los demás continuarían la juega, pero nosotros tuvimos que regresar. Galicia queda demasiado lejos.

Fue un hermoso día. Agotador pero interesante. Una buena manera de entrar en los sesenta con humor, con amigos y con muchas ganas de vivir. Y ahora a esperar que esa misma cifra nos vaya cayendo encima a los demás. Por lo menos, nosotros ya vamos entrenados.

Gracias, Juan Manuel.

miércoles, junio 13, 2007

Final de curso


Se nota que estamos a final de curso. Parece que todo se va haciendo un poco más cuesta arriba. Y eso que debería ser al revés: dado que se acercan las vacaciones, eso tendría que animarnos por la cosa del “ya falta menos”. Pero ni por esas.
Lo que pasa es que todo se agolpa. Cada vez son más las cosas que quedan por hacer. Es terrible esa sensación. Te pasas el día tratando de ir resolviendo los compromisos y llega la noche y no sólo no tienes la sensación de haber avanzado sino que, al contrario, ves que te quedan más deberes de los que había por la mañana. Así que, de todas maneras, como no es posible completar los compromisos, pues te lías la manta a la cabeza y que sea lo que dios quiera. Eso explica que hoy esté en Granada.

Estoy aquí para discutir con los colegas de la Facultad de Educación sobre el futuro Grado de Pedagogía. No sé si es un buen momento para esos tema. Por un lado está toda la apatía política de estos últimos meses en relación a este tema. Es como si todo el mundo estuviese a la espera de que el MEC mueva ficha. Hemos dado tantos pasos en falso que ya nadie se atreve a plantear cosas nuevas hasta que se marquen las líneas de avance. Pero el tiempo va pasando. Tampoco ayuda mucho este calorazo de final de curso para meterse en estos berenjenales. Pero, en fin, a mí me gustan estos asuntos y meter un poco de bulla en los debates que, por lo general, tienden a ser bastante planos.

En realidad, por eso me han llamado. Debo ser para algunos como esos personajes de la TV a los que invitan para que los debates sean más movidos. La cosa es que en la reunión de hace un año en Barcelona, cuando estos temas estaban candentes, hice una propuesta un poco loca al final de la reunión de dos días. Algunos se cabrearon porque era algo que no tenía nada que ver con todo lo que se había estado trabajando durante meses. Pero, otros quedaron encantados y quieren que se abra esa nueva línea de posibilidades a la hora de planificar los próximos estudios de Pedagogía. A mí me viene bien, también, porque el modelo ya lo he podido experimentar en Chile. Y me gustó bastante. A ver qué me dicen mañana los colegas. Pero desde luego, la reunión va a ser movida.

viernes, junio 01, 2007

La Blanqui

Ella será siempre así, la Blanqui, con artículo. Nuestra hermana. La única entre 7 hermanos. Ya tiene mérito eso, ¿no? Y hoy está de cumple. Y no me ha sido posible contactar con ella por los malditos móviles que siempre se quedan sin batería cuando más los necesitas.

Bueno la cosa es que como no me quiero quedar sin felicitarle en su día voy a emplear este blog para hacerlo. Ya sé que ella lo lee de vez en cuando. Esta vez se llevará la sorpresa de ver que esta entrada está dedicada a ella. Desde el Hostal de San Marcos de León, donde estoy alojado hoy.

Pues nada hermana, eso. Muchísimas felicidades en este enésimo aniversario. Ya sé que hace años que no cumples, pero eso no justifica que debamos desaprovechar el día que siempre fue de tu cumpleaños. No sé qué haces tú en estas ocasiones. A mí me da por ponerme melancólico y dejarme llevar por las añoranzas. Primero uno lo toma a mal. Al final es echarte un año más a la espalda (mala cosa para la artritis ésa que, a lo que se ve, llevamos en nuestros genes los zabalzas, o los berazas, no sé). Pero luego, como a la fuerza ahorcan, ya te vas haciendo a la idea que la cosa no tiene remedio y que es mejor llevarlo con paciencia.

Te repito lo que tú me decías hace unos días cuando yo me adentraba en los procelosos 58. Y yo puedo decírtelo con más razón que tú:”porque eres estupenda, porque estás estupenda, porque tienes una edad estupenda, porque te quiero, MUCHAS FELICIDADES. Elvira suele decir eso también, que está en la mejor edad y su peso. Da gusto así.

Bueno, yo te veo muy bien, la verdad. Ahora con los nietos, mejor aún. Ya ves que, aunque la vida haya sido poco generosa contigo en algunos momentos, ha sido espléndida en muchos más. Tres hijos maravillosos, unos padres magníficos y una caterva de hermanos que, aunque cogidos uno a uno resultamos una cruz, en conjunto hacemos un grupo excelente (al menos eso es lo que dicen tus cuñadas).

Blanqui, tu ya sabes que siempre has sido (y sigues siéndolo hoy) muy importante para todos nosotros. Siempre fuiste abriendo caminos a los más pequeños. Nunca olvidaré tu tozudez (que te ganó constantes reprimendas y más de un bofetón) por establecer tus propios límites para llegar a casa por la noche, para defender tu independencia, para organizar tu vida, en general. Como yo era mayor que tú, chico y además me marché pronto de casa, no me beneficié tanto como los más pequeños de tus progresos. Nuestros padres tuvieron que ir cambiando sus criterios a medida que tú crecías e imponías los tuyos. Siempre has sido muy batalladora. Rompedora de moldes. Incluidos tus propios moldes, los que iban definiendo tu forma de ser. Resulta sorprendente ver cómo has ido cambiando con los años. Para mejor, por supuesto. Aquella chica-señora muy tiquismiquis con casi todo, muy exigente y con una cierta vocación de pija, se ha ido convirtiendo en una mujer mucho más flexible, permisiva y capaz de priorizar los esfuerzos en las cosas que merecen realmente la pena. Supongo que han sido tus hijos los que te han ido transformando. Como tú lo hiciste con nuestros padres.
En fin, hermanita, probablemente son los años los que nos permiten valorar más las personas con las que hemos tenido la suerte de compartir nuestra vida. Hoy nos toca emocionarnos con tu cumpleaños. Agradecerte las muchas cosas que has hecho por cada uno de nosotros, y desear que sigas igual de animosa, de cariñosa y de próxima a todos nosotros. Supongo que todos los hermanos te han llamado ya para felicitarte. Yo quiero cerrar la serie y repetirte que te queremos mucho, que te necesitamos mucho y que nada nos podría hacer más felices que verte a ti feliz a ti. FELICIDADES, Blanqui.

miércoles, mayo 30, 2007

Trajines y tristezas.

Cuando aún estoy con la resaca de Brasil, ya ando de nuevo metido en otros trances viajeros. Esta vez el destino es próximo (León) y el viaje corto, pero igualmente te sitúa en esa sensación de provisionalidad. Todo se convierte en una eterna interface en momentos aquí que deben ajustarse a momentos fuera de aquí. Y eso afecta a todo, al trabajo, a las relaciones, a la propia sensación de estar siempre en itinerancia. No me explico cómo deben hacer las personas para las que este ir y venir sea su modus vivendi. Debe acontecerles como a los pilotos que ya no sufren de jet lag o quizás que como están en un jet lag permanente ya ni se enteran.

Pero así están las cosas, super aceleradas, sin concederte un respiro. Y no sé por qué estos ajetreos intensos me desasosiegan. Me ponen triste. Unas veces más que otras. Esta vez, especialmente. Quizás sea el excesivo contraste entre un Brasil soleado, emocionante y vacacional y esta vuelta brusca a la realidad en la que apenas consigues sobrevivir sumido en un mar de urgencias, caras serias y demandas permanentes. Y con el jet lag encima. ¡Qué diferencia con aquellas dunas inmensas y extasiadas, con las lagunas adormecedoras, con la caipiriña a media tarde, con los paseos por la beiramar al anochecer! Las seis conferencias que me chupé en los 5 días de trabajo me parecen pecata minuta al lado de este vértigo santiagués. Debería haber un tiempo de descompresión, como en los buceadores. Aunque solo sea para ajustar el ritmo cardíaco a la movida del día a día.
Pero así es la vida. Y dentro de un rato a León. 400 kilómetros. Me dará tiempo a soñar un poco más con Brasil mientras esquivo los radares.

lunes, mayo 28, 2007

Half Nelson

Como ya decía en la entrada anterior, no hay mejor cosa para recuperar el equilibrio tras un viaje largo que incorporarte de lleno a la normalidad. Si te dejas vencer por el sueño o el muermo, vas perdido.
Así que nos fuimos al cine, como casi todos los domingos. Esta vez sin rumbo fijo. Las carteleras de Santiago no pasan por su momento más excitante. A mí el hombre araña, o piratas del caribe 3 me dejan frío. Tuvimos que ir a ver qué había y seleccionar lo menos malo. Y lo menos malo (creía yo) fue Half Nelson, una película de Ryan Fleco que cuenta con el atractivo de tener de actor principal a Ryan Gosling (muy premiado en diversos festivales) y el aliciente de que trabaja como profesor. Así que entré bastante ilusionado.
Es un film raro y duro. Aunque he visto hoy en la prensa de Santiago que lo describen como un “brillante ensayo sobre la educación”, yo jamás lo interpretaría así. Tiene poco de educación y mucho de drama personal de un sujeto demasiado sumido en su propia desgracia como para poder ser educador. El profesor está colgado del crack y la cocaína y a duras penas consigue mantenerse lúcido en los momentos clave. No es mal profesor si atendemos a las 4 palabras que articula en sus clases. Es buena la idea a través de la cual trata de que sus alumnos entiendan el cambio social y la evolución de la historia como lucha permanente entre fuerzas opuestas. Le sirve para explicar los movimientos de liberación. Es gracioso que en la película, alguien le pregunte si es comunista, como si el director quisiera dejar caer la idea de que ese tipo de mensajes son propios de los comunistas. Sin embargo, su tesis repetida constantemente es que una persona a solas nada puede hacer para alterar el sistema. En su caso, ni siquiera para comenzar a reconstruir su propia vida.
Pero la auténtica protagonista de la historia es Drey, una niña de trece años, una de sus alumnas. Al principio pensé que la niña se había enamorado de él y que trataba de seducirlo. Pero las situaciones son tan asimétricas y el profe está tan destrozado que poco a poco te vas dando cuenta de que lo que ella hace es protegerlo. Y su mirada no es otra cosa que una llamada limpia a que salga de ese infierno en el que se ha metido y le está matando. Seguramente también hay amor en la niña, pero ese tipo de amor de alguien que quiere ayudar. Uno se va dando cuenta de que los papeles están cambiados. No es él quien le está enseñando (menos aún educando) a ella. Es ella, la que le acompaña y, en cierta medida, intenta salvarlo a él.
He leído en algún sitio que el nombre de Half Nelson viene de una llave de lucha libre de la que es muy difícil salir. Quizás eso le pasa a Dan, el profe yanqui. Como educador convencional no puedo dejar de sentir pánico por la situación que describe el film. Como adicto al cine he de reconocer que aunque es una película un poco lenta y peñazo, está muy bien trabajada y te hace pensar. Me sedujeron enormemente las miradas limpias a la vez que desoladas del profesor en sus momentos de infierno, miradas especialmente desengañadas cuando lo veía la niña. Y las miradas tranquilas de ella.
Y al salir entendí un poco mejor el mensaje del film. Volví donde el cartel anunciador y me fijé en el subtítulo: cuando enseñar es otra forma de aprender (o algo así). Y me pareció muy justo. En realidad era la niña la que le había estado enseñando todo el tiempo. Es uno de esos films que incorporaré el próximo curso a mis clases.

Con jet lag y cuesta arriba

Eso es lo que pasa cuando uno regresa de viajes largos, que tiene que hacer frente a un doble desafío. Luchar para mantener los ojos abiertos y no dormirse a cada paso. Y recuperar la normalidad. Lleva su tiempo y no sirve de nada querer apurar los plazos. La cosa es que uno cuenta los días del viaje tomando en consideración desde que sale hasta que regresa pero habría que incluir estos otros del despabile, que no está uno para nada. Bueno lo del para nada, es un decir. Pero para poquita cosa.
Casi 10 días en Brasil no puede ser analizado más que como un premio. Más aún si uno va al Noroeste, a Fortaleza y a Sao Luis. La gente suele ir allí pagando sus vacaciones. Que te lleven para trabajar un poco y te atiendan a cuerpo de rey, es una plusvalía importante. Y lo he pasado bien. Esta vez, no tengo excusas. Han sido unos días de ruptura con todo el estrés que venía soportando desde hace varias semanas (ya se ve en el blog, que ni tiempo he tenido para ir contando cosas). Y aunque tenía razón aquella amiga que decía “qué dura es la vida del turista”, no me ha importado nada madrugar y viajar a lugares paradisíacos. Casi ni me molesta haberme quemado como un camarón. Lindos lugares que solo son posibles en Brasil: playas infinitas de aguas blancas, fallas increíbles sobre tierra arcillosa creadas por el efecto de la lluvia; dunas inmensas que recorres en jeep haciendo piruetas llenas de emoción y chutes de adrenalina; dunas que dan al mar en descensos en picado y por los que te deslizas hasta el agua con una tabla frotada de vaselina para que corra a tope; enormes dunas de arena purísima con un corte casi artístico (como en las estatuas que se hacen en la playa en estos movimientos de arte efímero) y en cuyos intermedios la lluvia han ido formando lagunas de un agua purísima. Todo ha sido de una belleza tan fuerte, tan impactante que será difícil de olvidar. Yo creía que se me estaba acabando el encantamiento que siempre ha ejercido sobre mí Brasil. Pero ya he visto que no. He regresado mucho más enamorado de aquella tierra y de las emociones que es capaz de provocar. Estoy feliz. Si no fuera por este maldito sueño…

lunes, mayo 14, 2007

Buenos Aires es una mina, ché!


De Pamplona a Buenos Aires, pasando por Coruña y acabando en Santiago. Mis protocolos de fin de semana son muy exigentes como se puede ver. Y hay que seguir el protocolo. Todo hubiera ido bien, si no me hubiera amargado la tarde esa humillante derrota del Osasuna por 1-4.
Tenía trabajo en la Pública de Navarra el Viernes y para allá marchamos el jueves. El viaje fue tranquilo y llegamos justo a la cena en Casa Manolo, un tradicional de la buena cocina navarra (magnífica, por cierto, tanto por el menú como por la compañía). El Viernes, a vueltas con los ECTS en la uni por la mañana (no estuvo mal, pero es que son incondicionales) y tarde familiar. Y el sábado, prefetejamos mi cumple con una comida familiar y el consabido mus de sobremesa. Perfecto.
Pero el protocolo seguía su ritmo. Nuevos 750 Kms. el domingo por la mañana para llegar a Coruña a visitar a la pequerrecha Almudena, hija recién nacida de unos sobrinos. Una cosita linda a la que mantienen en la incubadora por unos día. Me dejaron pasar como abuelo ficticio y allí pude juguetear con ella que tomaba sus rayos UVA al margen del mundanal ruido (y no es una metáfora, la verdad es que el Materno era una locura de gente el domingo por la tarde).
Y la jornada acabó en Santiago sendo fieles al protocolo hasta el final. Y el final es, casi siempre, el cine. Esta vez nos decidimos por Buenos Aires, ciudad en celo. Una peli menor pese a la ilusión que siempre me hace el cine argentino por sus magníficos guiones y a que ésta la anunciaban como el repaso de su vida de un grupo de amigos cuarentones. Una “tanguedia” la definió el director, mitad tango, es decir, tragedia, y mitad comedia. Tuvo cosas agradables pero sin pasarse. Pudimos disfrutar de algunas de esas frases argentinas tan rotundas que te dan ganas inmediatas de apuntarlas. Hubo varios tangos con imágenes y juegos de palabras preciosos. Y faltó un poco más de Buenos Aires que era lo que yo esperaba. Pensé que Gafett, su director, haría un canto a Buenos Aires similar a los que hace Woody Allen de Nueva York. Pero no fue así. Buenos Aires apenas aparece, salvo como tema de conversación. Interesante, esa pregunta de “¿y para vós qué es Buenos Aires, un tipo o una mina? ¿La identificás con el obelisco o con el tajo de San Telmo?”Es una mina, ché!” Y las razones habituales de los amores complicados: no consigues ser feliz con ella pero no puedes vivir sin ella; te puedes escapar pero nunca te vas del todo, la quieres y la odias. “Una mina, ché!”

martes, mayo 01, 2007

¿Astenia primaveral?

El otro día me contaba una amiga que se sentía cansada y apática, como si hubiera hecho un gran esfuerzo y estuviera sufriendo las consecuencias. Astenia primaveral, le dije presuntuosamente. Pues no sé lo que es pero quizás sea eso, me contestó, porque otra explicación no se me ocurre.
También yo estoy sintiendo algo parecido. Se suceden intermitentemente días de un gran dinamismo y días que estoy de un apagado que yo mismo me sorprendo. Hasta lo está notando el blog. Siendo como era un placer el mantenerlo al día, ahora ni se me ocurre de qué escribir y se me hace muy cuesta arriba sentarme a redactar algo. ¡Qué desastre, por Dios!.

Y eso que ha sido una semana muy especial. Muy taurina, de esas en que vas sintiendo los cuernos del toro en tu trasero y sabes que el menor descuido puede significar una cornada segura. Ha sido una semana de debates en Internet con otros colegas del área (Gimeno, Jurjo, Imbernom, Benedito, etc.) del grupo de los “críticos”. Debates intensos con algunos momentos de confrontación cuerpo a cuerpo. Eso eleva la adrenalina. Quizás la pesadez actual tenga que ver con el postcoitum del debate.

El caso es que hubo unas pruebas de habilitación con resultados que no agradaron a todos, sobre todo a los que no las sacaron. Y protestaron. Y hubo quien, basándose en esa protesta (seguramente justificada) comenzaron a escribir cosas terribles. Que había regresado el fascismo, que había personas indignas que solo buscaban poder y tener una caterva de esbirros. Lindezas de ese tipo. Me animé a participar en el debate contradiciendo esas visiones catastrofistas e interesadas (siempre se dice eso de los “otros”). Y fue interesante porque se organizó un debate muy intenso y morboso (sobre todo, porque algunos de los que contestaron fueron a por mí). Y, entre escritos y réplicas, hemos tenido a toda el área en vilo durante una semana. No suelo arredrarme ante situaciones así, pero ciertamente agota. Genera mucha tensión en quien se ve tan personalmente implicado.
El caso es que, creo, he quedado bastante bien. Bastante gente me ha llamado o escrito mensajes personales felicitándome o dándome las gracias o mostrándose orgullosos de ser mis amigos. Pero, en cambio, nadie de los que han participado en el debate parecía coincidir conmigo. Eso genera una sensación extraña. Te lleva a sentirte francotirador y outsider. Hubo alguien que me decía que lo mejor era no entrar en el debate. Que el mayor desprecio era no contestar. Pero yo creo que no. Que lo que realmente importa es el no tenerles miedo. No tener miedo a nadie. Creo que mucha gente pensaba lo que pienso yo, pero no so atreven a decirlo. Y menos así, en público y en un debate. A mí me parece que es algo fundamental. Y si de algo me siento satisfecho es, justamente de eso. Seguramente no tenía razón en todo lo que defendí, pero todo el mundo en el área sabe, si es que no lo sabía ya, que Zabalza siempre está dispuesto a defender sus ideas. Y que no le importa demasiado con quién haya de discutir. Respeto a todo el mundo (mis escritos fueron siempre claros, incluso duros a veces, pero de guante blanco, sin peder nunca las formas) pero no estoy dispuesto a que nadie patrimonialice el derecho a hablar o a juzgar a los demás.

lunes, abril 23, 2007

Comenzando la semana.

Comenzar una nueva semana es, objetivamente, pasar la hoja y abrir un nuevo espacio del calendario. Pero para mí, la cosa es aún más importante, algo así como iniciar una nueva etapa de una aventura. Los lunes traen consigo momentos inciertos que pueden provocar movimientos erráticos. Cada semana es como una nueva pieza de baile, por eso es importante empezarla con buen ritmo. Como pierdas el paso desde el lunes, las cosas se pueden torcer seriamente. Si lo pierdes el jueves o el viernes por la mañana, la cosa es menos grave. Pero ya desde el lunes… Por eso suelo entrar en los lunes con ganas y “a la expectativa”. Por lo menos, que si algo sale mal no sea por falta de buenos propósitos.

Además, esta semana pasada ha sido una semana un tanto especial. Me he quedado solo en el despacho y me ha dado una crisis de limpieza. Yo creía que lo que hacía era simplemente tirar papeles antiguos y desprenderme de libros que no utilizo. Pero una amiga me ha señalado que, probablemente, lo que estaba haciendo, simultáneamente, era una limpieza interior. Que debía desear mucho desprenderme de lastres personales y que ese proceso interior lo visibilizaba a través de la limpieza del despacho. Me pareció una explicación bien intencionada pero demasiado sofisticada. En todo caso, no sabría decir de qué “sobrantes” personales me he desprendido, pero puedo asegurar que salieron del despacho en torno a los 200 kilos de papel y libros.

Y eso que es bien difícil desprenderse de libros. Los papeles y documentos también siento perderlos, pero con los libros es un dolor particular. Una becaría que pasó por el despacho me miraba horrorizada diciéndome :”¿pero cómo es posible que puedas tirar libros?”. “Con un gran dolor de corazón, le dije. Y solo me consuela pensar que, en el fondo, no los tiro, se los paso a la biblioteca o a vosotras para que podáis aprovecharlos. Sólo los socializo y, dentro de la amargura de perderlos, encuentro el consuelo de que para ellos es sólo como cambiar de domicilio”.

Pues así entro en este nuevo lunes: con menos lastre personal (ojalá), con muchos menos papeles y libros en el despacho (aunque, la verdad, aún se nota poco, es como cuando uno comienza un régimen y le parece que ya ha bajado mucho de peso pero los otros le dicen que apenas se le nota), con el despacho remozado (finalmente María tiene una mesa decente) y, a lo que se ve, con buen tiempo.
Mucho se me tienen que torcer las cosas para que esta semana no resulte estupenda.

martes, abril 17, 2007

Bodas y aniversarios

Si dejas pasar días sin escribir en el blog, luego todo se hace más difícil. Tienes demasiadas cosas que contar y se va diluyendo esa combinación de hechos y emociones que constituye lo más atractivo de esta especie de diario abierto. También es lo que hace más riesgoso el escribir, saber que tus emociones pueden colarse entre los entresijos de las frases y en el color de los adjetivos y otros elementos connotativos que van surgiendo. Al final quedas medio desnudo. Un riesgo.

Ha sido una semana llena de picos y de valles. Todos muy saturados de emociones, lo que quiere decir que lo he pasado muy bien y muy mal. Y en ambos casos con intensidades semejantes. Y así, en esa montaña rusa emocional, han pasado cosas importantes: un viaje intenso a Málaga, la boda de la hija de un amigo íntimo (gemelos, nos creían de estudiantes), mi aniversario de boda (33 años, quién lo diría!) y, por supuesto en un tono menor, la película del domingo.

La boda de Sandra el día 14, en el mismo día en que fue la mía hace 33 años, fue una especie de lugar de reencuentro de viejos compañeros. Con algunos de ellos hacía más de 30 años que no nos veíamos. Nada que ver con aquellos tiempos los actuales. Así que no sé si fueron emociones agradables o desagradables las primeras. Luego, por supuesto, cuando uno penetra en los recuerdos enseguida se encuentra la zona común de experiencias y afectos. Y entonces enseguida se reavivan las llamas de las viejas amistades. Lo pasamos muy bien. Fue doloroso saber que habíamos perdido por el camino a algunos compañeros, pero se compensó con la alegría inmensa de abrazar de nuevo a gente que querías mucho. Luis, el padre de la novia, hizo la homilía en mi mejor estilo y chorreando sentimientos como debe ser.

Bailamos toda la noche (empieza a notarse la nueva seguridad que te dan las clases de baile de salón; al menos vas cogiendo el ritmo, contando los pasos y repasando movimientos) y lo pasamos muy bien.

Al final de la ceremonia, la coral que cantó en la Misa ofreció un pequeño concierto de 4 piezas. Una de ellas un bolero que me dejó enloquecido. Cuando acabaron fui a pedirles la letra. Se quedaron un poco extrañado pero me la dieron. Mirad qué letra maravillosa:

Quiero estar, mi amor, contigo a solas / contigo a solas, solos tú y yo/ esta noche tibia que provoca/ la noche loca de amor.
Quiero sentirte muy cerca / quiero beber tus suspiros /emborracharme de besos/ de tus besos amor mío.
Y así estrecharte en mis brazos/ cuando esté a solas contigo.
Quiero estar contigo a solas/ te lo juro por los dos/ ser esclavo de tus ojos, de tus besos, de tu amor.

Suena un poco cursi así a pelo. Pero fue un bolero que te ponía los pelos de punta. Y más en aquel contexto y en aquella fecha.

Del aniversario de boda no hablaré hoy. Aunque el referente es un día concreto, eso dura todo el año. Pero es hermoso haber llegado, sin grandes tropezones, a esa madurez afectiva y personal que te permite mantener un proyecto de vida común durante tantos años. Seguir queriéndose, deseándose, buscándose… mantener la misma complicidad (ahora mejorada con un repertorio mucho más amplio de signos cuyo significado solo nosotros sabemos), seguir aceptándose como cada uno es incluso en lo que menos te agrada… En fin, son treinta y pico años.¡Quién nos lo iba a decir cuando comenzamos! Y lo más gracioso es que los padres de la novia se habían casado un año antes, nuestros amigos a la izquierda (compañeros de curso a los que nos sentaron en la misma mesa) un mes antes que nosotros, los otros amigos de la derecha un año después. Así que éramos un compendio de matrimonios duraderos. Muy raros ya. Quizás por eso nos pusieron juntos. Como haciendo un grupo de autoayuda.

De la película del domingo (Seduciendo a un extraño) poco puedo rescatar, salvo un guión magnífico que te tiene en vilo hasta el final donde se desencuadernan todas tus hipótesis. Y tratándose de seducción y relaciones no podía dejar de verla. Rescato de ella una perla. Lo dice Bruce Willis : “en las relaciones lo más importante es la sinceridad; en cuanto aprenden a fingirla, lo demás es ya fácil”.

domingo, abril 08, 2007

Cosas y cositas.

Como he pasado los últimos días en una aldea, no he tenido la oportunidad de ir manteniendo abierto el blog. Y eso que la paz del campo invita e incita a pensar mucho y en muchas cosas. Me habían dicho que teníamos WIFI (la Xunta quiere que haya Internet en todas las aldeas) pero el proceso es un poco complicado y todavía no estaba listo. Así que los pensamientos tendrán que esperar un poco para ir saliendo en orden. Espero que no pierdan nitidez ni actualidad.

1. Lo escuché en la radio. Los locutores habían planteado a la gente que contaran cómo pensaban pasar sus vacaciones de Semana Santa. Y para darle morbo, daban prioridad a aquellos que en su terminología temían que sus vacaciones serían un "full". Yo creí que full era algo bueno: significa lleno y en los naipes es una buenísima jugada. Pero para ellos debía ser todo lo contrario: unas vacaciones de lo peor. Y se iban sucediendo llamadas con vacaciones chungas de veras. En eso llamó un chico joven (supongo). Contó que su novia le había dicho que los padres de ella se iban a Alicante desde el jueves y que iban a poder pasar juntos, en la casa de ella, todo el fin de semana. ¡Guai, pensé yo, tiene suerte el puñetero! Pero qué va, el lo decía quejándose. Los locutores se lo tomaron a guasa: ¡tú quieres darnos envidia, cabroncete!. No, no, decía él, yo a mi novia la quiero mucho. Pero no aguanto más de un día o, como mucho, dos con ella. Así que la perspectiva de todo el fin de semana juntos le parecía, efectivamente, un "full" en plan fatal.
Me hizo gracia, por lo patético de la situación.

2 He vuelto de las vacaciones con tendinitis. De pintar. La aldea exige tener una rutina estable. Si te descuidas se te pasan los días sin que te des cuenta. No te cunde nada. Yo me había propuesto que por las mañanas haría trabajo físico y por las tardes el intelectual (leer, escribir y corregir unos exámenes que tenía pendientes). El trabajo de las mañanas salió bien. Los hórreos han quedado preciosos. He consumido 8 kilos de pintura verde pero ha merecido la pena. Tenemos el conjunto de hórreos más largo de Galicia (sólo que en lugar de ser uno solo son dos), o uno de los mayores. Tampoco importa. Pero verlos ahora es un placer. Caro que como uno no pasa de ser un simple aficionado tengo pintura hasta en el velo del paladar.

3. Y en una de esas (yo subido a una escalera de hierro de 4 metros, con un pañuelo con nudos en las puntas como sombrero y un chandal que ya no se sabía si era negro, como de limpio, o verde como las miles de manchas de pintura que lo embadurnaban) llegó una chica jovencita a la era. Me preguntó por mi cuñada y le dije que habían ido a tomar un café a la taberna. Venía a hacer un reportaje audiovisual sobre nuestra casa como trabajo de fin de carrera. Y allí se fue en su búsqueda. Cuando se la encontró le dijo: ya me dijo el obrero que tienen en la finca que podía encontrarla aquí. Ellas se partieron de risa y a mí me encantó. Al final, eso es lo que he sido durante las mañanas, un resignado obrero que ha acabado con tendinitis.

4. La aldea también tiene sus inconvenientes. Sobre todo para los alérgicos. Ha sido una semana de inmenso polen en el aire. El coche se cubría a cada poco con una capa verde de polen. A ratos, lo he pasado realmente mal, con los ojos hinchados, dolor de cabeza, estornudos constantes y unas taquicardias poco tranquilizadoras. Menos mal que por las noches llovía un poco y la cosa se relajaba.
5. Otra maravilla de las aldeas es el fuego. Igual que el mar, el fuego es todo música. Parecería que las llamas llevan su propio compás y te cautivan en su armonía. Parece que te acarician. Quedarse mirando la chimenea es un auténtico placer. Estético, térmico (porque hacía frasquete, por la noche incluso frío, y se agradecía el calor) y, si estás acompañado, incluso más.

6. La noche de sábado santo fuimos a los oficios. Un peñazo, Dios me perdone. Casi dos horas de lecturas interminables, de ritos antiguos y de escaso significado hoy en día. Yo comprendo que a esas cosas se va por que uno quiere y cree en ellas. Y, efectivamente, por eso fuimos. Pero salimos casi todos desesperados. Y el problema es que el sacerdote que los ofició ni se dio cuenta y, por supuesto, para nada se va a plantear revisarlos para el próximo año. Otro día me referiré a este tema, pero cada vez me parecen más alejados los ritos que la Iglesia católica mantiene en sus celebraciones estrella.

7. Y hoy, ya de regreso. Después de unas vacaciones aceptables. Pude ver a amigos que hace tiempo no veía. Tuvimos una comida con la gente joven de la familia (incluida la tercera generación que ya va llegando). Trabajé (y tuve así la oportunidad de cambiar un poco de canal a mi neurona), leí, escribí, paseé (menos de lo que debería y, por eso, no seguí la regla de oro que le recomendaba su médico a un amigo portugués: “menos plato y más zapato”) y hablamos mucho. No está mal.

8. Y ya en Santiago, hemos ido a ver “Días de Gloria”. Un peliculón. Pero eso es ya otra historia y se merece su propia entrada.

miércoles, abril 04, 2007

La Semana Santa

Ya no es lo que era. Recuerdo, es este caso sin nostalgia alguna, aquellas semanas santas peñazo en las que no se podía hacer nada. Todo parecía atrapado tras el velo cultural de una tristeza impuesta oficialmente. Solo quedaban los oficios a los que, obviamente, no se podía faltar. Desaparecía la música, en la televisión solo se podían ver programas religiosos y películas catequéticas (quién no recuerda haber visto infinidad de veces Moisés, Los Diez Mandamientos, Marcelino pan y vino, alguna de la Pasión, etc.). En fin, debió ser de entonces cuando la gente comenzó a preferir marchar unos días a la playa, a pesar de las caravanas, a quedarse en casa.

Es más divertido ahora en que cada uno se lo monta como puede para hacer lo que más le gusta. De todas formas, más que envidia, me dan pena esos millones de personas que cogen su coche para soportar inmensas caravanas hasta la playa, donde seguramente no se podrán bañar porque hace frío. Yo creo que es el moderno Via Crucis, con sus paradas, sus tensiones, los accidentes, en fin, la penitencia cuaresmal.

También tiene sus encantos, desde luego. Tengo recuerdos imborrables de algunas Semanas Santas en Sevilla o en Priego de Córdoba. Lo que yo creía que era un mero espectáculo acabó atrapándome y me hizo sentir emociones difíciles de explicar. También han sido hermosas otras Semanas Santas de excursiones y viajes.

Últimamente nos quedamos en la casa de la aldea. Si viene un poco atrasada, pasar la Semana Santa en Orazo es una delicia. Siempre tienes mucho que hacer porque es la época de remozar los jardines y las plantas. Los días comienzan a alargarse y las tertulias a la caída de la tarde resultan jugosas. Yo ya tengo claro cuáles serán mis tareas para estos días: pintar los dos hórreos, cerrar los primeros capítulos de un nuevo libro, pasear y leer mucho. Y hasta me han dicho que han puesto WIFI en el cine-club de la aldea. Así que ya no nos falta de nada.

martes, abril 03, 2007

Enamorarse.

Ayer tarde fuimos a ver "Atlas de Geografía Humana", la versión cinematográfica (tardía) de la obra de Almudena Grandes. La crítica que aparecía en la prensa de la mañana, aunque le reconocía ciertos méritos estéticos, no la ponía bien, pero la autora del texto reconocía que a ella no le gustaba la literatura de Almudena Grandes. Pero a mí me encanta por su desenfado, por los temas que aborda, por lo bien que escribe.
Poca gente en el cine.Unas 20 personas. Todas mujeres, menos yo, claro.
Comenzó la proyección y allí se fueron desarrollando las historias de 4 mujeres con perfiles personales muy definidos. Quizás en exceso, para hacer realmente creibles sus avatares. En realidad, como casi siempre en la literatura de Almudena, las cosas que pasan son simples encuadres para narrar historias de amor, o de sexo sin más. En esta hay más amor (amores complicados todos ellos, quizás esa fuera su tesis, que a una cierta edad todos los amores son muy complicados). Salvo una soltera (¿por qué tiene que ser la tartamuda, la menos agraciada?), las otras tres tienes serios problemas matrimoniales: una separada, otra apática y consciente de que su marido sale con otras y la tercera resignada pero agobiada y deseosa de algún estímulo extramatrimonial que reavive sus brasas. Y todas ellas vuelven a "reenamorarse" (¿es eso lo que hay que hacer a los 40?) y a pasar por ese proceso difícil de búsquedas, ansias, expectativas, desvelos. Como en el caso de las familias de que hablaba Tolstoi todos los enamoramientos buenos son diferentes y todos los malos tienen mucho en común. "Enamorarse no es eso (pasar una noche con alguien y quedar prendada), dice una de las protagonistas, es algo cerebral. Una reinterpreta la realidad, la reconstruye. Y eso lleva tiempo". "Pues a mí me llego follando, le dice la otra". Tristemente, a la cerebral es a la que le salió mal, mientras a la más vital acabó saliéndole bien (¿otra moraleja de Almudena?). Interesante el proceso de una de las casadas para recuperar su matrimonio. También el seguido por la soltera para ajustar sus expectativas a las condiciones de su pretendiente. En una de las ocasiones ella rechaza una invitación del Forito para irse a la playa con él diciéndole que tenía que pensárselo. Pero luego se arrepiente y ella misma se pregunta "¿y qué es lo que me tengo que pensar?"."¡Eso digo yo!", le oí comentar a media voz a la chica que tenía en la fila de delante".
En fín, una película sin grandes pretensiones y en la que se pasa bien. Como sucede siempre con las versiones de la vida que da Almudena Grandes, se suscitan discusiones interesantes sobre todo este mundo de los amores, las relaciones, los matrimonios y esas cosas de la vida que nos envuelven. Y la verdad es que lo que llama más la atención es la enorme policromía con que todos estos procesos aparecen: las relaciones acaban siendo tan distintas como lo somos las personas, y lo mismo los amores y las formas en que se concretan. La vieja rigidez de una cultura tan asentada en la religión como la nuestra donde todo estaba normativizado y las cosas tenían que ser (y parecer) de una determinada manera, se ha roto afortunadamente. Hoy todo es mucho más variable, más transitorio. No sé si más sincero, creo que no. Y desde luego, sigue provocando los mismos sufrimientos y dependencias de siempre.
Todo un atlas de la nueva geografía humana, al menos en lo que a las relaciones se refiere.

viernes, marzo 30, 2007

El Orfeón pamplonés


Fue una experiencia maravillosa acudir al concierto de ayer. La Real Filarmonía de Galicia, con Ros Marbá de director, interpretaba “Un réquiem alemán” de Brahms. Pero lo más sugestivo para mí era que actuaba el orfeón pamplonés. Es en estos casos cuando salen a relucir las esencias navarras que llevo dentro y sientes el orgullo de ser pamplonica. Bueno pues las expectativas se cumplieron por todo lo alto. Fue un concierto de esos que resulta difícil olvidar.
Todo el concierto fue espectacular, pero hubo momentos de auténtico orgasmo musical, esas sensaciones en que te sientes totalmente mecido por una melodía cautivadora que te envuelve y te absorbe y acaba adueñándose de ti. Cien voces entonando los “vivace” y “allegro” de algunas partes del réquiem producen sensaciones difíciles de narrar.
Aunque pudiera parecer que un réquiem tiene que ser algo pesado y aburrido (más aún si es en alemán), nada de eso sucede con esta pieza. Si siquiera tuvimos intermedio. Hora y media de placer continuado.Al final me crucé con algunos otros amigos navarros, fieles también ellos a los conciertos. Y bastó con un guiño cómplice para saber cómo habíamos disfrutado y como nos sentíamos satisfechos con la visita del Orfeón pamplonés.

jueves, marzo 29, 2007

La asertividad (2)


Comentaba el otro día la grata sorpresa que había tenido al descubrir que el tema de la asertividad era mucho más complejo de lo que yo pensaba. Una sorpresa agradable, porque aunque fui educado para hacer lo contrario (evitar decir nada que pueda molestar a quien te escucha, callarte tus sentimientos, evitar los conflictos y tratar de buscar puntos intermedios cuando los haya), últimamente voy perdiendo esos límites, sobre todo en algunos temas y con algunas personas. Pero siempre he vivido con mucho agobio las situaciones en las que los demás se permitían el lujo de protestar y ser francos consigo mismos y los demás mientras yo me sentía incapaz de hacerlo. Me han hecho sentir siempre una secreta envidia, sobre todo por la alta autoestima que esa postura refleja. Y es eso, justamente, lo que vienen a señalar los defensores de la asertividad: que está muy relacionada con la autoestima. Y con la propia salud mental. También por eso se justifica la envidia.

Me ha encantado ver, además, que con toda esta historia se han ido estableciendo toda una serie de derechos de las personas. La enciclopedia virtual Wikipedia habla de 25 derechos todos ellos muy interesantes:
Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
Derecho a equivocarse y a hacerse responsable de sus propios errores.
Derecho a tener sus propios valores y opiniones.
Derecho a tener sus propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás.
Derecho a ser uno el único juez de sí mismo, a experimentar y a expresar los propios sentimientos.
Derecho a cambiar de opinión, idea o línea de acción.
Derecho a protestar cuando se es tratado de una manera injusta.
Derecho a cambiar lo que no nos es satisfactorio.
Derecho a detenerse y pensar antes de actuar.
Derecho a pedir lo que se quiere.
Derecho a ser independiente.
Derecho a decidir qué hacer con el propio cuerpo y con el propio tiempo y las propias propiedades.
Derecho a hacer menos de lo que humanamente se es capaz de hacer.
Derecho a ignorar los consejos de los demás.
Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta.
Derecho a estar solo aún cuando deseen la compañía de uno.
Derecho a no justificarse ante los demás.
Derecho a decidir si uno quiere o no responsabilizarse de los problemas de otros.
Derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
Derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
Derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
Derecho a hacer cualquier cosa mientras no se violen los derechos de otra persona.
Derecho a sentir y expresar el dolor.
Derecho a hablar sobre un problema con la persona implicada y en los casos límites en los que los derechos de cada uno no están del todo claro, llegar a un compromiso viable.
Derecho a escoger no comportarse de una forma asertiva.

Algunos de esos derechos son obvios, con asertividad o sin ella. Pero otros son interesantes de veras: protestar cuando te sientes mal tratado; a decidir sobre tu cuerpo, tu tiempo, tus propiedades; a hacer menos de lo que eres capaz de hacer (¡qué relajante derecho!); a ignorar os consejos de los otros; a decir que no;a estar solo; a no tener que justificarse a cada paso (para mí, ya con este era suficiente para mejorar mi vida); a no tener que responsabilizarse de los problemas de los otros; a elegir entre responder o no (¿no es maravilloso?; a no tener que anticiparse a las necesidades de los demás (¡uff, qué descanso!). E incluso el último es magnífico: el derecho a no ser asertivo.
Esta bien todo esto. Seguramente mejora la vida de las personas asertivas. La cuestión está en qué pasará con los que en ese juego hacen el papel de “los otros” o “los demás”. Vamos, yo mismo.

lunes, marzo 26, 2007

El velo pintado

Antes de que se disipen las emociones del fin de semana tengo que comentar este hermoso y extraño film de John Curran, a lo que parece, basado en una novela de Somerset Maugham.
No se entiende muy bien el título (quizás en la novela) de velo pintado. Se llevó un Globo de oro a la mejor música y se merecería otro a la fotografía, sobre todo cuando recoge los paisajes estremecedores de la China montañosa.
Pero como es fácil de entender para quien me conozca, lo que más me ha interesado es el guión y la temática que aborda: las relaciones de pareja, la forma en que dos personas construyen (o destruyen) su relación. No lo recuerdo literalmente, pero me llamó la atención el subtítulo que figura en los carteles: “a veces la distancia más larga entre dos puntos es la que separa a dos personas que viven juntas”. Si no es ése el texto, ése es su significado. Y qué bien lo refleja el film.

Ambientado en la Inglaterra de los años 20, la historia es sencilla. Una pareja que se casa para huir (ella, Naomi Watts) de su familia y él (médico bacteriólogo, Edgard Norton) para huir de la soledad de su trabajo en Shangai. Una infidelidad prematura (de ella) y el terrible recorrido para reconstruir lo que él vivió como un auténtico desastre. En esa desesperación fuerza (él) un cambio de destino, yéndose a una zona interior de China donde se ha extendido una plaga de cólera. Es como si se condenara a muerte y quisiera llevarse en ese trágico proceso a su esposa infiel. O sería todo un planteamiento estratégico para tratar de reconquistarla en un marco de máxima tensión.

Es impresionante ver la tensión que se crea entre ambos, el desprecio mutuo, la distancia que los separa. Parece mentira que una persona como él que arriesga gozoso su vida por salvar a enfermos del cólera es capaz, en sus relaciones personales, mantener esa dureza y desprecio. Pero la situación los va sometiendo a ambos a tensiones excesivamente fuertes como para poder sobrevivir aislados. Acaban necesitándose, haciéndose visibles el uno para el otro, buscándose y, finalmente deseándose. Quizás, incluso, amándose.¡Pero qué terrible recorrido para ambos!

Ya es difícil de por sí vivir en pareja, pero vivir así, despreciándose mutuamente, agrediéndose (aunque sea una agresión sin golpes), ninguneándose, debe ser terrible. No consigo entenderlo, la verdad. No creo que haya mayor castigo posible. La indiferencia aún podría ser soportable pero esa agresión permanente tiene que desgastar tanto que uno debe casi desear la muerte.

La moraleja me vino bien. Como viajo tanto, trato de convencer a Elvira (con poco éxito, la verdad) que lo nuestro es la “presencia ausente”, seguimos juntos aunque estemos lejos. Ayer volvimos sobre el tema.¡Ves, le decía, ellos estaban juntos pero seguían a miles de kilómetros de distancia! Lo suyo era la “ausencia presente”. Pero no quiso entrar en disquisiciones.

Y fuera de la tensión del film, me encantó la monja anciana que describía su relación con Dios también en términos de pareja. Me casé muy enamorada de jovencita, decía, pero luego mi amor se fue disipando a base de frustraciones. Hoy seguimos juntos pero sin emoción, como un matrimonio de ancianos que se sientan juntos en el sofá para ver el televisor pero ya no se hablan. Y eso que ella se dejaba la vida salvando enfermos y huérfanos. Me encantó.

La asertividad.

La interacción asertiva ideal es aquella en la que
los participantes acaban sintiéndose mejor que antes.

S. Neiger y E. Fullerton

Suele decirse que nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo. Eso me ha pasado a mí. Estaba equivocado (lo cual es un poco humillante siendo uno psicólogo) sobre lo que significa asertividad y conductas asertivas. Yo creía que la asertividad tenía que ver con el “ser positivo”. Tratar de ver en uno mismo y en los demás las cosas positivas. Pero, por lo visto, no se trata de eso. Ya me había pasado alguna vez que, discutiendo con alguien, él o ella me decían que trataban de ser asertivos. Y yo pensaba para mí, “leche, con tu asertividad, si llevas media hora poniéndome a parir…” Pues sí, por ahí van los tiros: “consiste en saber expresar nuestras necesidades y puntos de vista, respetando los ajenos”. Y con ese orden de prioridad, calculo: primero lo mío y luego lo ajeno. Tiene que ver, a lo que veo, con la comunicación: “ un comportamiento comunicacional maduro en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos”.
Tengo que confesar que mi fuente inicial de información fue una de esas revistas femeninas que nos regalan con los diarios del fin de semana. Allí, en las habituales páginas de psicología aparecía la consigna de “aprende a ser una persona asertiva”. Y como era un texto corto, lo leí. Con la sorpresa que acabo de contar. Me interesó, aún más, cuando comprobé que una de las preguntas clave para saber si eres o no asertivo es preguntarte si “sabes decir que no”. Vaya, me dije, esto me va a interesar.
Cuando me he ido a fuentes más fiables ya he podido comprobar que efectivamente se trata de un tema al que últimamente se le ha concedido una notable relevancia como una de las habilidades sociales importantes en nuestro tiempo. ¡Que me lo digan a mí! Tiene mucho que ver con la autoestima y te capacita para actuar, pensar o decir lo que consideres más apropiado para ti mismo, lo que responda mejor a tus necesidades, intereses o derechos (¿no parece magnífico?) sin tener que agredir a nadie ni (eso está bien) permitir que nadie te agreda. Y los manuales suelen incluir otro matiz más: poder decir la propia opinión aunque uno se equivoque, porque también equivocarse es un derecho.
Supongo que esto es el fin de lo “políticamente correcto”, de las “mentiras piadosas”, del tratar de decir siempre aquello que supones que el otro quiere oír, de tratar de ser complaciente a toda costa para propiciar una relación calma y harmónica, sin sobresaltos.
O sea, ha resultado que esto de la asertividad es todo un mundo que tiene sus regla, sus tests, su proceso de formación… Y sus derechos.
Pero se ha hecho largo para hoy. Los repasaré otro día.

Me ha encantado esto de la asertividad. Y me viene como anillo al dedo.

lunes, marzo 19, 2007

La vida de los otros


Los fines de semana traen consigo muchas cosas, pero cuando entre ellas está el cine, cine del bueno, ya puedo decir que ha sido un buen fin de semana. Este lo ha sido por muchas razones y, entre ellas, porque he podido ver “La vida de los otros”, ese hermoso film de Florian Henckel. Creo que fue muy merecido su Oscar a la mejor película extranjera.

No tengo nada que decir de los aspectos técnicos, salvo que se trata de una maravillosa recreación de la Alemania comunista de los años 70. Tiene un ritmo muy bien ajustado que hace que no pierdas el interés durante todo el tiempo que dura. Y un tono amable muy de agradecer pues te libera de la enorme presión de lo que va sucediendo en la historia. Y los actores, chapó.

Lo que me ha interesado más, desde luego, es la temática que ha abordado. Y como sucede con las buenas películas, da para hacer de ellas múltiples lecturas. Porque la historia del film tiene mucho que ver con la represión, con el arte, con el amor, con el patrioterismo, con las amistad. Pero tiene que ver sobre todo con el poder y la libertad.

Las últimas películas que he visto hundían sus raíces en la misma cuestión: la pequeñez y la indefensión de los individuos frente al poder y a quienes lo detentan. Ellos pueden controlarte, decidir sobre lo que puedes pensar, sobre como puedes vivir. Son reflexiones terribles sobre la alienación de los sujetos. En “La vida de los otros” es el poder del Estado (aunque al final el Estado es una entelequia y son sujetos concretos los que imponen sus caprichos) a través de sus policías. Pero sucedía lo mismo en “Teresa, el cuerpo de Cristo”; allí era la inquisición y su energúmenos quienes imponían sus leyes. La cuestión es que los individuos viven desasosegados. Su vida no les pertenece. No tienen libertad porque el sistema se la arrebata. Y, al final, solo si aceptas sus normas puedes sobrevivir, pero eso ni siquiera es sobrevivir porque, al final, o te rebelas o eres un muerto vivo.

Especialmente dramático, por absurda, es el primer interrogatorio del policía al detenido. -¿Sabe usted por qué está aquí detenido?; -“No señor”; -“O sea, que está diciendo que nosotros podemos detener a cualquiera caprichosamente; ya solo por eso podríamos detenerle como difamador del sistema”. ¡Perfecto! Lo curioso es que la inquisición hacía lo mismo:”¡usted ha pecado!”; -“No señor, yo no he hecho nada”; “Usted ha pecado y sólo si confiesa podrá quedar libre”. Y obviamente, cualquier cosa que confesara servía para inculparlos.

Tremenda la sensación de control policial durante toda la película. Es como un “voiyeurismo” total sobre la vida y el pensamiento de las personas. Es como sentirte aniquilado personal y socialmente.

El otro aspecto que me ha impactado en este film es la debilidad humana. Incluso cuando la gente se quiere bien, el sistema es capaz de destruirnos hasta el punto de hacernos actuar contra lo que más queremos. Una relación amorosa que comenzó débil y herida (de nuevo el poder que se impone y obliga a la chica a entregarse al poderoso) y que parecía que se iba fortaleciendo, acaba siendo todo un mundo de traiciones forzadas. Hasta lo más íntimo, lo más personal resulta moneda de transacción para sobrevivir. Es decir, al final, el sistema consigue que te sientas sólo ante su enorme poder y que busques tu propia supervivencia por encima de cualquier otro valor.

Acaba uno con una sensación terrible. Pero como se decía en otro blog: :
“la película es una película para sentirla, saborearla minuto a minuto, plano a plano, hacia ese final antes comentado, absolutamente genial, que nos devuelve un poco de esperanza bañada en amargura” (blogdecine).

viernes, marzo 16, 2007

Querida T4

Amiga T4, ya estoy de nuevo aquí. No han pasado muchos días pero ya te echaba de menos, mi adorada terminal de aeropuerto. Ya sé que dicen de tí que eres demasiado grande, demasiado caótica, demasiado compleja. Que resulta difícil quererte. Pero qué quieres, a mí me gustas. Me siento bien aquí. Eres una compañera acogedora. No sé qué tal tratas a los demás, pero yo no me puedo quejar. Me sorprendes cada vez que nos encontramos (hoy, por ejemplo, me han mandado a la terminal satélite para volar a Santiago de Compostela; menos mal que había llegado con tiempo). Y cuando entro en la sala VIP me haces sentir como alguien importante para tí. Tal como están los tiempos, es como un chute de autoestima. Ni te imaginas lo que te lo agradezco.
Por fuera eres fría y un poco distante. Es difícil saber lo que quieres y descubrir tu lógica. Pero con un poco de tiempo y algo de resistencia a la frustración se consigue. Al final uno acaba conociéndote bien y tomándote cariño. A mí, ya te digo, me gustas mucho. No es que no haya habido momentos difíciles en nuestra relación. Más de una vez he debido recorrer ansioso y desorientado tu cuerpo y perder el aliento para llegar a nuestra cita y, a veces, ni caso has hecho a mi ruego de que retrasaras la salida del avión (quizás querías retenerme un poco más junto a tí). Pero también he vivido aquí momentos hermosos de pasión, de afectos, de sueños. Algunos inenarrables. Y eso es lo que queda, al final, esa complicidad para hacer que lo que parecía imposible se cumpla.
No me importa nada lo que digan de ti. Yo te adoro y quiero que lo sepas. Una vez más.

miércoles, marzo 14, 2007

Lo urgente y lo importante

He discutido estos días sobre agobios. Tengo un almacen de ellos en mi despacho. Y se reproducen permanentemente, hasta que llega un momento en que adquieren las características habituales de una plaga o una inundación. Y entonces uno comienza a perder el control de la situación. Es como si te derrapara el coche y te pusieras a dar bandazos en cualquier dirección.
María, mi querida compañera de fatigas (y nunca mejor dicho), dice que lo urgente me hace perder el control de lo importante. Y es verdad. No acabamos de apagar fuegos y cuando no es una cosa es otra.
Yo veo a otra gente tan feliz, tan relajada. Entras en su despacho y lo tienen como una patena. Te cuentan y ves que están muy centrados en una o dos cosas. ¿Cómo lo harán, me pregunto siempre? ¿Será una cosa genética o es algo que se aprende? ¡Cómo agradecería algún tipo de sugerencia viable para salir del caos!
Creí que el primer paso importante era concienciarse. Y me compré un azulejo cordobés que coloqué bien a la vista para que en mi nombre hiciera visible mi propósito de que "un día de estos voy a organizarme". Pero su efecto está siendo limitado. La gente lo ve, lo mira y luego vueltos hacia mí me ofrecen una sonrisa de apoyo-reconvención como diciendo "de veras, no te lo tomes a broma".

Leí en una ocasión que la mejor solución para resolver esta situación es hacerse el tonto. Lo recomendaban a todos los que sufrían, como yo, el principio de Peters al haber alcanzado su máximo nivel de incompetencia. Decía el libro de autoayuda que si comenzabas a hacerte el tonto, la gente ya se daba cuenta de que no estabas en condiciones de cumplir sus expectativas y te encomendaban menos cosas. Y así poco a poco bajaba la tensión, se recuperaba el sosiego y podía recomenzarse el proceso. No es mala idea, pero tampoco es tan fácil hacerse el tonto y hacerlo con gracia y, sobre todo, de forma provisional. Además el Ego debe sufrir mucho.

En fin, en esas estamos. Intentando navegar en este proceloso mar de la vida universitaria sin naufragar. Y tratando de rescatar lo importante de lo urgente. Sin conseguirlo del todo. Está claro que se va haciendo necesario contar con un año sabático.