viernes, febrero 15, 2008

La buena vida


A veces uno se sorprende con ciertos atractivos de la vida que están ahí pero que, metidos como estamos en esta vorágine de la vida diaria, me ha tocado disfrutarlos poco.

Tuve que hacerme un análisis de sangre y el laboratorio abría a las 9. Así que ese día pude remolonear un poco más en cama. Además había que ir en ayunas y era bueno evitar las tentaciones. La cosa fué sencilla y, al acabar, pensé que me merecía desayunar en una cafetería típica próxima a la consulta. Y allí me fuí.

El café con leche y el cruasán a la plancha sabían de gula a esas horas de la mañana (rondaban las diez menos cuarto). Pero lo que me extrañó era que el café Miami, una de esas reliquias del pasado, enorme y con muchas mesas, estaba a tope. La gente de lo más relajada tomando su café, charlando, hojeando la prensa. Serán pensionistas, pensé. Pero nada de eso, había gente de todas las edades, incluidos muchos jóvenes. Estarán haciendo el descanso del café, supuse. Pero tampoco tenían pinta de eso. Demasiado relajados para estar de paso. Más bien parecía que estaban acostumbrados/as a aquello, que formaba parte de su rutina diaria. Sentí algo parecido a la envidia.

Hoy acabo de leer un comentario de la última película de Antonello Gimaldi, Caos calmo (que por cierto habrá que verla para comprobar si esa escena de sexo entre Nanni Moratti e Isabella Ferrari es tan fuerte como para que los obispos italianos pidan que la censuren). Cuenta el periodista que es la historia de un padre en crisis que quiere dejar todos sus agobios y dedicarse sólo a vivir la vida con su hija. Y el propio Moretti comentanto su personaje dice que "todos hemos querido alguna vez parar; retirarse, detener el tiempo. Es lo que mueve a este hombre que me resulta próximo y lejano, que me fascina".

Algo de eso fué lo que sentí esa mañana en el café. Ganas de bajarme. Me pareció tan atractivo poder vivir así relajado, tomándote tu café a las diez de la mañana, sin prisas, sin compromisos. Pero no sé si eso es bueno. Debe ser otra modalidad de tentaciones cuaresmales. O quizás que estaba sintiendo el mono de la probeta de sangre que me habían sacado. O que, igual que dicen que avanza el desierto ocupando cada vez espacios más amplios, va avanzando dentro de mí la mentalidad del prejubilado. No sé, pero es tremendo eso de que por una razón u otra ni siquiera tomandote el café a media mañana puede uno dejar la cabeza tranquila y no pensar.

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