domingo, febrero 03, 2008

Amor dividido


Dentro de una semana casi imposible (La Rábida, Santiago, Zaragoza, Pamplona) se hacía necesario un tiempo de dejarse llevar. Sin hacer nada, sin tener que estar pensando en el paso siguiente. Y nada mejor que el cine para eso. Entras, te sientas cómodamente (aquí sí se podía, no como en aquellas malditas butacas de Viña del Mar) y dejas que el director y los actores te metan en su mundo de fantasía. Sueñas, ríes, lloras con ellos y, al final, de nuevo a casa.
Pues lo dicho, me fui a ver El amor en los tiempos del cólera de Mike Newell. Como la novela me había enamorado de García Márquez hace ya muchos años, tenía cierta prevención con respecto al film. Pero estuvo bien. La historia resulta un poco lenta a ratos (pero también lo era la novela, quizás para reflejar mejor el ambiente cansino y relajado en que se desarrollaba la vida de los personajes) pero está bien contada. Los paisajes son impresionantes (Colombia es impresionante y fue rodada sobre todo en Cartagena de Indias) y la música atrapadora (Shakira hace un trabajo magnífico con sus canciones y la canción final “despedida” es candidata al globo de oro como mejor canción de 2008). Así que se pasa bien.

Como el propio García Márquez estuvo muy implicado en el desarrollo del film, la historia está muy bien contada. Ese amor que pervive a través del tiempo y los avatares. Una historia grande que trasciende las pequeñas historias, la categoría que va elevándose sobre las anécdotas. Y todo sin grandes aspavientos. Aunque se supone que hay cólera de por medio, el film no se recrea en la enfermedad ni trae a primer plano la tragedia de gentes que sufren. Incluso el desamor que el protagonista siente a lo largo de su vida se convierte en algo íntimo pero no destructivo. Florentino Ariza(nuestro Bardem) espera pero no desespera, más bien al contrario. Cualquier hombre soñaría con una agenda tan llena de amores y sexo (¿620 tenía contabilizadas en su diario? ¡Qué locura! ¡¿Qué envidia?!) como la suya.
Los actores están bien. Bardem, sobre todo, en su papel de Florentino Ariza. Me gustó más de mayor que de mediana edad (y no entiendo por qué su etapa juvenil la hace otro actor que físicamente se parece tan poco a él, se produce un salto que confunde bastante al principio). Tampoco está mal Giovanna Mezzogiorno como Fermina Daza (a ella no la sustituyen de joven, en cambio). Y los demás bien, correctos.
Ya he dicho que los paisajes son impresionantes. Sobre todo, los planos generales de naturaleza. Esas inmensas montañas y valles colombianos. Esos ríos infinitos. Las últimas secuencias con el barco, tipo New Orleans con su gran rueda propulsora a popa, en la mitad del río son preciosas. Y si a eso le añades la canción de Shakira, resulta inolvidable.
La historia es muy bonita. No podía ser de otra manera, siendo de García Márquez. El amor como un boomerang que va y regresa al inicio. Pero sin necesidad de tragedias ni arrepentimientos, como si fuera el decurso normal de su historia. Todo un ensayo sobre el amor y los amores. “Amor dividido”, se dice en la película. Hay un amor del cuerpo y un amor del alma. Un amor de cintura para abajo y otro de cintura para arriba. El amor verdadero, amor del alma, es intangible, sereno, constante. Un ejercicio de seducción espiritual. Suena bien cuando se escucha pero cuesta subirse a ese carro. Es mejor tocar madera. Y desear que las etapas anteriores duren aún mucho tiempo. (¿Oye, 620, será posible?)

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