jueves, agosto 04, 2011

ENTRE LOS BUENOS DESEOS Y LOS MALOS PENSAMIENTOS.



Este viaje se está convirtiendo en aquella lámpara mágica capaz de ir haciendo realidad los deseos de quien la encontró. Y no es que nos hayamos encontrado un sapo asqueroso al que hayamos tenido que darle un beso para descubrir que era un príncipe (de todas formas, de haberlo tenido que hacer, creo que hubiera sido Ramón el encargado, pues se cuenta por aquí se le dan bien los besos hot). Pero no, no ha hecho falta. Nuestro mago particular va haciendo que los deseos se conviertan en realidad sorprendiendo a propios y extraños.
Ayer fue Ramón quien satisfizo su deseo de ver el Cañón del Colorado. Mañana serán Santi e Iñaki cuyo deseo era conocer Cuba. Cuando uno se viene a América desde Europa, tiende a pensar que todas las otras tierras que le suenan de por aquí están ahí al lado. A mí me ha pasado mucho pensar que total ya que estoy en México voy a aprovechar para cumplir un compromiso en Santiago de Chile. Luego te enteras de que la distancia es casi igual que volar desde España. Bueno pues a mis hermanos se les ha ocurrido que ya que estamos aquí les gustaría mucho conocer Cuba. Y lo malo de los deseos es que cuando uno desea algo con mucha intensidad, el deseo se cumple. Como han aplicado bien el principio y nuestro mago está en época blanda y con los índices de generosidad desmadrados, pues hete aquí que satisfechos ya de Las Vegas, le hemos restado unos días a las vacaciones americanas para pasar unos pocos días en Cuba. Esta noche nos vamos para allá hasta el sábado o domingo, no me he enterado muy bien.
La verdad es que para Las Vegas, si no vienes a jugar, tres días están bien. Ves lo suficiente, te asas de calor lo necesario y llenas el disco duro de las impresiones y emociones hasta niveles razonables. Seguir más tiempo sería abusar. Sin embargo, algo debe tener este lugar que atrae a millones de personas de todo el mundo. Sobre todo asiáticas (estamos todos impresionados de la cantidad de personas con rasgos orientales que vemos).
La mañana de hoy ha sido, pues, de medio despedida. Hemos recorrido, de nuevo los hoteles. Hemos disfrutado de una colección de ferraris que quitan el hipo, hemos tomado una hamburguesa típica (además en un lugar curioso donde los camareros a cada rato, cuando suena la música tienen que dejar lo que están haciendo y ponerse a bailar: con poca voluntad y escaso estilo algunos de ellos pero le da un toque especial). En cualquier caso, la hamburguesa estaba buena, aunque ya uno ni sabe porque no hacemos otra cosa que comer. Hemos desayunado a las diez y media y desde la una ya estábamos buscando la hamburguesería Rock para la siguiente parada culinaria. Y mientras tanto, nuevos pasillos de hotel decorados de forma espectacular, miles y miles de máquinas y mesas de juego, los gondoleros en su canal cantando napolitanas, momentos de auténtica canícula (rondando los 40 grados debíamos estar en la calle) cuando teníamos que salir de los lugares cerrados, cientos de personas en cada rincón. Y algunas comprillas con pruebas incluidas. En fin, La Vegas.
Y esta noche volaremos a La Habana. Otra noche perdida. Ahora que comenzábamos a controlar el jet lag, tendremos que volver a comenzar. No sé si allí tendré oportunidad de seguir contando nuestra aventura en el blog (creo que lo tienen chungo los cubanos con Internet) pero lo intentaré. En todo caso comienza una nueva etapa en nuestro viaje. Esta vez, brujuleándonos entre los buenos deseos y los malos pensamientos. Pero sólo pensamientos. Prometido.

miércoles, agosto 03, 2011

UN DÍA GRANDE

A veces lo que te deja lleno es algo que llega de forma inesperada. La sorpresa es parte del descubrimiento y también del goce. Hoy no ha sido día de sorpresas. O quizás sí, no sé. Pero ha sido un día de constante gozo. Intelectual, turístico, estético. Incluso afectivo.
Por la mañana, nos hemos ido en helicóptero al Cañón del Colorado. Uno ya ha oído y visto muchas cosas sobre el cañón pero, claro, sobrevolarlo en helicóptero es una experiencia inolvidable. Y eso que como somos muchos, íbamos como anchoas en lata. Y a unos 35 grados de temperatura. Entre la humanidad (que aunque sea fraterna, sigue siendo humanidad y espacio ocupado) y el calor era como transitar en microondas. Para más complicación, a los flaquitos los pusieron delante y a los macizos detrás. Para contrabalancear el equilibrio, dijo el piloto, que no admitió protestas. Así que nos armamos de paciencia y buen humor y eso hizo que los sudores se hicieran menos contagiosos.
Sobrevolamos Las Vegas y partimos hasta el Gran Cañón que está a unos 150 kms. En el vecino estado de Arizona. El paisaje hasta allí es un puro desierto que rodea a una gran presa-lago que forma el río Colorado. No hay mucho que ver en esa parte inicial, aunque se pasa por varios cráteres de volcanes inactivos. Pero en cuanto entras en el Cañón aquello es una maravilla. La forma en que están cortados los acantilados, las vetas de diversos tipos de minerales que quedan a la vista, la profundidad y verticalidad de la V que configura el seno del río. Es una naturaleza tan viva, tan rotunda, tan intensa en sus tonalidades ocres que maravilla. Y eso que nuestro piloto era bastante conservador y nos llevaba por la mitad del vano. Pero nosotros veíamos otros helicópteros que iban mucho más bajos o mucho más cerca de las paredes. Bueno, ahora contándolo quizás hubiéramos preferido un poco más de emoción, pero en aquel momento no nos quejamos nada, sobre todo Iñaki que guardaba un silencio respetuoso, más que nada para que no se oyera el castañear de sus dientes.
En todo caso, fue precioso el viaje y Ramón pudo cumplir su sueño de este viaje y admirar de cerca esa quinta maravilla de la naturaleza.
El resto de la mañana fueron más hoteles y un nuevo asombro a cada uno de ellos por su estética, su ingenio, su amplitud. Quedamos asombrados con el Luxor, una auténtica pirámide egipcia que vista desde su interior nadie diría que es un hotel, pues parece simplemente la maqueta vacía de una pirámide. Pero no, veíamos moverse gente por los diversos niveles de la estructura. Y es que eran los pasillos y cuando ya nos acercamos más, pudimos comprobar que, efectivamente, allí estaban las habitaciones. Y así, uno tras otro fuimos pasando por media docena de hoteles hasta llegar al nuestro.
La comida fue magnífica en el restaurante español del hotel (tiene tres diamantes que debe ser algo como tres estrellas Michelin en Europa). Tan animados debió vernos el gerente y chef que se vino a nuestra mesa a compartir con compatriotas. Discutimos de vinos y nos fue informando sobre la magnitud de todos los aspectos en los que se mueven este tipo de hoteles. Nos contó que trabajan 8000 personas en el hotel en el que estamos. Que tiene 15 restaurantes. Que ha habido personas que han perdido en una noche 14 millones de euro en el casino del hotel. Que tienen botellas de vino de 3000 dólares. Que el pescado que emplean está tan controlado que todos llegan con un chip en la boca con su historial. Mis hermanos decían que no merecía la pena tomar nota porque total nadie se lo iba a creer cuando lo contaran. Y entre unas cosas y otras nos papamos un par de botellas de Aalto (un vino extraordinario) y una serie de viandas exquisitas. ¡Total, una pasta! Menos mal que nuestro líder en esta epopeya no pone pegas a estos excesos sino, nos pasamos lavando platos hasta Navidad.
Pero lo mejor de lo mejor vino por la tarde. Reconozco en que eso no soy neutral, pero es que el espectáculo Ká del Cirque du Soleil es algo fuera de todo baremo. Extraordinario, perfecto, inimaginable. Así era todo, desde el espacio en el que se llevaba a cabo, hasta la construcción del escenario, la música, el espectáculo. Inmejorable. Es ya el tercer espectáculo que les veo (antes fueron “O” y “Corteo”) pero ninguno de los anteriores tiene nada que ver con esto. Ka es una obra de ingeniería sofisticadísima puesta al servicio de la imaginación de unos artistas. Me ha recodado a los montaje de la Fura dels Baus, pero claro elevado a la enésima potencia y perfección. Escenarios en constante movimiento, haciendo figuras inverosímiles (un barco en una tempestad, un muro de una altura de 25 metros, una playa llena de arena real, unas columnas inmensas que se van desplazando por el escenario, una cortina que se convierte en agua a través de la cual los artistas bucean hasta el fondo del mar, y así número tras número). Una cosa así sólo puede hacerse en Las Vegas, obviamente. Increíble. Imposible de contar. Es un espectáculo absolutamente multisensorial. Hay fuego real en el escenario (cada vez que salía un fogonazo llegaba el rebufo de calor intenso hasta nuestros asientos), hay varias toneladas de arena, hay fuegos artificiales reales. ¡Una pasada! Y los artistas están al nivel de siempre en este circo. Hacen cosas que parecen imposibles, sobre todo en un par de números: uno en una ruedas que giran y los acróbatas van rodeando la rueda que va rapidísima y a una enorme altura; otro una pareja de atletas equilibristas que hacen acrobacias fantásticas con cintas elásticas. Bueno, no tengo palabras. Todo está saliendo muy bien, pero el haber podido disfrutar de Ká, merece por sí solo, un viaje a Las Vegas.

martes, agosto 02, 2011

Otro mundo



Quizás sea ése el resumen más exacto que se pueda hacer del primer día en Las Vegas. Esto es otro mundo. Otra cosa. No importa lo que hayas viajado, ni las experiencias que hayas tenido. Esto es difícil relacionarlo con nada. Con nada que yo conozca, desde luego no.
Es otro mundo desde muchos puntos de vista. Algo así como una realidad poliédrica, con unas caras que fascinan y otras que, cuando lo piensas, duelen. Este es el mundo del lujo, de la demasía, del derroche. Los espacios son muy amplios, las luces desbordantes y polifónicas, las tiendas parecen sacadas de un álbum de lo mejor del mundo, las fachadas de los hoteles como cromos de imágenes hechas a través del tratamiento de imagen, los halles de los hoteles de ir abriendo a cada paso la boca y maravillándote.
En los edificios y en la ornamentación todo es verdad, pero a la vez, todo es mentira. Hay una torre Eiffel, están los canales de Venecia (en un tercer piso, para mayor pasmo con góndolas reales y gondoleros que llevan gente y cantan) con el puente de Rialto y la plaza de San Marcos incluidos, está la Fontana de Trevi y el pasadizo dei Uffici. Quisieron hacer una representación de elementos clásicos del mundo europeo y emplearon en ello miles de millones de dólares. El resultado es pasmoso, aunque buena parte de ello sea cartón piedra. Técnicamente es una auténtica maravilla, algo casi inimaginable. Los arquitectos y decoradores deben ir de orgasmos en orgasmo. Una maravilla que merece la pena verse.
El otro mundo es el mundo del juego. Resulta inimaginable contar cuántas miles y miles de mesas de juego te vas cruzando en los bajos de los hoteles. No sé si son hoteles con casinos o casinos con habitaciones. Acostumbrado como está uno a vivir parte de su vida en hoteles serios. De esos con un hall de dimensiones pequeñas y que está controlado con facilidad desde la recepción, te encuentras aquí que entras por la puerta del hotel y te ves en medio de un mundo espectacular e inabarcable. Miles de máquinas de juego, cientos de mesas con sus crupieres (a veces 4 ó 5 en cada mesa) y la gente que juega. Y así en cada hotel, cada uno de ellos con una decoración diversa y exquisita, llena de detalles. Y entre hotel y hotel, los shopping con las mejores marcas del mundo en todo su esplendor. Ni en la quinta avenida de N.Y. hay un despliegue tan espectacular y masivo de marcas y mercancías: desde Tíffany’s a todas las marcas de ropa, de calzado, de joyas. Da escalofrío moverse en ese ambiente de lujo.
Y esa es la otra vertiente que mientras paseas no puedes dejar de olvidar. Está claro que hay muchos mundos. Mundos irreconciliables. En este contexto de crisis en el que estamos, con tanta gente a punto de morir de hambre o en situación de pobreza extrema, moverte en este ambiente no puede dejar de provocarte reflexiones y dudas. La cosa es que no te mueves tú solo. Aquí hay millones de personas. Nos comentaba el taxista que desde hace varios años, Las Vegas ha superado a Roma en nº de turistas y ahora mismo es el primer lugar del mundo en turismo. Visto lo visto, me lo creo. Hay mucho rico, ya se ve. O mucho curioso. Mucha vida fácil. Da qué pensar.
Y por lo que se refiere a nuestra panda, por aquí andamos. Hoy ha sido el día de asombrarse paseando de hotel en hotel y de Gran Almacén en gran almacén. Fascinados, hemos andado toda la mañana. Con un calor tan intenso en la calle que era una delicia caminar por dentro con todo refrigerado. Nos hemos levantado tarde y nos ha costado ponernos en marcha. Mover al grupo es como movilizar a un ejército. Los ritmos son bastante particulares y cuesta ponernos en marcha. Y, más aún, controlar el avance de la tropa. Rafa pretende hacer de “buen pastor” y coloca a sus hijos de perros pastores: uno por delante y otro por detrás para que ninguna oveja (o cabrito) se despiste. Y así, a los poquitos vamos avanzando. Las tiendas nos tientas poco (y mejor así, a la vista de los precios) y el juego, por ahora, es una tentación sólo venial. Más curiosidad que pecado. Ramón es el que más ganas tiene de meterse en el ajo y a Iñaki le apetece probar. Santi mira, de momento. Y yo, que tengo bastante alergia a la cosa del juego y a ese manejo fácil de algo que cuesta tanto ganar, no siento ni atracción. Así que no jugar no tiene mérito alguno. Y tampoco Rafa parece especialmente interesado. Pero ya veremos, porque aún estamos comenzando y esto puede cambiar.
Por lo demás hoy ha sido día de adaptación. A ver si no se nos desmadra nuestro organismo con tanto cambio (hora, temperatura, comida, ambiente). Esta noche disfrutaremos de una buena cena. Ya nos ha advertido Rafa que hay que ponerse elegantes. Así que disfrutaremos de uno de los vicios en los que, enseguida, nos ponemos de acuerdo.
Y mañana más. Helicóptero incluido hasta el cañón del Colorado según me han hecho saber fuentes bien informadas. Una pasada.

lunes, agosto 01, 2011

Las Vegas-primer día.

Bueno nuestro viaje comenzó. El mío un poco antes porque carecía de conexión desde Santiago. Así que adelanté el viaje a la tarde anterior. Pero mis hermanos salieron de Tafalla a la 1 de la madrugada para llegar a Madrid a las 4 (¡cabrones!) a despertarme. Tardé un poco en recuperar el sentido (me había acostado a la una de la mañana) pero a los 15 minutos ya estaba con ellos en la acera del hotel.
A las 4,30 de la madrugada poco hay que hacer en Madrid y eso que estábamos en la zona de Ópera, tocando a Leganitos y allí aún había algunos garitos abiertos. De todas formas con aquellas caras de sueño pocas expectativas de éxito podíamos tener. Nos fuimos de tiro al aeropuerto. A las 5 ya estábamos allí, con una puntualidad patológica. El check-in de Américan Airlines no lo abrían hasta las 7, así que nos chupamos dos horas deambulando por el aeropuerto y tomando un café en el único lugar abierto, el cuchitril de MacDonalds.
A las 7 en punto ya estaba armado todo el tinglado de cintas y pasillos y comenzó la revisión exhaustiva de los americanos. Te preguntan por todo: quién te hizo la maleta, hace cuántos días, dónde ha estado la maleta desde entonces, quién compró los billetes, cuánto costaron, si llevábamos cosas de otros, si habíamos hablado con otras personas mientras esperábamos. Un tercer grado en toda regla. Había una cierta psicosis de seguridad. Lo normal, supongo, en el caso de las empresas americacas: había una chica comprobando su un espejito atado a un mango largo que no había explosivos. Se parecía a lo que hacen en el País Vasco para comprobar que no hay bombas en los bajos de los coches. En todo caso pasamos con éxito el control y nos fuimos a buscar el trenecillo (ramón era todo preguntas: quería enterarse bien para futuras ocasiones). Llegamos a la T4S y nos metimos en la sala VIP. Como aún no habían puesto el desayuno vayó el segundo café con bollería y algún embutido. Lo colocaron a las 9 y allí fuimos en busca de nuestro tercer desayuno en la mañana. Tortilla, bacon, champiñones, quesos, zumos, fruta. Una enchenta!
Llegó la hora de embarcar y allá nos fuimos a la S46 que era la nuestra. No estaba lejos y la suerte de ir en Bussiness es que no haces cola y pasas enseguida. Teníamos los primeros asientos del avión, casi mano a mano con los pilotos. Santi conmigo y Tamón e Yñaki en los asientos detrás. Y nada más sentarnos comenzó un nuevo capítulo de comida. Primero champán, luego bebidas y frutos secos y una vez alcanzada la altura la comida. Estábamos al borde del empacho.

Como el vuelo era largo (ocho horas y pico) dormimos a ratos (Iñaki todo el tiempo), vimos películas divertidísimas y tuvimos ratos para charlar y aburrinos. Da para mucho un vuelo intercontinental. La llegada a N.Y. fue preciosa porque nos paseó por la bahía, se vió perfectamente Manhatan y algo la estatua de la libertad.

En el aeropuerto todo fue rápido. Ellos me decían que no fuera tan deprisa, pero cuando luego vieron la fila que se hacía, lo entendieron bien. Te choca un poco que se fotografíen la pupila, que te tomen las huellas digitales de todos los dedos (no sólo el grode como en la tradición española).
Las maletas llegaron bien y, sin más sobresaltos, nos metimos en la sala VIP del siguiente vuelo. La sala VIP no tiene mucho que ver con las magníficas de Iberia en Madrid, pero no se estaba mal. Allí consumimos otras 4 horas. Entre unas cosas y otras habíamos llegado a las 11 de la noche españolas, las 5 en N.Y. Y ya nos están esperando en el siguiente avión a Las Vegas.

De N.Y. a Las Vegas eran otras 5 horas y pico. Más comidas, más sueño, una peliculita de la pantalla común (con tanta desgracia para mí que era la misma que yo había visto la noche anterior en Madrid, lo que ya en sí era una desgracia pues ya la había visto unas semanas antes en otro avión). Y el paisaje de llegada a Las Vegas, precioso. Todo un desierto espectacular.

Llegamos, quizás con un poco de adelanto. Al poco llegó Rafa con los peques y ya nos vinimos al Hotel. Espectacular. 4.000 habitaciones. Dimos un paseito de asombro en asombro. Tuvimos una cena magnífica en un restaurante de un chef español y bajamos la cena con otro pequeño paseo. Llevabámos más de 37 horas sin dormir y se iba notando.

sábado, julio 30, 2011

De camino



Pues ya estamos de camino. Y, la verdad es que hay caminos y caminos. Unos alegres y gozosos y otros que lo son bien menos. Camino al trabajo, camino a una visita, camino a una compra o una gestión, camino a un examen (peor si es médico), camino a un cementerio. También los hay gozosos. Sin ir más lejos el Camino de Santiago al que nosotros pertenecemos. Pero no es el único: el camino a una cita, a una fiesta, a un viaje de relax, a quitarte unos puntos o una escayola, a buscar el paquete que te envían por correo. En fin esas pequeñas alegrías anticipadas que comienzas a disfrutar antes de recibirlas. Al final, eso es ponerse de viaje: iniciar un trayecto, aún incierto en sus resultados pero ya anticipado mentalmente.
Todo eso tiene el camino que iniciamos hoy. Una peregrinación fraterna hacia un santuario laico, Las Vegas. Aunque llevo en el cuerpo más millas que el correcaminos, pocas veces como hoy me había sentido excitado e inquieto. No porque tema que algo pueda salir mal, sino porque me parece tan fantástica la idea, tan distinto este viaje a todos los que he hecho anteriormente que no estoy nada seguro de si la ropa que llevo será la adecuada, el dinero suficiente, la documentación la requerida o el ánimo el correcto.
Pues eso, nos vamos a Las Vegas. De hermanos hombres. La saga completa, hermana incluida, queda para una próxima aventura. 5 chavalotes con el mismo ADN y barrigas similares a disfrutar juntos durante unos cuantos días en los procelosos territorios del espectáculo, el buen vivir y las ruletas. Supongo que también hay iglesias en las Vegas, aunque de eso se habla menos. ¡Vaya panda!
Ha sido el pequeño, el que en un ataque divino de furor fraterno nos invita a pasar juntos unos días. Un extraordinario sponsor para una experiencia que, hasta ahora, apenas habíamos disfrutado. Y eso va a ser lo interesante, ver cómo llevamos adelante una convivencia a la que ninguno de nosotros estamos acostumbrados desde que éramos niños, siglos ha. Y eso es lo excitante, ésta va a ser la vez en la que más tiempo esté con mis hermanos en prácticamente toda mi vida. Y estar juntos así en el día a día, como en una pareja de hecho con cinco miembros (lo de los miembros se refiere a las personas, no malmetamos). Siendo, como somos, tan distintos (en este caso no parece apropiado decir que somos “cada uno de su padre y su madre”) en casi todo (edad, historia personal, experiencias de vida, ideas, situación actual, etc.) será bonito ver cómo nos las arreglamos para mantenernos en una fraternidad alegre y consensual. Y, además, sin mujeres que siempre juegan el papel de mitigadoras de las tensiones aunque sea, como en mi caso, a base de patadas por debajo de la mesa o de pellizcos disimulados. No me veo yo recibiendo una patada (y menos aún dándola) de un hermano por debajo de la mesa para exigirme, disimuladamente, que deje ya de hacer subir la voz, decir palabrotas o excederme en los comentarios. Quizás tengamos que partir por acordar un código de “buenas maneras” para que todo corra pacíficamente.
Pero, obviamente, todo eso son solo elucubraciones mañaneras debido a la ilusión del viaje y al deseo de que todo salga bien. No tenemos ninguna necesidad de ponernos la tirita antes de hacernos la herida. Hasta ahora lo hemos llevado magníficamente bien y somos una familia que llama la atención por lo unidos que estamos todos pese a las distancias y las diferencias. Y esta experiencia va a suponer una nueva oportunidad de poder disfrutar juntos y de conocernos un poco más en el regate corto y en la cama o el asiento de al lado.
¡Hay tanta gente que vive mal las reuniones familiares! Van a ellas como si fueran al martirio. Pero en nuestro caso es todo lo contrario. Nos encanta estar juntos y buscamos cualquier oportunidad para hacerlo. Cuando nuestros padres estaban bien, eran ellos el eje y el principal atractivo de los encuentros. Ahora que perdimos a papá, sigue siendo nuestra madre la que nos reúne en torno a ella en las fechas clave. Esta experiencia de reunirnos entre hermanos es nueva pero me parece fantástica. Como sabemos bien quienes tenemos nuestras propias familias, también el cariño y el calor familiar se tiene que ir construyendo y revitalizando. Y cuanto más tiempo va pasando o cuando se ha pasado por experiencias más duras (el 2010 fue un año realmente duro para nosotros) precisas de chutes de fraternidad que revitalicen los quereres y hagan más real y próxima la vida cotidiana (aunque lo de hablar de “vida cotidiana”, en Las Vegas, resulta un tanto fuera de perspectiva).
En fin, ahí estamos. Ya he hecho mi pequeña maleta y preparado mi mochila. Tengo la sensación de que hay cosas que me faltan, pero no se me ocurre qué. Y es extraño porque es algo que no me suele pasar cuando salgo de viaje, ni siquiera cuando voy lejos y para bastantes días. En fin, aunque nuestras tallas puede que no sean idénticas, es probable que podamos intercambiarnos alguna ropa si fuera preciso. Al fin y al cabo, eso era lo que hacía nuestra madre de chiquitos, ir pasando la ropa de los mayores a los pequeños. Ahora tendrá que ser al revés, aprovechar los mayores la ropa de los pequeños. Eso si el diámetro de las barrigas es compatible, aunque más o menos por ahí le andamos todos.

viernes, julio 22, 2011

ESOS OJITOS LINDOS

Querida Berta, ahora que tengo unos minutos entre vuelo y vuelo (lo de tu abuelo es volar, quizás a ti también te guste, ya verás) quería aprovecharlos para decirte lo guapa que estás en las fotos que va incluyendo tu papá en tu blog. Y en ella, modelitos aparte, lo que más impresiona son los ojos. Esos ojitos vivos que cada vez son más hermosos y expresivos.
Todos los niños pequeños teneis algo especial en los ojos. Yo he tenido siempre la seguridad de que el alma y la vida están en los ojos. Es lo que más se nota en los niños a medida que vais entrando en la vida. También lo siento en los chicos y chicas jóvenes. Es como una luz y un brillo que actúan como un imán. Siempre me han parecido un poco estúpidas esas preguntas de “¿qué es lo primero en que te fijas cuando te encuentras con una mujer (o con un hombre)?. Ni caso, en los ojos. Es imposible fijarse en otra cosa. Los ojos son como la puerta de entrada, como una ventana a través de la que puedes curiosear en el interior del recién conocido. Desgraciadamente ese brillo lo vamos perdiendo los adultos. No sé por qué. Debe ser como en el pescado: cuando vas a comprarlo te dicen que les mires a los ojos y se han perdido el brillo que no los compres porque eso significa que llevan varios días de congelador en congelador. Así que el tiempo nos castiga los ojos. Por eso tú, chiquitina, los tienes tan hermosos.


Por eso nos gustan tanto los ojos. Una cara con los ojos cerrados puede ser proporcionada y hermosa. Pero si tiene los ojos abiertos es una cara con vida. Y si los ojos son expresivos es algo que te atrapa, te seduce, te enamora. Cuando los ojos se van amortiguando, cuando van perdiendo su brillo, cuando se van cerrando es que se acerca el final. Así fue con tu bisabuelo, al final no nos abría los ojos. Él que había tenido siempre esa mirada limpia, animosa, acogedora… Así que vida es eso, el peregrinar de nuestra mirada desde los ojos brillantes, vivos, buscadores que tú tienes ahora, hasta la mirada triste, vacía, suplicante a la que vamos acomodándonos los mayores. Toda una transición.


Pero tus ojos son hermosos, Berta. Limpios, claros, curiosos, sonrientes. Aún no sabes hablar pero ya hablas mucho con tu mirada. Nos dices cuando estás cansada, cuando tienes sueño o hambre. Pero nos dices, sobre todo, cuando estás feliz, cuando has visto al otro lado la cara de mamá o de papá o de alguien que te sonríe. Una mirada así es como un tesoro. El mejor regalo que nos puedes hacer.

domingo, julio 17, 2011

Ecumenismo

No corren buenos tiempos para las cosas de la Religión. Es cosa sabida. Buen síntoma, para algunos porque ven en ello que va aumentando el nivel cultural y la "racionalidad" de la gente, lo que impide que se le engañe con señuelos y fantasías. Mala cosa para otros que ven en lo espiritual un valor irrenunciable de lo humano. Yo pertenezco a estos últimos, pero eso es lo de menos. Sólo que, si en algo valoro la religión es en esa "comunión" que te hace sentir con mucha gente, estés donde estés. Y hablo del sentido espiritual. No tanto de una religión concreta.

La gente que he conocido en Perú y luego en Argentina me parecieron muy asentados en la religión. Desde el taxista que me recogió en el aeropuerto y que se santiguaba cuando cruzábamos por una iglesia camino de Lujan (supongo que siendo de Luján, con el mayor santuario de todo sudamérica, eso no debe ser raro), hasta los colegas de las diversas Facultades con los que estuve trabajando en Lima. Y aún más si cabe, las colegas universitarias y las responsables de las gestión de la Educación Infantil que vinieron de todas las provincias argentinas. Como me paso la vida en ambientes mucho más agnósticos, me llamó la atención.

Pero lo más interesante, como siempre en esto de la religión, es Brasil. Aquí las religiones se entrecruzan, se ofrecen casi a la carta. Para quienes pertenecemos a países de monocultivo religioso (o casi) entrar en Brasil es como adentrarte en un laberinto de iglesias y cultos. Y así fue que tocando a mi hotel está la Catedral Presbiterana de Río. Y allí fui hoy domingo. Estaba cerca la catedral católica pero me pareció interesante asistir a los cultos de otros cristianos. Si no, el ecumenismo se convierte en una palabra más con poco significado.

Nunca había estado en un oficio dominical presbiterano, así que fui de sorpresa en sorpresa. Algunas de ellas, emocionantes de veras. La cosa duró más allá de la hora y media (lo que si lo llega a hacer nuestro párroco hubiera recibido insultos inmisericordes), pero no me pareció que la gente estuviera molesta por ello, al contrario. El altar estaba lleno de gente: los presbíteros vestidos de alba blanca y varios de paisano. Además había un chino y una china cuya presencia me intrigó desde el inicio. En total como 12 personas. La base del oficio es, por supuesto la Biblia y los cánticos. Había un coro que cantaba divínamente con el acompañamiento de un órgano portatil. Pero lo más espectacular era cómo cantaba la gente. Todos con su Biblia y una hoja parroquial que nos dieron al entrar y que guiaba los oficios. Las músicas eran excelentes y las voces ni qué decir. Todo un espectáculo.

Resulta que los chinos del altar estaban allí en representación de una representación china que asistía a los oficios. En el altar estaba un viceministro del Gobierno, el responsable de los asustos religiosos y una señora budista que le hacía de intérprete. En los primeros bancos había hasta 12 altos representantes políticos chinos relacionados con la religión. El párroco (o como se llame) los saludó, los agasajó y les fué dando la bienvenida con la ayuda de la traductora. No se cortó un pelo en decir las bondades del pueblo chino y en ponerlos por las nubes. Un poco chocante fue, pero me hizo sentir que, en su caso, la Religión la viven muy a pie de obra y no les importa vincularse a cuestiones terrenales. Hasta contó que uno de sus presbíteros tenía negocios con China y que le iba muy bien.

Por supuesto, en eso todas las iglesias deben ser iguales, uno de los presbíteros (de paisano él) pidió a los fieles su contribución (todavía siguen llamándole de "diezmos y ofrendas"). Y les planteó tres modalidades distintas de contribuir (en sobres, lo hacen ellos, por eso tenían tres tipos de sobres). Y como se hacía en algunas capillas gallegas pusieron una urna delante del altar, se bajaron allá todos los presbíteros del altar y, mientras cantábamos, la gente fue saliendo de sus bancos para depositar en la urna sus sobres con dinero. Muchísima gente se acercó, aunque saliendo de forma desordenada, con lo que no quedaban en evidencia los que no lo hacían.

El sermón fue magnífico. No lo hizo el párroco sino uno de los presbíteros, el que llevaba alba. Un negrazo imponente que me dejó impresionado por su capacidad comunicativa y didáctica. El tipo nos pidió abrir la Biblia en la primera carta a Timoteo, cap. 2, versículos 1-7, aunque en realidad se quedó en los tres primeros. Y los fue desentrañando y explicando palabra a palabra, de una forma magnífica, creíble, que parecía pensada para los problemas de hoy. La carta de San Pablo a Timoteo dice en ese párrafo:
1 Por esto exhorto, ante todo, que se hagan súplicas, oraciones, intercesiones y acciones de gracias por todos los hombres; 2 por los reyes y por todos, para que llevemos una vida tranquila y en paz, con toda piedad y respeto. 3 Porque esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador

Total tres líneas para 45 minutos de sermón. Pero precioso. Explicó qué eran las súplicas, qué las intercesiones, qué el dar gracias. El sentido que eso tenía para lograr una vida tranquila y en paz, con piedad y respeto. En cada palabra nos llevaba a algún otro trozo de la Biblia y nos lo hacía reetir con él. Me gustó especialmente lo del respeto porque lo aplicó a todo, incluidas las opiniones religiosas o antireligiosas. Un pedagogo extraordinario el tipo.
Y luego pasaron muchas cosas preciosas. No hay una Misa y un ritual que es lo que a veces mata a nuestros oficios. Supongo que no improvisan pero hacen cosas que saben muy bien llenar de sentido (incluidas los textos que escogen y sus propios sermones). Como había un matrimonia que hacía 10 años de casado, pidió que se acercara al altar a orar con los ministros. Y que lo hicieran también todos los que llevaran ese tiempo o más casados. Que se aproximaran cogidos de la mano para orar juntos. Fue emocionante. La gente no se lo esperaba, me pareció, pero allá se adelantaron una infinidad de parejas cogidas de la mano, abrazadas. Se arrodillaron todos juntos, cantamos, oramos en silencio y les animó a seguir. Se les veía felices.

En la oración de la bendición (parecido a nuestro padrenuestro) hizo que los chinos se adelantaran también con los ministros. Y allí los veías medio cortados porque todo el mundo se ponía con las palmas en alto como para dar y recibir la bendición. Después parece que habían aceptado a un nuevo presbítero en la comunidad, un chico joven. Y allí lo hizo adelantarse con toda su familia y todos los presbíteros (que son un montón). También hubo una oración de todos con él y su familia.

Una oración preciosa, por cierto: Quiero que te valores.
En portugués decía así:
Quero que valorize o que você tem
Você é um ser,você é alguem
Tão importante para Deus
Chega de ficar sofrendo angústia e dor
Esse teu complexo inferior
Dizendo, ás vezes, que não é ninguém
Eu venho falar do valor que você tem.


Y así fueron cerrando la ceremonia. Interesante, ya digo. Por los cantos, por la profundidad de la homilía, por la secuencia de cosas que fueron sucediendo. Sorprendente. Tampoco es cosa de cambiar de iglesia a estas alturas. Y eso que yo no diría como aquella señora cuando le visitaban las parejitas de jóvenes Testigos de Jehová: "Si ya tengo problemas para creer en mi religión que es la verdadera, fijaos cómo voy a creer en la vuestra que es falsa". Esas dicotomías de verdadero y falso cada vez están más borrosas. Pero siempre se aprenden cosas. Y la experiencia de hoy me gustó. Mucho.

Río de Janeiro, ¿qué Río?

Uno llega a Río lleno de expectativas y nostalgias. Por aquí he pasado ratos preciosos. Sólo, en pareja, con mi hija, con amigos. En fin, uno ya sabe de qué va esto. Pero lo de hoy ha sido otra cosa. Nada que ver con el Río de las postales y los recuerdos.
Ya empezó todo mal de par de mañana en Argentina. Tenía que salir de Luján a las 7,30 de la mañana para poder tomar el avión en Ezeiza a las 10,30. En eso habían quedado los chóferes de la Universidad. Faltaban 10 minutos para esa hora y ya me estaba poniendo nervioso porque por allí no aparecía nadie. Llegó la hora y seguía sin aparecer nadie. Pasó un cuarto de hora y todo seguía igual. Los nervios se convirtieron en agobio y paseos nerviosos sin saber qué hacer. Tampoco respondían los teléfonos. Al final, decidí cortar por lo sano. Así que a las 8 menos 10 llamamos un taxi. Y como suele suceder en estos casos, fue llamar al taxi y llegar el chofer de la Universidad. Vuelta a llamar al taxi para que no viniera y salimos.
Llegamos por los pelos a Ezeiza, sobre las 9. Faltaba sólo una hora y media para la salida de mi vuelo. Parecía que la cosa, por los pelos, pero ya estaba resuelta. Ni me imaginaba el siguiente paso. ¿Sabes qué? Resulta que el vuelo no salía de Ezeiza sino de Aeroparque. Salí pitando a buscar un taxi y tomé el primero que pasó. Una temeridad según los nativos. 60 Kms. de distancia entre ambos aeropuertos, me dijo que había el taxista, seguramente para cobrarme más. Y se lanzó a toda leche Buenos Aires adelante (porque hay que cruzarlo todo, incluída la avenida del obelisco). Bueno, dios aprieta pero no ahoga, o eso creía yo porque llegué al Aeroparque con unos 50 minutos de tiempo. El taxista me timó, por supuesto, pero poco podía yo negociar en aquellas circunstancias. Me dieron la tarjeta de embarque y creí respirar. Sólo dos minutos, hasta que ví la cola que había para pasar el control de seguridad. Ahí perdí toda esperanza. Aunque no suelo hacerlo, esta vez pedí y supliqué a los primeros de la fila que me dejara pasar que perdía el vuelo y se compadecieron de mí. Pasé el control pero aún me quedaba la policía y allí la cola era, de nuevo, infinita. Nueva aceptación de lo inevitable. Imposible tomar el avión. Entonces la pareja que venía detrás de mí me debió ver tan preocupado que me dijo que me relajara que habían retrasado el avión a las 11. Bueno, pensé, menos mal. Logré pasar la policía pensando en eso, que salía a las 11, pero resultó que no era así, ellos venían también a Río pero con otro vuelo que hacía escala en Montevideo. El mío ya había embarcado. Menos mal que me aceptaron y al final allí fui a mi asiento.

El vuelo fue bien, pero parece que cuando uno está de mala racha, las cosas tardan en enderezarse. Y así, cuando llegué a Río, nadie me esperaba pese a las promesas que el día anterior me habían hecho los organizadores del Congreso. Esperé una hora y al final tuve que tomar otro taxi y venirme al hotel. Menos mal que sabía el nombre del Hotel (porque me enteré ayer). En otro caso no hubiera sabido que hacer y sería casi imposible encontrar una habitación en Rio pues, según he sabido, mañana domingo se corre el maratón. Y son miles y miles, venidos de todo el país, los que corren. De hecho el hotel en el que estoy está a tope de gente que ha venido con ese objetivo. Y para que las sorpresas no concluyeran, la última ha sido que el hotel que han escogido esta vez es un Ibis que está en el medio de la ciudad antigua de Río en una zona medio degradada. Salí a dar un paseo por los alrededores y me he quedado escandalizado por la degradación. Este no es el Río que yo conocía. Estoy tocando a la catedral pero, salvo unos rascacielos impresionantes totalmente fuera de lugar, todo esto es una zona sucia y cutre. Un desastre. Quizás mañana logre construir otra mirada, pero lo de hoy ha sido terriblemente frustrante.
Necesito al otro Río. El Río que te atrapa y enamora. Así que mañana, por recomendación médica, ración doble de Copacabana. I promise!