Los días van pasando inmisericordes y ya estamos a lunes, a dos días de acabar nuestra etapa balnearia de este año. La verdad es que, al principio, te cuesta un poco adecuarte al desplazamiento y la salida de casa, pero poco a poco que vas habituando a las rutinas del balneario, te vas reencantado con el paisaje y los monumentos que vas viendo y te apetecería mucho que el tiempo no corriera tan rápido. Pero eso es imposible…
Bueno hoy nos toca cambio en la experiencia del agua. Tras la consabida ración de agua medicinal (al principio costaba, pero ahora ya la tragamos sin cara de asco) y la niebla (que ya nos han advertido que no es vapor, sino partículas minúsculas de agua que portan los componentes medicinales del agua de este balneario que es bicarbonatada, sulfatada, calcio-magnésica y ligeramente radioactiva), iniciamos hoy el BAÑO1 con chorro subacuático. Ha sido, con mucho la mejor experiencia hasta ahora, gracias, sobre todo, a la potencia del chorro que llega a la bañera individual donde te metes. Cada uno va aproximando o alejando el chorro a la parte del cuerpo que desea masajear. ¡Fantástico! Y luego, la cosa concluye con un chorro que el monitor o monitora te va proyectando sobre todo el cuerpo, por delante y por detrás, salvaguardando, obviamente, las partes pudendas.
Para la tarde, nos hemos programado la visita al Palacio del Papa Luna en Illueca y un paseo por Mesones del Isuela. Esta vez sin Elvira, que ha preferido quedarse en el lago y relajarse.
El Palacio del Papa Luna nos ha encantado. Como muchos monumentos de esta zona y debido al prolongado tiempo que duró su construcción (desde el S.XIV al XVII) se fueron sucediendo y mezclando el estilo mudéjar, el renacentista y el barroco. En la actualidad alberga un centro de interpretación del Papa Luna, la Sede del Consejo de la Comarca de Aranda y una hospedería. Construido en base a piezas de mampostería y ladrillo rojo y asentado, como el resto de castillos que hemos visto estos días, en la cumbre de un montículo, constituye un mirador espectacular para contemplar toda la vega del Aranda. El interior que se puede ver (solo hay visitas guiadas en días concretos y no nos coincidió) resulta muy monumental con una escalinata central muy hermosa.
No muy lejos de Illueca está nuestra segunda cita de hoy, Mesones del Isuela. El nombre parece que viene de su nombre original romano: mansiones (paradores, mesones), lo que hace suponer que desde siempre fue un lugar de paso y pernocta donde se podía parar. En la actualidad es un pueblo pequeño de poco más de doscientos habitantes y donde el gran protagonista es el castillo (el castillo de los Luna que debieron ser los dueños de toda esta zona).
El castillo se asienta sobre un gran bloque rocoso y es una enorme pieza rectangular jalonada por 6 enormes torreones, uno en cada ángulo. Perteneció a los templarios desde 1175 que lo conservaron hasta la desaparición de la orden. No pudimos verlo por dentro porque estaba cerrado. Hacía tanto viento aquella tarde que teníamos que sujetarnos para que el cierzo no pudiera con nosotros. Y la anécdota graciosa de la tarde fue que al atravesar el pueblo, el GPS nos iba señalando en varias ocasiones (no fue fácil encontrar la vía que nos llevara al castillo) que debíamos tomar la calle San Catorce. Al principio no entendíamos bien eso de San Catorce, hasta que vimos que la calle o la zona se denominaba “S. XIV”, grafismo que el GPS, poco ducho en historia, leía como “san catorce”.


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