Tras un día intenso, el de ayer lo fue, lo que nos apetecía era un día un poco más relajado. Y ese fue nuestro plan. La mañana es intocable (baños, gimnasio y lago). Hoy repetimos el mismo programa de ayer (menos la cascada final, que nadie va a echar de menos). Lo malo que nos lo han puesto para las 11 de la mañana. Así que todo fue apresurado para poder disfrutar del gimnasio y el lago antes de la comida. Y por la tarde un paseo tranquilo por el pueblo. Visitamos una casona-museo en la plaza del pueblo, en la planta baja estaba la oficina de Información Turística con unos cabezudos típicos y en las plantas superiores una exposición permanente sobre José Luís Sampedro, un interesante recorrido por su vida y obra. Como también vendían sus libros, compramos “La sonrisa etrusca”, para rememorar lo mucho que nos había gustado cuando, hace ya muchos años, la leímos. Después, lectura y algún juego de mesa dopo cena.
Y eso hemos hecho. Así que nos ha quedado un sábado inane en lo turístico, pero muy reparador en lo físico y mental. Algo muy en consonancia con la vida de balneario.
Domingo
La cura de aguas no descansa en domingo, así que tuvimos nuestra consabida rutina de media mañana: el vaso de agua medicinal, la niebla, el AQUATERMA-Aquagym y relax y la bendita Cascada de la que hemos pasado olímpicamente. Además, estamos en Domingo de Ramos, día de procesión y misa solemne. Allí fuimos Elvira y yo. La procesión estuvo muy concurrida, con 4 pasos muy interesantes (aquí los llevan sobre remolques con ruedas). Fue complicado retornarlos a la Iglesia. La bendición de los ramos y la misa fueron solemnes y emotivas con un coro estupendo. Y tras la misa, de nuevo al hotel y la comida.
Para la tarde nos planteamos ver dos lugares con mucha historia aragonesa: Cervera de la Cañada y el pueblo de Ateca. No están lejos del balneario y merece la pena verlos, así que, superada la siesta, nos pusimos en marcha.
Cervera de la Cañada es uno de esos pueblos aragoneses con mucha historia (y arte) por detrás. En este caso, la joya de la corona de Cervera es la Iglesia de Santa Tecla, un hermoso edificio (fortaleza e iglesia) del S.XIV que combina lo mudéjar con lo gótico. El interior resulta muy interesante. Y su exterior es toda una definición plástica de lo que fueron estos pueblos aragoneses: un espacio habitacional, normalmente en la ladera de una colina, y en la cima, una enorme estructura defensiva (convertida después en iglesia) desde la que se otea toda la llanura alrededor.
Ateca es una hermosa villa de origen celtíbero (de nombre Alce) que se remonta al año 250 a.C.; posteriormente, los árabes dieron el nombre de Atïca, que significa “antigua”. Y lo es, puesto que en el entorno de Ateca se han encontrado restos arqueológicos de la edad del hierro. En la época romana ocupó un lugar privilegiado en la vía romana IterXXV que unía Augusta Emérita (Mérida) y Cesaraugusta (Zaragoza) a través de Toletum (Toledo).
El protagonismo en la historia de este hermoso lugar está vinculado al CID (de hecho forma parte de la ruta del CID y se le menciona en uno de los versos del Mío Cid) que la ocupó en 1081 y donde residió. Y lo que llama la atención es el mudéjar que respiran sus monumentos (especialmente, la iglesia de Sta. María). Llamativas son, también, la torre del reloj, inclinada porque está asentada en un terreno poco firme, y la casa consistorial de ladrillo rojo al estilo mudéjar y estructura renacentista.
En definitiva, ha sido una bonita tarde. Y, ahora a concluirla, con la cena y nuestra partidita habitual.
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