jueves, marzo 26, 2026

2º día balneario: ANENTO

 



A las 8 de la mañana comienza el desayuno y allí estábamos como balnearistas intensos. En este balneario no se hacen turnos, las comidas son buffet y cada uno las hace cuando le apetece dentro del horario marcado: desayunos de 8 a 11 de la mañana; comidas de las 13 a las 16:30 y cenas de las 20 a las 23. Horarios generosos como se puede ver. Pero nuestro tratamiento comenzaba a las 09:15 y queríamos estar puntuales. Y no fuimos los únicos, porque antes de abrir ya había cola para entrar (obviamente, somos mayores y ya despertamos pronto y con hambre).

El desayuno es muy completo y tienes de todo, desde fruta y zumos, a proteínas variadas (jamón, queso, huevos revueltos, embutidos), pan y pastelería, cafés y leches de todo tipo. Muy bien, nos gustó mucho. De allí a la habitación a cambiarnos (traje de baño, gorro y albornoz) y al circuito que te toque cada día.

Nosotros teníamos dos cosas: NIEBLA (10 minutos en una sala cerrada con agua en suspensión para suavizar los conductos nasales: inspirar, mantener y expulsar) y AQUATERMA-AQUAGYM-RELAX (nombre complicado para algo sencillo: una piscina de agua caliente con unos pocos chorros sin fuerza, donde una monitora dirige unos movimientos sencillos y luego unas tumbonas de mosaico caliente, donde los primeros en salir pueden tumbarse unos minutos). Y ahí se acabó la terapia del día. Total, unos 45 minutos de agua. Y eso sí, te ofrecen CURA HIDROPÍNICA (en sencillo: beber agua caliente, y se supone que medicinal) cuantas veces quieras.

Hemos echado de menos los chorros fuertes que en este balneario solo los ofrecen a los clientes privados. Dicen que en el grupo del IMSERSO hay gente con marcapasos y puede hacerles daño, lo cual no deja de ser una excusa, porque bastaría explicarlo para que quienes tuvieran que evitarlos, lo hicieran. Nosotros es lo que más apreciamos en los balnearios, así que salimos frustrados.

Acabado el tiempo del agua, Juanma y yo nos fuimos al gimnasio y las chicas se fueron al lago termal. El gimnasio está bien con bastantes máquinas y un combinado de ejercicios de fuerza que es lo que nosotros buscábamos. Lo que sucede es que, al menos en mi caso, el gimnasio no forma parte de las rutinas diarias (atrás quedaron los buenos tiempos en que no me perdía dos días de gimnasio a la semana por nada del mundo). Así que me rendí pronto.

El plan era ir a continuación al lago de agua caliente donde nos esperaban las chicas. Y eso fue lo que hizo Juan Manuel. Yo me sentía demasiado derrengado por el gimnasio, así que me quedé en la habitación leyendo un poco.

Y después, comida, pequeña siesta y de nuevo salida exploratoria para conocer Aragón.


 Para la tarde estaba previsto llegarnos a ANENTO un pueblo del que nos habían hablado maravillas. De hecho, forma parte del grupo de “pueblos más bonitos de España”. La pega era que quedaba demasiado lejos (a unos sesenta y pico kilómetros, hora y media de camino, dadas las carreteras). Cerramos los ojos y allá fuimos.

Además, de paso nos quedaba DAROCA, otra de las ciudades notables de Aragón y con un gran papel defensivo en la historia maña. Y entramos en Daroca, un pueblo grande y bien armado de estructuras defensivas. Tiene una ubicación privilegiada desde la que se puede observar todo el valle del Jiloca. La historia cuenta que Daroca nació como la Darek celtíbera y se hizo famosa como la Agiria romana, encargada de defender la vía laminitana que conducía de Zaragoza a Valencia. Esa función defensiva, que siguió manteniendo durante siglos, es patente aún hoy en día en los restos de muralla, en el enorme castillo que la domina desde lo alto y en las iglesias-fortaleza que siguen elevando sus torres por toda la ciudad. 

 La sorpresa para nosotros fue el encontrarnos al final del recorrido con la fuente de los 20 caños. No era día de calor (el cierzo te obligaba a buscar el sol) para disfrutar de una buena remojada en la fuente, pero era fácil suponer lo que podía imaginar la bendición que ha de significar esa fuente múltiple en plena canícula veraniega aragonesa. Además, nos recordó una fuente similar en Priego de Córdoba, de la que tanto se jacta nuestro amigo Jesús. Le enviamos, por supuesto, una foto que enseguida él minimizó diciendo que 20 caños no son nada frente a los 167 que tiene la de Priego.

 

Pero la gran sorpresa de la tarde aún estaba por llegar, pues resultó que ANENTO era efectivamente uno de los pueblos más bonitos de España. No es fácil llegar a él (quizás por eso ha podido mantenerse como la maravilla que hoy es), pero perdonas cualquier dificultad si es el precio a pagar por la supervivencia de esa joya. Anento es una construcción moderna en la ladera tortuosa de un monte (de siempre la belleza va reñida con la comodidad) lo que le permite una estructura urbanística organizada en torno a rincones preciosos. Es como una maqueta a tamaño real de lo que podría ser un pueblo ideal. Vas subiendo por callejuelas empinadas en las que se van sucediendo pequeños descansillos que hacen de patio de entrada a casas que parecen de cuento. O sea, avanzas sofocado de asombro en asombro. Todo está muy bien conjuntado: los colores, la combinación entre escalones y rellanos, las plantas y los utensilios de adorno. Un lugar de artistas, pensamos, aunque luego encontramos a una señora que subía y nos desmintió que lo fuera: ella era carpintera y hacía muebles (de los caros, matizó), su hijo tenía una casa rural y otro pariente unos pisos turísticos.

 Sea como fuere, nos quedamos prendados del pueblo. Hicimos infinidad de fotos, pero ya fuimos conscientes de que ninguna foto puede reflejar la hermosa combinación de elementos de este pueblo. Como se iba haciendo noche y el sol se iba perdiendo en el horizonte apuramos para regresar pues la carretera era compleja, pero aún nos dio tiempo a disfrutar de una sorpresa más: la enorme Foz, cortada en plan acantilado, en cuyo fondo está situado el pueblo. Ya nos habían informado que hay unos senderos desde el pueblo, en el fondo del barranco, que son espectaculares pues te vas encontrando cascadas y lugares preciosos. Nosotros los vimos desde arriba del todo (resultaba agobiante y daba vértigo ver la profundidad de la Foz) y, en verdad, evitamos acercarnos mucho. Lamentamos haberle dedicado tanto tiempo a Daroca, lo que nos retrasó la llegada a Anento.

 Después, ya armados de paciencia (esa tarde conducía yo) regresamos al balneario. Tarea que, siendo de noche, no resulta fácil pues te mueves bien por carreteras perdidas donde no ves a nadie o entras en autopistas llenas de camiones suicidas que van a toda leche y te pueden destrozar al menor descuido. Pero llegamos bien, cenamos bien y estábamos tan cansados que ni ganas nos quedaron para el rummikub.

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