Tras los habituales titubeos sobre si nos lo concederían este año o no, la mala noticia del NO llegó a finales de febrero. Que quedábamos en lista de espera, nos dijeron, porque los 42 puntos que teníamos no habían sido suficientes para entrar en la lista de los seleccionados. Pero, al final, la experiencia es un grado y, como ya nos había salido bien en alguna ocasión anterior, llamamos directamente al balneario por si, a pesar de no estar en el listado oficial, les había quedado alguna vacante que pudiéramos ocupar nosotros. Y sí tenían 4 plazas libres para el 24 de marzo: ¡apúntenos, ya!, debió decirles Celia con su notable capacidad de convicción. Y así entramos en el programa de balnearios del IMSERSO un año más. Está vez en el Pallarés de Alhama de Aragón
Aquí va nuestra experiencia.
1er. Día (23 marzo, lunes): llegada con anticipación.
Nuestra estrategia es llegar al balneario una noche antes de que comience nuestro turno. Vamos como clientes del hotel y así nos garantizamos estar temprano para la visita médica del día siguiente y postular unos horarios de baños de primeras horas de la mañana, que nos dejen el día libre para poder organizar viajes por el entorno.
Nos citamos para comer y visitar la ciudad en Soria que nos quedaba a todos de camino o casi. Celia y Juan Manuel vienen desde Madrid y se desvían un poco. Nosotros llegamos desde Santiago y nos coge de camino. Además, Soria es una ciudad a la que has de ir a propósito si quieres conocerla. A mí me ha tocado cruzarla muchas veces, en mis viajes de Navarra a Madrid, pero siempre lo hacía circunvalándola, sin llegar a entrar al interior de la ciudad.
Llegamos bien y con tiempo para dar un paseo por la alameda de Cervantes o “la Dehesa” como la conocen los sorianos, el parque central de la ciudad. Nos encantó, pensando, sobre todo, en nuestros coetáneos sorianos. A cierta edad se agradecen esos espacios amplios y llanos para caminar y, más aún, si están bien surtidos de bancos donde poder sentarse. Comimos en la Gastro Tasquita. Bien, con presentaciones originales como los tenderetes (por su semejanza con un tendido de ropas para secarse). Escogimos el de atún y el de pastrami y ambos estaban muy ricos, logrando una mezcla de sabores que daban al conjunto un toque especial. Las alcachofas fritas dejaban bastante que desear, al igual que el cardo con salsa de trufa, las primeras por demasiado fritas y el cardo por demasiado cocido y blandengue. Estuvo mejor la carrillera de jabalí. Los postres pasables. El precio aceptable, que tampoco te vas a poner a tacañear el primer día de las vacaciones. Pero pasamos un buen rato, recuperamos fuerzas para seguir visitando la ciudad y tomar de nuevo el coche para llegarnos a Alhama de Aragón.
Salimos de Soria con la sensación de que es una ciudad que ha recuperado mucho ciertas casas nobles que le dan solera, pero con mucha faena por delante para recuperar (o al menos adecentar) otras casas que siguen ruinosas y afean la estética y el buen gusto urbano.
De Soria a Alhama se va por una carretera comarcal solitaria. Llama la atención las enormes llanuras de campos inmensos. Ya había sido, también, así el tramo de Burgos a Soria. A veces nos daba la impresión de que estábamos perdidos y mirábamos con desconfianza al GPS que, sin embargo, parecía muy seguro. Y tenía razón, llegamos al balneario sin tropiezos.
Llegamos a buena hora. Tomamos la habitación (decente y sin pretensiones). El hotel majestuoso. En sus buenos tiempos debió ser impresionante, aunque ahora, esa historia solo se atisba en forma de zonas desconchadas y clamando restauración. Con todo conserva ese aire decadente y honroso de haber sido grande. El entorno es, también, majestuoso con el añadido del lago termal (el único en Europa, nos dijeron) que invita a bañarse pese al aire frío que nos trae el cierzo de estos días. En fin, un buen sitio para pasar los 10 días que estaremos aquí.
Dejamos las cosas y nos encaminamos al pueblo para dar una vuelta de reconocimiento, situarnos en el contexto y tomar alguna cosilla que es lo único que nos apetecía tras la comilona de Soria. El pueblo no es gran cosas, pero cuenta con una iglesia enorme, está cruzado por el río Jalón y se ve un pueblo con solera. Sin embargo, no encontramos nada que tomar, quizás por ser lunes. Así que volvimos al hotel y nos consolamos con una infusión.


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