sábado, octubre 14, 2023

LA ISLA DEL AIRE


 

A nadie se le escapa que poder ver, admirar, aplaudir y despedir a Nuria Espert en su gira final por los teatros españoles es todo un honor. Poder asistir a la representación en nuestra propia ciudad sin tener que desplazarnos a alguna de las capitales del teatro, es otra bendición que se agradece. Así que ninguna ocupación o circunstancia podría merecer atención ante la cita con esta artistaza a la que hemos admirado desde hace tantos años y que se despide del teatro a sus 88 años.

Como era de esperar, el Auditorio de Santiago estaba a rebosar. Da gusto verlo todo lleno, cosa que sucede solo en los grandes eventos. Y resultaba curioso que el público que asistía, salvo los incondicionales de cualquier actividad cultural que se programe, era bastante distinto de quienes acudimos cada jueves a la cita con la música y nuestra orquesta filarmónica. Está visto que también el teatro (o quizás, Nuria Espert) tiene sus fieles que se llegaron a Santiago para despedirla como se merece. Que cuenta con muchos admiradores quedó claro en la intensidad de los aplausos y vítores del final de la obra.

Pues ya digo, con esa expectativa llena de afecto y nostalgia asistíamos, entregados de antemano, a esta obra de despedida de la Nuria: La isla del Aire. Una obra que cuenta la historia de 5 mujeres (la abuela, obviamente Nuria, sus dos hijas, y dos de las hijas, ya adultas, de una de ellas) que se reúnen en la casa de la madre de las chicas. El encuentro va provocando roces y confidencias que van sacando a la luz la convulsa vida personal, los secretos de cada una de ellas. La reunión coincide con la fecha en que desapareció en el mar la tercera hermana de las dos nietas del grupo (en realidad, la mayor de ellas) y la abuela propone un paseo hasta la isla (la isla del Aire, de ahí el título) en cuyo entorno se supone que desapareció su nieta. Así pues, sobre el fondo de una nieta-hija-hermana desaparecida, la obra va descubriendo los aspectos desencajados de la vida personal y familiar de los 5 personajes que aparecen en la historia (que en realidad son 6, pues la desaparecida y ausente tiene un notable protagonismo durante toda la representación).

 Los aspectos técnicos de la representación, sujetos a la modalidad habitual del minimalismo coreográfico, está muy lograda. Era de esperar, siendo Mario Gas el director. Con poquísimos recursos logran situarnos en un contexto próximo al mar (cuyo sonido se escucha de fondo) e, incluso, en una isla imaginaria. No hay cambios de escenografía y todo se va resolviendo a base de luces e imágenes proyectadas sobre unos lienzos.

El texto está bien escrito, con conversaciones (al final eso es el teatro) muy lúcidas y dinámicas. La magia de Nuria, con su forma de interpretar, con su entonación, con su chispa y sus toques de humor y drama hace que el tono de suspense y emoción se mantenga durante toda la representación.

En cuanto al juego de actrices todas están bien y cumplen su papel, aunque, claro, ante el protagonismo y solvencia que muestra Nuria, las otras quedan un poco deslucidas. Pero hacen un conjunto armónico que se acomoda bien a la naturaleza de la historia.

Tengo que confesar que disfruté con la obra. Disfruté y sufrí casi a igual nivel. Y lo hice porque en el teatro, además de ser un juego de actores que representan una historia, está la historia que se cuenta. Y la historia que la Isla del Aire cuenta es una historia desmesuradamente triste. Me pareció una forma pesimista de ver la vida con gafas aumentadas. Se me asemejó a un concierto en el que solo tocaran los contrabajos. Todo demasiado lúgubre, oscuro, sin esperanza… Y como fondo de todos los males, los hombres. Ninguno se salva, todas se equivocaron al elegir pareja, la única salvación posible es atribuirles el motivo de los desajustes y alejarse de ellos.

Pero la vida no es así. Las mujeres que conocemos no son así. No sucede que las 5 mujeres de una familia, de tres generaciones diferentes, todas ellas vivan esa muerte cotidiana. No sucede que las 5 historias de tristeza y desamparo estén vinculadas a la relación con hombres desatentos y tóxicos. En niveles de máximos, hasta podríamos aceptar que en algún caso aislado pudiera haber sido así, pero cuando eso se repite constantemente en películas, libros, teatro, etc. da una imagen terrible de nosotros mismos. Porque en la realidad, las cosas no son así. Esta mañana escuchaba en la radio que el setenta y mucho por ciento de las personas indicaban que se sentían felices con la pareja con la que convivían. ¿Por qué entonces esa imagen, constantemente alimentada, de dramas permanentes, de mujeres desgraciadas por causa de los pesares que los hombres les causan? Desde luego hay mujeres con itinerarios vitales desgraciados. También hay hombres en esas circunstancias. Pero ni lo son todos/as, ni todos los que lo son, lo son porque haya sido su pareja la causante. Esa ola cultural en la que parece que el rescate del protagonismo femenino se ha de construir a partir del hacer ver que su situación actual es angustiosa y que la culpa de esa situación la tienen los hombres, a mí personalmente me desconcierta y abruma. Me hubiera parecido más interesante si en esa familia amplia y diversa hubieran estado equilibradas las balanzas entre desgracias y alegrías, entre desventuras y aventuras. Se hubiera parecido más a le realidad, aunque quizás, y por eso mismo, hubiera exigido más al guion.

En fin, con lo vitalista que siempre me ha parecido Nuria Espert, me ha llamado la atención que haya escogido esta obra para despedirse. Se merecía algo más luminoso y vitalista. Hay quien dice que a los actores y actrices les da más juego el drama que la comedia. Y puede ser.  Ella, desde luego se ha lucido una vez más.

jueves, octubre 12, 2023

CERRAR LOS OJOS

 



 

Preciosa esta película de Víctor Erice. A sus 83 años, este cineasta ha vuelto a comprometerse con una gran producción, su canto de cisne, que demostra que donde hubo un gran talento (El espíritu de la colmena, El Sur), aún queda la sensibilidad y la creatividad necesaria para aportarnos una obra de arte, una nueva joya cinematográfica.

Cerrar los ojos parte de un guión del propio Erice con Michel Gaztambide. Y el elenco de actores es fantástico. Cada uno de ellos se apodera de su personaje y se transforma en él. Todos ellos los convierten en sujetos creíbles, especialmente dos los protagonistas, Manolo Soto y Coronado. Ambos llenan la pantalla y dan vida a toda la historia.

Técnicamente la película me ha parecido una preciosidad, una master class sobre fotografía, sobre encuadre, sobre tonalidades y fondos, sobre ritmo, sobre estructura de planos (con un predominio claro de los primeros planos, lo que debió suponer un desafío enorme para los actores). Me llamó especialmente la atención la cuestión de los encuadres: las figuras humanas siempre en el centro de la pantalla buscando la simetría perfecta en las escenas, como si se tratara de un conjunto de fotografías de estudio perfectamente preparadas cada una de ellas detalle a detalle.

La historia sigue un decurso complejo pues se trata de hacer cine sobre el cine. Se comienza con escenas de una película que no es la película que vemos. Y de esa escena, que es de otro film de hace 20 años, surge la historia de la película que vemos. Porque del elenco de aquella película desapareció, en la fase final, el protagonista del film. Sin dejar rastro, sin que se supiera el motivo, sin que apareciera su cadáver. Y ahí es donde comienza la historia de la película que vemos. Un programa televisivo de aquellos que buscaban personas desaparecidas se propone averiguar qué pasó con aquel actor desaparecido e inicia el proceso entrevistando al que dirigía la grabación del film y movilizándolo para que siga una pista que dice que aún está vivo. Y esa es la historia y la moraleja del film: han pasado 20 años desde la desaparición de una persona y, sea lo que sea que ha sucedido en este intervalo, la búsqueda nos va a llevar a lo que somos o podríamos ser 20 años después. 


 

Algunos críticos señalan que este film postrero de Erice es un canto a las personas mayores (igual que El SUR fue un canto a la adolescencia y EL ESPÍRITU DE LA COLMENA lo fue a la infancia). Un canto a lo que los mayores son capaces de recordar y a lo que olvidan, a los destrozos que la vida les provoca y a la madurez y equilibrio resignado que la experiencia les proporciona. Como ese mensaje me coge en la diana de los homenajeados es muy de agradecer. Me ha encantado la forma sosegada y tranquila en la que los protagonistas revisan su vida; el espíritu proactivo con que afrontan su presente, sin rendirse, sin vanas nostalgias del pasado. Sin renunciar, tampoco a lo que la vida les ofrece en esa etapa final. Y la mejor muestra de ello es el propio Erice, que a sus 83 años ha sido capaz de construir esta enorme obra de arte.

Enorme hasta en el tamaño. Me asusté al ver que duraba casi tres horas (en realidad, parece que la primera versión era de 4 horas), pero he de reconocer que no se me hizo larga en absoluto. Quizás sea porque el film va mejorando a medida que avanza y la parte final es realmente extraordinaria. Muy recomendable, sin matiz alguno.

lunes, octubre 09, 2023

DISPARARON AL PIANISTA

 

¡Qué bonita película, hermosa, emotiva, llena de creatividad!

Trueba y Mariscal dibujan (y nunca mejor dicho lo de dibujar) una historia en la que personajes, imágenes y música se funden de una manera increíble. Incluso si no eres partidario de las pelis de animación, ésta tiene un encanto especial, algo que te mete en la historia y la disfrutas y la sufres. Suele decirse que, dado que el nivel de potencia analógica es mucho mayor en la imagen que en el dibujo, las historias contadas con fotografías resultan más creíbles, más próximas y envolventes para el espectador. Pudiera ser, pero en este caso no se siente esa lejanía entre dibujo y realidad. Mariscal es un genio para describir y connotar las realidades que dibuja a través de las líneas que traza, los colores que les da, los tonos del fondo. Y, si a ello se le añade esa música brasileña tan contagiosa, la mezcla crea un ambiente perfectamente dispuesto para hacerte sentir lo que sus autores quieren.

Pues ya está casi todo dicho. Dispararon al pianista es una película española de animación (2023) dirigida y guionizada al unísono por Fernando Trueba y Javier Mariscal. Ya habían hecho una cosa parecida con Chico & Rita, solo que en aquel caso situaron su historia en Cuba y la enriquecieron musicalmente con sones cubanos. En esta, la historia se refiere a un hecho real, la localización de un afamado pianista brasileño (Tenorio Junior) que desaparece sin dejar rastro en Buenos Aires en los inicios del golpe militar. Su búsqueda se desarrolla a través de entrevistas y encuentros con los que fueron sus compañeros de banda y de actuaciones. Y, con esa excusa, la película se convierte en una especie de musical-ride-tour por la música brasileña y argentina del momento. Vinicius de Morais, Joao Gilberto, y toda la serie de grandes protagonistas de la bossa nova y el jazz. Como sus actuaciones se altarnaban entre Río de Janeiro y Buenos Aires, y dado que la desaparición sucedió en esta última ciudad, también se da entrada a músicos y colegas del espectáculo argentinos.

El ritmo de la película es rápido, lo que hace que se vayan sucediendo las entrevistas y encuentros con personajes diversos, como si se tratara de un documental periodístico (por lo visto inicialmente fue concebido así, como un documental que sirviera de aval cinematográfico a la novela del mismo nombre que Trueba y Mariscal iban construyendo en paralelo). Pero luego el documental les pareció insuficiente y se animaron a un largometraje. Eso da agilidad a la historia y evita que se haga pesada, pero como se aplica también a la música, hace que los espectadores solo podamos disfrutar de pequeñas cuñas musicales al hilo de cada entrevista. Pero, aunque solo sea un surfeo superficial por las piezas más conocidas de la bossa nova, el clima musical que se genera con esa erótica propia de lo brasileño es fantástico.

 Y si la música es ya de por sí razón suficiente para ir a ver y disfrutar de la película, otro tanto sucede con las imágenes. Mariscal en ningún caso pretende engañar. No hay efectos especiales, no aparecen avatares que quisieran asemejarse a personajes reales. Son dibujos netos, pero están tan bien hechos, se logra una cinética tan espectacular con ellos que quedas fascinado. El realismo de los personajes y los paisajes (aparece un dibujo de Sao Paulo con ese edificio enorme en forma de S que me trasladó de inmediato a aquel lugar exacto por el que he caminado tantas veces, y otro tanto podría decirse del obelisco en Buenos Aires), el efecto de un tren que se acerca, o del paisaje que se ve y se va moviendo a través de la ventanilla del avión son espectaculares. Es una obra de arte y con esa sensación vives toda la película.

Y en el fondo de la historia (a veces, también en la figura) está el golpe de Estado militar en Argentina (vinculado a través del Plan Cóndor con los de Chile y Brasil). Él pianista Tenorio no podía imaginar que las cosas estuvieran tan mal en Buenos Aires y lo que estaba llamado a ser un momento de éxito profesional y personal acabó convirtiéndose en una tragedia.

En definitiva, una historia bien contada, en un lenguaje gráfico de gran potencia artística y comunicativa y con un ritmo perfecto. Quizás se hacen redundantes algunas entrevistas (y, por tanto, podría reducirse algo el metraje total), pero nunca es cansado. Y la sensación final es estupenda, la música brasileña va acompañando los créditos finales y sales de la sala flotando en la nostalgia de los muchos recuerdos evocados por la música y los ambientes brasileños y argentinos.

Si pueden verla, no se la pierdan.