jueves, octubre 12, 2023

CERRAR LOS OJOS

 



 

Preciosa esta película de Víctor Erice. A sus 83 años, este cineasta ha vuelto a comprometerse con una gran producción, su canto de cisne, que demostra que donde hubo un gran talento (El espíritu de la colmena, El Sur), aún queda la sensibilidad y la creatividad necesaria para aportarnos una obra de arte, una nueva joya cinematográfica.

Cerrar los ojos parte de un guión del propio Erice con Michel Gaztambide. Y el elenco de actores es fantástico. Cada uno de ellos se apodera de su personaje y se transforma en él. Todos ellos los convierten en sujetos creíbles, especialmente dos los protagonistas, Manolo Soto y Coronado. Ambos llenan la pantalla y dan vida a toda la historia.

Técnicamente la película me ha parecido una preciosidad, una master class sobre fotografía, sobre encuadre, sobre tonalidades y fondos, sobre ritmo, sobre estructura de planos (con un predominio claro de los primeros planos, lo que debió suponer un desafío enorme para los actores). Me llamó especialmente la atención la cuestión de los encuadres: las figuras humanas siempre en el centro de la pantalla buscando la simetría perfecta en las escenas, como si se tratara de un conjunto de fotografías de estudio perfectamente preparadas cada una de ellas detalle a detalle.

La historia sigue un decurso complejo pues se trata de hacer cine sobre el cine. Se comienza con escenas de una película que no es la película que vemos. Y de esa escena, que es de otro film de hace 20 años, surge la historia de la película que vemos. Porque del elenco de aquella película desapareció, en la fase final, el protagonista del film. Sin dejar rastro, sin que se supiera el motivo, sin que apareciera su cadáver. Y ahí es donde comienza la historia de la película que vemos. Un programa televisivo de aquellos que buscaban personas desaparecidas se propone averiguar qué pasó con aquel actor desaparecido e inicia el proceso entrevistando al que dirigía la grabación del film y movilizándolo para que siga una pista que dice que aún está vivo. Y esa es la historia y la moraleja del film: han pasado 20 años desde la desaparición de una persona y, sea lo que sea que ha sucedido en este intervalo, la búsqueda nos va a llevar a lo que somos o podríamos ser 20 años después. 


 

Algunos críticos señalan que este film postrero de Erice es un canto a las personas mayores (igual que El SUR fue un canto a la adolescencia y EL ESPÍRITU DE LA COLMENA lo fue a la infancia). Un canto a lo que los mayores son capaces de recordar y a lo que olvidan, a los destrozos que la vida les provoca y a la madurez y equilibrio resignado que la experiencia les proporciona. Como ese mensaje me coge en la diana de los homenajeados es muy de agradecer. Me ha encantado la forma sosegada y tranquila en la que los protagonistas revisan su vida; el espíritu proactivo con que afrontan su presente, sin rendirse, sin vanas nostalgias del pasado. Sin renunciar, tampoco a lo que la vida les ofrece en esa etapa final. Y la mejor muestra de ello es el propio Erice, que a sus 83 años ha sido capaz de construir esta enorme obra de arte.

Enorme hasta en el tamaño. Me asusté al ver que duraba casi tres horas (en realidad, parece que la primera versión era de 4 horas), pero he de reconocer que no se me hizo larga en absoluto. Quizás sea porque el film va mejorando a medida que avanza y la parte final es realmente extraordinaria. Muy recomendable, sin matiz alguno.

lunes, octubre 09, 2023

DISPARARON AL PIANISTA

 

¡Qué bonita película, hermosa, emotiva, llena de creatividad!

Trueba y Mariscal dibujan (y nunca mejor dicho lo de dibujar) una historia en la que personajes, imágenes y música se funden de una manera increíble. Incluso si no eres partidario de las pelis de animación, ésta tiene un encanto especial, algo que te mete en la historia y la disfrutas y la sufres. Suele decirse que, dado que el nivel de potencia analógica es mucho mayor en la imagen que en el dibujo, las historias contadas con fotografías resultan más creíbles, más próximas y envolventes para el espectador. Pudiera ser, pero en este caso no se siente esa lejanía entre dibujo y realidad. Mariscal es un genio para describir y connotar las realidades que dibuja a través de las líneas que traza, los colores que les da, los tonos del fondo. Y, si a ello se le añade esa música brasileña tan contagiosa, la mezcla crea un ambiente perfectamente dispuesto para hacerte sentir lo que sus autores quieren.

Pues ya está casi todo dicho. Dispararon al pianista es una película española de animación (2023) dirigida y guionizada al unísono por Fernando Trueba y Javier Mariscal. Ya habían hecho una cosa parecida con Chico & Rita, solo que en aquel caso situaron su historia en Cuba y la enriquecieron musicalmente con sones cubanos. En esta, la historia se refiere a un hecho real, la localización de un afamado pianista brasileño (Tenorio Junior) que desaparece sin dejar rastro en Buenos Aires en los inicios del golpe militar. Su búsqueda se desarrolla a través de entrevistas y encuentros con los que fueron sus compañeros de banda y de actuaciones. Y, con esa excusa, la película se convierte en una especie de musical-ride-tour por la música brasileña y argentina del momento. Vinicius de Morais, Joao Gilberto, y toda la serie de grandes protagonistas de la bossa nova y el jazz. Como sus actuaciones se altarnaban entre Río de Janeiro y Buenos Aires, y dado que la desaparición sucedió en esta última ciudad, también se da entrada a músicos y colegas del espectáculo argentinos.

El ritmo de la película es rápido, lo que hace que se vayan sucediendo las entrevistas y encuentros con personajes diversos, como si se tratara de un documental periodístico (por lo visto inicialmente fue concebido así, como un documental que sirviera de aval cinematográfico a la novela del mismo nombre que Trueba y Mariscal iban construyendo en paralelo). Pero luego el documental les pareció insuficiente y se animaron a un largometraje. Eso da agilidad a la historia y evita que se haga pesada, pero como se aplica también a la música, hace que los espectadores solo podamos disfrutar de pequeñas cuñas musicales al hilo de cada entrevista. Pero, aunque solo sea un surfeo superficial por las piezas más conocidas de la bossa nova, el clima musical que se genera con esa erótica propia de lo brasileño es fantástico.

 Y si la música es ya de por sí razón suficiente para ir a ver y disfrutar de la película, otro tanto sucede con las imágenes. Mariscal en ningún caso pretende engañar. No hay efectos especiales, no aparecen avatares que quisieran asemejarse a personajes reales. Son dibujos netos, pero están tan bien hechos, se logra una cinética tan espectacular con ellos que quedas fascinado. El realismo de los personajes y los paisajes (aparece un dibujo de Sao Paulo con ese edificio enorme en forma de S que me trasladó de inmediato a aquel lugar exacto por el que he caminado tantas veces, y otro tanto podría decirse del obelisco en Buenos Aires), el efecto de un tren que se acerca, o del paisaje que se ve y se va moviendo a través de la ventanilla del avión son espectaculares. Es una obra de arte y con esa sensación vives toda la película.

Y en el fondo de la historia (a veces, también en la figura) está el golpe de Estado militar en Argentina (vinculado a través del Plan Cóndor con los de Chile y Brasil). Él pianista Tenorio no podía imaginar que las cosas estuvieran tan mal en Buenos Aires y lo que estaba llamado a ser un momento de éxito profesional y personal acabó convirtiéndose en una tragedia.

En definitiva, una historia bien contada, en un lenguaje gráfico de gran potencia artística y comunicativa y con un ritmo perfecto. Quizás se hacen redundantes algunas entrevistas (y, por tanto, podría reducirse algo el metraje total), pero nunca es cansado. Y la sensación final es estupenda, la música brasileña va acompañando los créditos finales y sales de la sala flotando en la nostalgia de los muchos recuerdos evocados por la música y los ambientes brasileños y argentinos.

Si pueden verla, no se la pierdan.

viernes, septiembre 01, 2023

DÍAS MEJORES

 

Se hace raro comentar una serie, pero calculo que tendremos que ir acostumbrándonos a ello, pues cada vez las conversaciones con los amigos giran más sobre series que sobre películas. Y hay que reconocer que las características de las series como productos cinematográficos las hace muy atractivas. El tiempo se hace mucho más largo y eso permite construir historias más complejas, con más matices, con idas y venidas. Resultan, desde luego, menos espectaculares en lo que a efectos especiales se refiere, pero, por el contrario, ese menor escándalo de estímulos hace que goces más de lo esencial de la trama, de la historia que te están contando.

Claro que, también entre las series, las hay mejores y peores. Por todo lo dicho antes en su favor (tiempo, matices, continuidad), cuando una serie sale mala o no te gusta, se convierte en un suplicio insufrible, sobre todo para quienes somos incapaces de dejar a medias algo, aunque no nos guste demasiado.

La cosa es que esta vez caímos al azar en DÍAS MEJORES y, la verdad, nos atrapó enseguida. Siendo nosotros psicólogos, que se tratara de una terapia grupal para personas que están pasando por un duelo, tuvo mucho que ver en ello. Que en el elenco estuviera Blanca Portillo y otros actores que nos sonaban, también. Y que fuera una miniserie (dos temporadas con 18 episodios en total), también tuvo su influencia. El caso es que nos enganchó enseguida y que la hemos disfrutado mucho.

Desde el punto de vista cinematográfico hay que reconocerle muchos méritos. En primer lugar, la propia idea y construcción del guión. ¡Qué pena que sea tan difícil conocer a directores y guionistas de las series! Todo su mérito queda diluido en el nombre de la empresa que la produce. Saber que es una serie de Amazon y TV5 está bien, pero el mérito creativo y de realización está en los profesionales que la han pensado y construido. Debería haber una ficha técnica de las series, como la hay de las películas. En este caso, ese mérito corresponde a Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, (Wikipedia dixit), que han hecho un trabajo fantástico. E igual mérito hay que atribuir a quienes llevaron a cabo el casting porque los actores y actrices seleccionados son magníficos y se han metido en su papel de una manera insuperable. Algo que no era fácil pues sus personajes tienen características muy marcadas y oscilantes a lo largo de la historia. No se trata solo de lo que hacen o dicen, sino de lo que siente, de la forma de expresar y gestionar emociones complejas. Algún momento de sobreactuación aparece, pero todos ellos hacen que la persona que encarnan se haga creíble, que te meta en su historia y te haga emocionarte con ella; que la vivas como si fuera tu compañera de trabajo o tu amiga, o  alguien a quien conoces y aprecias.

También es perfecta la sintaxis que logra la serie encadenando pasado y presente de las historias que van desgranando los sujetos durante la terapia. No hace falta que lo cuenten todo porque el film te lo ofrece tal como sucedió. Y de esa manera quien lo ve puede contrastar la realidad con el relato que de ese momento hace el sujeto en terapia (al final, ése es el secreto de una terapia psicológica, la forma en que cada sujeto construye el relato del conflicto que desea afrontar). Esa superposición entre pasado y presente, entre realidad y relato hace que no puedas aburrirte. Los relatos alargados, sobre todo cuando se refieren a emociones o vivencias personales, acaban haciéndose pesados. Todos lo hemos vivido con esos amigos que vuelven y vuelven a contarte cómo se sienten. Afortunadamente, eso lo evita la serie con el recurso a los flashback permanentes, que por otra parte, tampoco te confunden porque se identifican muy bien.

Finalmente, la historia (las historias) es magnífica. 5 personas que han vivido pérdidas graves y que tienen grandes problemas (unos visibles y otros no tanto) para reconstruir su vida. Visto así podría parecer una historia muy dramática y, de hecho lo es, pero está desarrollada de tal manera que se va conjugando con todos los matices que tiene la vida tanto en su versión drama como en su versión comedia. Lloras y te ríes, sufres por el dolor del personaje, pero disfrutas con él o ella de toda su capacidad de resiliencia, con sus ganas de vivir, de pelear por salir adelante. La terapia los convierte en amigos. Amigos de una amistad sincera, propia de sobrevivientes. Han compartido sus dolores, pero también sus alegrías, sus dudas, su afecto, su singularidad como personas.  Esa sinergia grupal acaba transfiriéndose, también, a quienes seguimos su proceso como espectadores. Te encariñas con el grupo y acabas sintiéndote uno de ellos. Quizás, ni te importaría sumarte a su grupo y compartir con ellos tus propios agobios personales con la seguridad de que entre todos podríais mejorar tu estilo de afrontamiento.

 Supongo que mi propia condición de psicólogo ha tenido algo que ver en que haya disfrutado tanto con la serie. Me ha gustado mucho el papel que desempeñaba Blanca Portillo. No tanto porque estuviera siempre de acuerdo con las cosas que decía o hacía como terapeuta (supongo que la serie ha contado con asesores externos que han velado por la validez psicológica del guión), sino por el acierto (al menos, acierto cinematográfico, que no lo es tanto si de una terapia real se tratase) de incluirla en la historia con sus propios problemas. Ella trata, igual que sus pacientes, de sobrevivir en medio de movimientos sísmicos en su propio espacio vital. Y así genera empatía, también ella, en quienes la vemos más allá de nuestras pantallas.

En fin, una gran serie. Seria técnicamente y muy humana en su contenido. Una reflexión sobre la vida menos fácil que las personas debemos ir afrontando en nuestra vida. 5 historias (incluida la de la propia terapeuta) que han sufrido pérdidas importantes en su vida, pero que están dispuestas a luchar por sobrevivir. Durante la pandemia (que, por cierto, está bien recogida en algunos de los episodios) cantábamos entre aplausos al atardecer aquello del “resistiré”: “soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie. Resistiré, para seguir viviendo, decía la canción. Y eso mismo es lo que se aprende en “Días mejores”.

Muy recomendable. De veras.