lunes, enero 19, 2015

¿DEPRIMIDO?




“¿Estás deprimido?”, “No sé, se te ve raro…”
No sé, ¿qué se puede hacer cuando a cada poco tienes que enfrentarte a gente que te saluda de esa guisa?. Si pones cara de circunstancias, daría la impresión de que les das la razón. Si les dices que no pasa nada en absoluto, no te creen (al final eso es lo que se supone que dicen las personas que no se encuentran bien para no tener que seguir dando explicaciones). Si protestas, la fastidias porque tampoco se trata de eso, encima de que se preocupan por ti, tú te enfadas. Al final, la única salida es actuar a la gallega, responder con otra pregunta: ¿por qué lo dices? Así le pasas el problema de explicarse al que hace la pregunta y  te da un rato de respiro.
Pero el problema principal no está en que te pregunten, sino en cómo están las cosas. Desde luego , hasta uno mismo se da cuenta de que no luce esos ojos brillantes y esa vitalidad que solía. Andas a base de esfuerzo, suspiras (eso me lo repiten, también, mucho “oye te das cuenta de que cada poco suspiras…”), andas renqueando y te agota cualquier mierdecilla de cuesta que debes afrontar. Y lo peor de todo es esa especie de pájara global que te hace tan difícil poder concentrarte en cualquier cosa. Uno ya sabía que esas cosas pasaban, pero siempre a otros. ¡Coño!, es una sensación terrible. Andas de la ceca a la meca sin poder concentrarte en algo y tratar de sacarlo adelante. Lo que antes se te hacía fácil y cuestión de trámite es, ahora, como si tuvieras que escribir la Ilíada.
Yo solía tener una estrategia para estos momentos, que aunque aparecían de vez en cuando eran siempre muy transitorios. Les hacía frente tratando de ordenar el despacho y poner en orden las miles de cosas que se acumulan en mis mesas de trabajo. Esta vez, ni siquiera lo he intentado. Hacerlo requiere de una energía que tengo que ahorrar para sacar adelante la vida cotidiana. ¡Una pesadilla…!
Una vez, mis estudiantes latinoamericanos definieron la depresión como “estar jodidos” y, aunque resulta poco académica, describe bien la situación. La cuestión es que no sé a qué atribuirlo. Quizás estoy un poco agotado con las pruebas médicas sobre el corazón. Eso de los médicos vean que algo no va bien (las arritmias) pero no sepan a qué se debe acaba minando tu seguridad. Estos procesos diagnósticos  interminables y periódicos estresan demasiado. Y si a ello le añades la medicación con betabloqueantes para ralentizar el ritmo cardíaco, ya te puedes despedir de las buenas vibraciones. A veces siento que no soy yo, que mi cuerpo funcionaba de otra manera, que tenía más fuerza, más espíritu.  Además acabo de iniciar un régimen para bajar de peso. Los males no vienen nunca solos. Mi propósito de Año Nuevo fue bajar 10 kilos de peso en 5 meses. La primera semana bajé 3 kilos y medio, pero fue un espejismo. En la segunda, siendo más estricto que en la primera, he subido uno. Pero es otro frente abierto que siempre deprime un poco. Y así con pocos por un lado y pocos por el otro, te vas quedando sin energía. No se pueden tener tantos frentes abiertos.
Pues eso, la cuesta de Enero ha sido penosa. Veremos lo que nos trae Febrero.

viernes, enero 02, 2015

Nuevo año 2015: recalculando los propósitos.




Una de las cosas que me parecen más simpáticas en los GPS es que cuando no sigues sus instrucciones (o él se equivoca, porque le han cambiado la calle), inmediatamente se pone a recalcular los parámetros en los que estaba funcionando: distancia, tiempo restante, nueva ruta, etc. Muchas veces me he planteado lo bien que nos vendría a las personas tener un sistema similar en nuestra cabeza: poder recalcular (y tener voluntad de hacerlo) cada vez que algo te sale mal o diferente a lo que habías previsto, o cuando las circunstancias te cambian. Pues nada, recalculas y adelante.
Viene esto a cuento porque estamos iniciando un nuevo año. Tiempo de estrenos y propósitos. Además la gente que cree en eso de los números dice que éste será un año especial porque los cuatro dígitos del año (2015) suman 8 y ése es un número con características especiales en el mundo de la simbología. Anuncian que será un año de cambios y de catarsis. Ya veremos. De momento el nuevo año se parece a la imagen con la que se inicia esta entrada: algo poco claro lleno de luces pero también de sombras. La cosa es que, sea lo que sea un año que suma ocho, tendremos que calcular y recalcular lo que pretendemos que dé de sí. Que lo consigamos o no, ya es otra historia.
Claro que estar pensando ya en recalcular cuando todavía estamos a día 2 de Enero parece un poco chungo. ¿Apenas hemos estrenado el año y ya tienes que recalcular? Mal asunto. De todas formas, quizás no sea tan raro porque lo que se recalcula no es lo que acabas de decidir sino lo que venías haciendo en el año que acabamos de cerrar. Un recalcular a partir de la experiencia de año anterior.
¿Tan malo fue el 2014?, me preguntan (es el blog que ve que, como no me moje en miradas retrospectivas, esta entrada no va a dar para mucho). Pues así, a bote pronto, no sabría responder con claridad. Desde luego, ha tenido cosas fantásticas. El nacimiento de dos nietas ha sido, sin duda, lo mejor de todo: que todo saliera bien, que ellas hayan ido creciendo perfectamente con esa alegría y ternura que te alegra la vida. La salud se ha mantenido en stand by y hasta hubiera podido alegrarme si no fuera por la insensatez de haberme operado de las cejas (que según los médicos me caían sobre los ojos) y que primero me dejó con unas pintas próximas a Frankenstein y después me ha traído frito durante todo el año. Y lo que te rondaré, morena. De todas formas, la salud es cada vez más protagonista de mi vida y mis preocupaciones y eso es muy mal indicio. Ahí sí que habrá que recalcular. Y a cada poco. Mejor tocar madera
En lo profesional tampoco puedo quejarme aunque (siempre hay un aunque…) uno siente, de manera cada vez más evidente, ese tránsito hacia la marginalidad. Cuando has pasado mucho tiempo en el centro de las cosas, el ir reculando hacia los márgenes (incluso, si eres tú mismo quien lo promueve) es como un virus que te va afectando al ánimo y te descorazona. Un amigo decía hace ya años que él había llegado a una edad en la que ya “no tenía objetivos”. Me pareció dramático cuando se lo escuché. Cómo se puede vivir sin objetivos, me planteaba yo entonces. Ahora, en cambio, lo entiendo mejor. Muchos de los objetivos (sobre todo, los laborales) los mantienes por los otros que dependen de ti o a quienes les afectaría si tú dejaras de planteártelos. Pero incluso aunque los mantengas y pelees por ellos, esa sensación de que estás cerrando proyectos y concluyendo una etapa esencial de tu vida, te genera un vacío que cada vez llena más partes de ti mismo.
En fin, malo cuando tienes que plantearte propósitos y estás con el ánimo maltrecho. En todo caso, en esos paseos por la Alameda que ahora tengo que convertir en rutina he ido marcándome las líneas maestras de lo que desearía que fuera este nuevo año. Propósitos sencillos.
El primero, sin duda, es VIVIR. Así a secas, sin adverbios ni adjetivos. No sé si se trata de un propósito o un deseo.  Ambas cosas, seguramente, pero en esta etapa de minimalismos forzosos, hay que descender a lo más básico. Tiene un toque de dramatismo que acojona un poco, pero hoy por hoy necesito partir de ahí.
El segundo es sólo una continuación del primero: VIVIR CON. Es curioso cómo a medida que pasan los años va cambiando el panorama de las personas con las que te relacionas. Progresivamente van perdiendo importancia aquellas más ligadas al mundo profesional y comienzan a tenerla las que provienen de otros ámbitos. “Vivir con” tiene que resignificar el valor que das a las relaciones. Empezando por las familiares que se van enriqueciendo con la llegada de los nietos y, a la vez, haciéndose más complejas en el entorno familiar global. La verdad es que la presencia casi constante de una nietica en casa nos ha cambiado la vida. Vives con gozo la alegría inmensa que emana de un bebé sano y parlanchín. Pero, a la vez, eso te obliga a cambiar tus rutinas y a estar atento a sus ritmos y demandas. Disfrutar de la familia y, sobre todo, de nuestras nietas va a ser uno de los propósitos básicos de este año.
Mi tercer propósito es una derivación de los anteriores y con su misma esencia: VIVIR EN. Estos años pasados han estado llenos de gentes y lugares. He viajado mucho y he de reconocer que para mí ha sido, a la vez,  importante y agotador. Cada año me comprometo a ir reduciendo las salidas y los compromisos. Probablemente es un propósito inalcanzable si solo cuento con mi voluntad. La cuestión es que ahora empieza a ser la salud la que va imponiendo sus limitaciones. Y eso son palabras mayores y con más poder de convicción que los propósitos de Año Nuevo. Veremos qué da de sí la nueva situación y si soy capaz de acougar en Santiago y de disfrutar algo más de los encantos de esta ciudad.
Y para finalizar hay otro vivir, el VIVIR CÓMO que también me preocupa en este inicio de año. Ya decía antes que la herejía del “vivir sin propósitos” ya no me parece tan grave. Mi cabeza y mi pensamiento siempre viven en el futuro. Siempre  tengo infinitas cosas por hacer e, incluso así, siempre estoy imaginando otras más que se podrían hacer. Al final, lo  que sucede es que nunca consigo relajar mi espíritu, siempre vivo en deuda con cosas iniciadas y que no logro concluir porque antes de hacerlo ya he iniciado otras. A mí me admiran mucho las personas que van escalonando sus compromisos. “Mire, me parece muy interesante eso que me propone, pero en este momento estoy con otra cosa y hasta que la concluya no puedo aceptar nada más”. Eso es lo que algunas personas me responden cuando les propongo alguna nueva iniciativa. Me fastidia que no colaboren conmigo pero les admiro por la buena gestión que hacen de sus esfuerzos y compromisos.
VIVIR, VIVIR CON, VIVIR EN y VIVIR CÓMO. Mis cuatro propósitos para este año. Todos my en torno al vivir, al sobrevivir al 2015. En fin, siento que esto de volver a lo básico no es un inicio demasiado prometedor. Resulta tan de vuelta a lo básico que le falta alegría y estímulo. Yo debería estar soñando con hacer otro crucero, con iniciar nuevos proyectos tanto lúdicos (ahí tengo pendiente el acordeón) como profesionales, con escribir nuevos libros u sacar adelante proyectos exitosos. Pero parece que lo que me pide el ánimo es volver a los cuarteles de invierno, asegurar lo básico y esperar que amainen los temores e incertidumbres de esta época. Algo así como cuando te toca una mano con muy malas cartas y ya ves que tú no vas a poder ganarla así que cambias la estrategia para minorizar los males y que no te cojan muchas. Pero ya digo, eso es muy poco estimulante. Un proyecto de año anémico. ¡Quién me lo iba a decir! Ojalá pueda recalcularlos con un chute de más alegría.

domingo, mayo 11, 2014

CRUCERO 7- DUBROVNIK




La entrada en Dubrovnik resulta un tanto anodina. Ves un puente enorme de esos soportados por grandes tirantes desde lo alto, pero ni siquiera entras por ese canal (que lleva al puerto antiguo). El barco atraca en un puerto nuevo en la otra parte de la bahía y donde te encuentras con unas casas modernas que te dicen poco de lo que es la ciudad.
Hoy nos hemos decido por prescindir de excursiones y paseo en manada y nos hemos ido por nuestra cuenta. Claro que como mucha gente ha decidido hacer lo mismo, se ha formado otra manada de los que no querían ir en manada. Además, como estamos en Croacia y la moneda no es el euro, hemos tenido que cambiar, al menos para tomar un café y pagar el autobús de línea que nos llevaría al centro de la ciudad.
 
Eso hemos hecho y la impresión que tienes al llegar a la ciudad antigua es maravillosa. Dubrovnik es un espectáculo. Entrar en la old city es como dar un salto en el pasado e irte a una ciudad renacentista, rica y culta. No es raro que le hayan denominado la “Perla del Adriático”, ni que la hayan declarado patrimonio de la humanidad. Realmente impresionante. Entras por una puerta abierta en la muralla (aún conserva el puente levadizo) que es todo un símbolo de cambio de época. Y una vez dentro todo empieza a tener otra perspectiva: callejuelitas medievales muy muy estrechas y que van a dar, muchas de ellas, a escaleras que te permiten ir calle arriba. Hay un enorme sabor italiano en las construcciones, quizás porque los venecianos la ocuparon o tuvieron mucha influencia sobre ella. Hay una enorme calle central, la Plaka,  de la que van saliendo en perpendicular muchas callejuelas estrechas y empinadas. Se llega a una gran plaza con la torre alta y espigada donde tienen el reloj. Allí están también todo un conjunto de monumentos arquitectónicos: iglesias, edificios administrativos renacentistas, la casa del Rector (curioso nombre, no sé si ese Rector sería el dirigente político o el académico de la universidad, supongo que lo primero). Lo dicho, un espectáculo para la vista y el disfrute.

Las murallas que rodean la ciudad son también espectaculares. Nos han dicho que se puede pasear sobre ellas y eso hubiéramos querido hacer aunque al final no ha podido ser. Por rácanos. Habíamos cambiado solo 20 euros porque todo el mundo decía que era suficiente y luego ha resultado que con eso no nos llegaba para nada. Y como no te aceptan dinero que no sean kunas (su moneda) ni había posibilidad de cambiar pues es sábado y están los bancos cerrados (la gente sacaba dinero de los cajeros automáticos pero yo ando con American Express y aquí no se lleva) pues se nos fue al carajo la experiencia de las murallas.
Con todo, incluso tuvimos suerte en esa desventura. Resulta que, de vuelta, a la plaza del reloj escuchamos que venía una banda. Y la seguimos. Y luego oímos que llegaba otra por otra calle. Y un grupo de niñas preparadas para bailar. Nos sentamos en un espacio en el centro de la plaza y resultó ser que estamos en “la semana de Europa”, iniciativa que celebran todos los años y que consiste en diversas actividades culturales. La de hoy era la actuación de las diversas bandas de música de la región. Asistimos a los primeros bailes sentados en ese pilar del centro de la plaza, una fortuna inesperada pues estábamos en primera fila. Después fueron interviniendo las bandas en una especie de palco y nos sentamos en una cafetería que estaba allí mismo. Nuevamente en primera fila. Así que hemos tenido una mañana muy musical y entretenida. Me ha gustado especialmente la cantidad de chicos y chicas jóvenes que formaban parte de las agrupaciones musicales. No es que fueran virgueros tocando pero el que estuvieran allí demuestra que la música forma parte de la vida de las escuelas y los barrios de la ciudad. Ha sido lindo, también, ver a niñitas de 5 a 14 o 15 años danzar con sus bastones de metal y hacer (o intentarlo) filigranas moviéndolas con las manos y tirándolas a lo alto. Al grupo de las mayores les salía muy bien pero a las pequeñitas era más complicado. Lo hemos pasado muy bien. Aún siendo las piedras de Dubrovnik espectaculares, me he divertido más con la gente, la vida, la música.
El regreso al barco (con la acostumbrada hora de margen para no andar apurado) ha sido un tanto accidentado. Nosotros que dejamos las excursiones organizadas porque nos horrorizan las multitudes actuando como borregos, nos hemos encontrado con una enorme masa esperando el autobús de línea que nos habría de traer de nuevo al puerto. Empujones, gritos, enfados y casi, hasta peleas porque todos querían entrar los primeros. Y eso que había muchos niños. Un desastre. Finalmente hemos entrado todos, pero es terrible cuando la gente se estresa. Somos capaces de pisotear a niños pequeños, de empujarles, de enfadarse.  
Ya en el barco, de nuevo a las rutinas. Hoy habrá que romperlas po
rque toca hacer las maletas. Ya nos han advertido que tendremos que dejarlas a la puerta de la habitación antes de la 1 de la madrugada y recogerlas mañana en el puerto de Venecia. O sea, que a dormir en pelotas (tampoco está mal como despedida).
El último espectáculo en el teatro, aunque divertido (han hecho intervenir a los niños del crucero en un numerito bastante tonto y que no parecía que hubieran preparado mucho, aunque ha estado verlos allí; también merecían su minuto de gloria porque, la verdad es que han sido muchos, desde bebés a adolescentes), no ha estado a la altura de los anteriores. Algunas canciones y bailes (incluido un poco de ballet y un casashot ruso, quizás lo mejor). Luego una nueva lección de baile, en esta ocasión un mix de baile caribeño que fue una decepción. Después del éxito de la bachata, hoy ha sido un desastre. Debe ser que a esas clases nosotros no asistimos.  Y, al final, la cena. Ya de despedida. Ha sido un momento bonito. Hemos pasado juntos 7 cenas y casi es como si nos conociéramos de toda la vida. Nos hemos intercambiado emails y hemos deseado que no sea la última vez que tengamos la oportunidad de encontrarnos. Lo hemos pasado bien, realmente.

sábado, mayo 10, 2014

CRUCERO 6: CORFÚ




La siguiente parada de nuestro viaje ha sido CORFÚ, una isla muy interesante y que, por lo visto, ha jugado un papel importante en la historia. Y que lo sigue jugando en la actualidad pero ya como centro de vacaciones para miles de personas. Frente a lo seca que era la isla de Santorini, ésta es muy verde y con mucha vegetación.
Corfú ciudad es una villa grande y muy bulliciosa. Eso nos ha parecido a nosotros, una gran ciudad, enormemente caótica en el tráfico, con callejuelas estrechas y, en la parte antigua, pensadas totalmente para los turistas que deben ser millares. Uno de nuestros paseos por la isla (siguiendo los consejos de “la web de coppi”, nuestro verdadero guía desde que la descubrimos) ha sido llegarnos en autobús de línea hasta Kanoni un rinconcito paradisíaco en una de las esquinas de la ciudad. Allí estaba el aeropuerto, una cosa chiquita con una pista que comenzaba en el mismo más y seguía la orilla de la bahía. Bueno pues en el tiempo de tomarnos un café han operado al menos 7 aviones (4 llegadas y tres salidas). Una cosa loca. Pareciera que estuviéramos en Frankfurt. Desde luego, quien le diera a Santiago de Compostela tener un tráfico aéreo parecido.
Por lo que cuentan y lo que he podido ver en las postales de los comercios, Corfú es una isla preciosa, con paisajes de una belleza extraordinaria. Probablemente, el habernos quedado en la ciudad, nos prive de esas maravillas, pero con el poco tiempo que uno tiene tampoco da para más. Como decía, nosotros nos decidimos por Kanoni que, la verdad, no ha sido una gran cosa. Es un mirador interesante, desde el que se puede ver el extremo de la península en la que está situada la ciudad. Allí está ubicado un monasterio, el de Panagia. Hay unas escaleras que bajan desde el mirador hasta el agua donde está el monasterio. Yo las bajé curioso por ver un monasterio griego, pero aquello no era nada. Una tiendita de souvenirs y una capillita con una imagen a la que podías encender una vela. De entrar al monasterio (una construcción pequeña que más parecía una casa andaluza) nada de nada.
El recorrido por la ciudad fue interesante, aunque tampoco había nada que admirar especialmente. Mucho comercio multinacional (Zara, H&M, etc.), mucho calzado y en las callejuelitas de la zona antigua (lo más bonito de la ciudad) mucho comercio de cositas para turistas. Y eso sí, miles de gentes caminando por las calles tras los cartelitos de los correspondientes guías. Ese desastre de las manadas. Cierto que la isla ofrecía otras alternativas: hay un castillo, el Achilleon, que era donde Sissi pasaba sus veranos (quizás por eso, ya se convirtió desde entonces en una isla para veranear los ricos, aunque hay que reconocer que, efectivamente, veranear o envejecer en Corfú tiene que ser toda una maravilla).
Nosotros nos cansamos pronto de ese deambular sin rumbo y, antes de entrar a ver tanto el nuevo como el viejo fuerte (Corfú es una ciudad con un castillo-fuerte amurallado en cada esquina, sus defensas frente a los muchos atacantes a los que hubo de hacer frente) preferimos sentarnos a tomar algo. Y fue una magnífica decisión. Nos sentamos en el listón, una zona porticada y llena de restaurantes que da al gran parque central de la ciudad, la Spianada, y probamos algunas de las comidas que teníamos pendientes de saborear antes de dejar Grecia: la ensalada griega (que no fue nada del otro mundo), la musaca (una combinación de berenjena y carne picada cubierta por bechamel y pasada por el horno que estaba riquísima) y, de entrante, una fusión de queso Feta con aceitunas y un chile no muy picante que estaba excelente. Probamos también una cerveza hecha en Corfú que tenía un sabor un poco raro al principio pero que luego resultó rica y muy sabrosa.
Y de allí al barco. Nos quejamos de que hay poco tiempo para visitar los lugares donde hace escala el barco pero la verdad es que siempre nos sobra una hora o más de las 4 o 5 de que disponemos. En el barco  tienes tu casa, tu cama y la  terracita al mar. Y frente a esa tranquilidad ni siquiera las probables bellezas del entorno exterior acaban seduciéndote. Así que una buena siesta (una buena-mala costumbre que aquí se está reforzando) y a comenzar las rutinas de las tardes de crucero. Hoy, además, con el interés que durante la tarde navegaremos frente a las costas de Albania.
Una de ellas es hacer este pequeño recuento de la jornada del día anterior. Y a partir de ahí, disfrute a fondo de este mar azul azul en la terraza de babor y popa en la que estamos instalados. A las 7 de la tarde solemos acercarnos a alguno de los bares con música del barco (son como una docena pero siempre recalamos en uno o dos que son los que más nos gustan). A las 7,45 comienza el espectáculo en el teatro. El de hoy se lo han dedicado a Mikel Jackson y ha estado precioso realmente. El equipo de baile y animación de este crucero es realmente extraordinario. Obviamente son los mismos en los distintos espectáculos pero se los curran de maravilla y, al final, consiguen auténticas obras de arte. Señal de que son muy buenos. Y graciosos, sobre todo los del equipo de animación. Cada día se les ocurre alguna chorradica simpática. Hoy 4 de ellos se pusieron a seguir a algunas personas por detrás (sin que ellas les vieran e imitándoles en sus andares). Fue gracioso. Claro que no siempre les salió bien. En una ocasión se pudieron a seguir a un padre que llevaba a su hijo a hombros. Ni cortos ni perezosos dos de ellos se subieron también a hombros de los otros dos y le fueron siguiendo así. Pero el padre se percató y decidió vengarse de ellos, así que comenzó a subir las escaleras de teatro una a una. Para él no era pesado pues su hijo era pequeñito pero para ellos fue una auténtica putada. Lo mismo les pasó con un matrimonio de gente mayor que avanzaba cogida del brazo. Ellos se pusieron detrás, se cogieron del brazo y les siguieron imitándoles los andares, pero la pareja debió darse cuenta y siguió como si nada hasta que llegó al centro del teatro, junto al escenario y allí se pararon y se dieron un beso. El corte de los animadores, todos hombres, fue fantástico y todo el salón se levantó en aplausos. El espectáculo como digo estuvo bien. Cada día se van superando. El de hoy con algunos toques ecologistas mientras combinaban proyecciones sobre la deforestación, las migraciones y las guerras con canciones de Jackson. Luego han montado una especie de despedida que nos ha dejado muy tristes a todos. Hoy ha sido un día muy de despedidas. Aún nos queda Dubrovnik pero ya nos van avisando de cómo será el desembarco, se van despidiendo…uff! Empieza el duelo.
Y en cuanto acaba el espectáculo, nosotros nos vamos lanzados a la clase de baile. Hoy tocaba bachata. Ya había empezado cuando llegamos, pero como nos sonaba no nos costó mucho incorporarnos. Y mira por donde, en un momento, el monitor que nos dirigía, me sacó al frente para ponerme como ejemplo de cómo hay que mover la cadera al final de cada movimiento. Así que tuve mi momento de gloria. Pero es divertido este rato de cada día. Te desperezas un poco y te preparas para la cena.
Hoy nos toca, además, cena de gala. Ya se sabe, traje y corbata en los hombres; vestido de gala en las mujeres. Hay algunas que se lo toman muy al pie de la letra y bajan al comedor realmente preparadas. Así que todo guapos nos fuimos a cenar. Las cenas están muy bien. Ofrecen muchos platos distintos y puedes pedirlos todos si quieres. Algunos lo hacen. Y la calidad no está mal. Yo tomé salmón de primero y tres enormes langostinos a la plancha de segundo. Y de postre sorbete. Pero hubo en la mesa quien cenó hasta 4 y 5 platos.
Al final, nos hubiera apetecido bailar un poco más pero hoy había concurso de artistas, al que se pueden presentar los pasajeros que crean hacer algo bien. La verdad es que asistimos a la actuación de una señora mayor que tocaba las castañuelas y lo hacía fantástico. Luego salió otro que imitaba a cantantes. Pensamos que era mejor irse a descansar. Y a despedirme de mi mar antes de dormir. Ya me quedan pocos días para sentirlo así de cerca.
Y mañana Dubrovnik.