No es que lo hubiéramos perdido, pero durante bastante tiempo estuvo demasiado ocupado en mantener a flote su salud y eso le obligó a retirarse a su cuartel de invierno (y de verano), su hermosa mansión de Perdecanai. Gerino tiene varios masters en paciente hospitalario y eso le ha dotado de una paciencia y una capacidad de supervivencia envidiables. Es un profesional de la resiliencia, cosa que él lleva con la natural sonrisa resignada que fue siempre su característica fundamental.
Por eso hoy ha sido un día muy especial para sus amigos. Hasta ahora teníamos que contentarnos con las noticias sueltas que sobre él y su salud nos llegaban de vez en cuando. Habíamos intentado montar una reunión como esta varias veces, pero no fue posible. Afortunadamente, ya se siente mejor y ha sido tan amable de invitarnos a comer en su casa y disfrutar de un rato juntos para ponernos al día.
Y eso es lo que hemos hecho: correr a Perdecanai para darle un abrazo e iniciar una nueva etapa de encuentros que realimenten el aprecio personal que siempre nos hemos profesado. Allí nos encontramos los 9: Gerino y Hermi, los anfitriones; José Carlos y Marisa, Adolfo Pérez Abellás que vino de single, Felipe y Elisa y yo mismo con Elvira. Echamos mucho de menos a Alfonso Cid que de manera alguna habría faltado y que seguro que nos acompañó desde esa otra vida en la que ahora habita.
Este tipo de reuniones las venimos haciendo desde los años 80 del pasado siglo, así que somos amigos vintage. Nos unió primero la UNED de Pontevedra (qué fabulosos vermouts tomábamos cada sábado al acabar nuestras tutorías en aquella UNED que ocupaba de prestado la planta alta del edificio de la Caja de Ahorros de Galicia, en Campogrande). Después fue el Dpto. de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Santiago (por entonces, única para toda Galicia), el grupo de investigación, de nuevo la UNED (pero ya en Monteporreiro), los congresos de Poio, etc. Mucha vida compartida durante mucho tiempo, muchas experiencias juntos, mucho afecto.
Lo que me parece más interesante de este grupo es que hemos sabido fusionar sin gran esfuerzo lo académico con lo personal. Y en eso, Gerino ha tenido mucho que ver por su enorme capacidad de ejercer influencia, más en sentido horizontal que vertical. Aunque ha transitado por multitud de puestos de dirección, siempre ha mantenido un perfil bajo en autoridad, pero muy alto en cordialidad, disponibilidad y capacidad de encuentro con todos. Quizás por eso le echábamos tanto de menos: él presume de irrelevancia (salvo en Perdecanai, claro, que es su marquesado, heredado de su padre Don Gerino) y nos trata a todos como si estuviera en deuda con nosotros, pero en realidad, él ha jugado siempre un papel muy importante como nexo de conexión.
En fin, que ha sido un gran placer poder encontrarnos todos de nuevo. Además, como es su costumbre, los marqueses de Perdecanai nos han agasajado con unas viandas estupendas, capitaneadas por unas codornices al alvariño que es el master plat de Gerino. Con el champán llegaron los regalos y las emociones. José Carlos había preparado un hermoso texto que se le leyó envuelto en la brisa de emociones que iba suscitando. Todo el encuentro fue muy emotivo y razones teníamos para sentirlo así.
Por supuesto, nos dio tiempo a hablar de todo y ponernos al día. Y la jornada se enriqueció porque por allí andaba (andar, todavía no) la primera nieta de Gerino, muy sorprendida de ver tanta gente extraña. Estaba también el hijo de Gerino y padre de la criatura, al que habíamos conocido siendo un chavalito de 6-7 años correteando por la finca. Está claro que lo nuestro viene de lejos y que hacemos bien en no perderlo. De hecho, nos hemos despedido convocándonos para un siguiente encuentro que organizará José Carlos en Lourizán.
En fin, un buen día. De esos en los que regresas a casa con la gran satisfacción de haber vivido algo que hacía mucho tiempo deseabas hacer. Y de sentirte feliz por lograrlo.
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