lunes, junio 27, 2016

La ANTIGUA, Guatemala.




Después de hora y media para hacer 40 kilómetros sorteando un tráfico endiablado  medio dormido, medio desesperado llegas a La Antigua, una forma apocopada de decir La Ciudad Antigua de Guatemala, destruida por un terremoto en el siglo XVIII a raíz de lo cual, la capital se trasladó a la actual Ciudad de Guatemala. En 1979 fue declarada por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad.
Lo primero que hay que decir de La Antigua es que es una ciudad colonial preciosa. Calles largas, regulares, con casitas bajas, multicolores. Está llena de palacios antiguos, la mayor parte de ellos en ruinas. A medida que iba avanzando por las calles, cuando se me permitía esa  curiosidad, entraba en los patios de las casas. Una preciosidad, la mayor parte de ellos: con pozos de agua, con plantas que los convertían en vergeles, sombreados frente al calor terrible del exterior. La paz frente al bullicio turístico del exterior.


Todo parte de una plaza central en la que, como resulta obvio, está el palacio municipal y la catedral. El primero es un espléndido edificio columnado que se ha convertido ahora en un centro cultural abierto a los turistas. Y, al lado, la catedral, buena muestra del gran poder que en su momento tuvo la Iglesia en esta ciudad. 

Visité dos veces la ciudad, una de ellas un jueves y la otra un domingo. Parecía una ciudad distinta, desde luego. El domingo estaba repleta de turistas. En la plaza mayor varios grupos de diversas religiones celebraban sus actos con aspectos llamativos: imposición de manos, rezos (más bien recitaciones alocadas de frases seguidas cuyo sentido no era fácil  de rescatar).  Me dejó bastante impactado las cosas que ví: unos cantaban y tocaban (y no mal, por cierto); otros se acercaban a las personas y les ponían la mano en el pecho y, calculo, rezaban por ellos (esas frases enlazadas como trabalenguas que no parecían tener sentido aunque oraciones debían ser y quizás tranquilizaban) un señor mayor sentado en medio de dos jóvenes a quienes daba la mano y rezaba (esas frases de nuevo) mirando fijamente al suelo los tres. 


Pero La Antigua es, sobre todo, la ciudad del  jade. Las mejores tiendas están vinculadas al jade. Y no es para menos. Hay dos tipos más notables de jade en el mundo, el chino y el centroamericano (el jade maya). 

 Tiene muy diversos colores en función de la pureza y la antigüedad de la gema. Los más reconocidos en Guatemala son el jade negro y el jade blanco. También son los más caros. Pero, en fin, siendo la primera vez que visito Guatemala y pese a que todo me ha parecido desmesuradamente caro, esta vez mi visita a La Antigua ha sido, sobre todo de compras. Tarea que no es fácil y que complica la vida de turista que debería ser más relajada. Pero tienes que pensar en cada persona querida, en sus posibles gustos, en qué le quedaría bien en función del cabello, de los ojos, de sus vestimentas habituales. En fin, un estrés. Pero bueno, merece la pena porque también se disfruta mucho en ese proceso de selección y eliminación de posibilidades. Y al final, pues hay lo que hay.  Y si no les gusta que los devuelvan.

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