jueves, diciembre 09, 2021

¿Qué hicimos mal?

 

Ha sido curioso que en la misma semana (un puente tan largo da para mucho) hemos ido al cine dos veces y para ver dos películas con una temática paralela. Primero fue “Una familia perfecta” de Arantxa Echevarría y después, “¿Qué hicimos mal?” de Liliana Torres. Las dos son de este año y tienen como temática la vida en pareja y la familia, curiosamente ambas dirigidas por mujeres. La primera pretende ser una comedia y su propósito es hacerte pasar un buen rato (cosa que logra solo a medias); la segunda tiene pretensiones mayores en cuanto a creatividad narrativa y, se diría, que busca hacer una reflexión sobre ese mundo líquido y complicado de la vida en pareja. La primera es un film más convencional, diseñado a la medida de Belén Rueda, aunque cuenta con un amplio elenco de actores consagrados de la cinematografía española (José Coronado, Gonzalo de Castro, Pepa Aniorte, etc.). Demasiado convencional y excesiva en su discurso doctrinal. Me ha interesado más la película de Liliana Torres, directora acostumbrada a contar este tipo de historias (Family Tour,2013).

¿Qué hicimos mal?, es un trabajo original en el que la cineasta se plantea una revisión de su propio itinerario a través de las diferentes parejas por las que ha transitado. Es curioso que plantee la pregunta en términos negativos, como si pensara que lo bueno es que las parejas duren y que la ruptura necesariamente es un fracaso. Sorprende.

La temática es muy interesante. Y lo sería más, si en lugar de centrarse en lo que pudieron hacer mal se centrara en lo que pasó, sin pensar que la ruptura se debió a que algo hicieron mal. Es decir, una narrativa que se centrara en la relación y no en los errores. Pero, así y todo, la idea es interesante. Todos nos hemos hecho alguna vez esa pregunta, incluso si nuestra relación nunca ha llegado a romperse: ¿cómo avanza una relación, por qué estadios pasa; qué es lo que la fortalece y qué lo que la debilita; cuáles son los motivos y contenidos de las crisis; cómo se logra resolverlas; por qué se quiebra la relación? Probablemente, salvo la salud, no hay una cuestión que nos preocupe tanto a quienes estamos casados o vivimos en pareja.

Y el film eso es lo que hace. La directora y protagonista busca a sus antiguas parejas y les pregunta qué fue lo que causó la ruptura. Ignoro si se está contando algo verdadero o es una simple ficción. Al morbo le gustaría lo primero, pero el sentido común indica lo segundo. La cuestión es que, sea lo que sea, tampoco importa mucho. Es una buena idea. Genera intriga y te lleva al terreno de tus propias inquietudes.

La pena es que el formato que se utiliza apenas le permite a la guionista (la propia directora y protagonistas) profundizar mucho. Al final, los motivos de la separación son bastante genéricos y socorridos. Probablemente, porque así es como suceden las cosas. Los motivos de siempre: porque tienes miedo al compromiso o a lo que supone la vida en común, porque los planes de vida no coinciden, porque la cosa no llega a cuajar, por querer o no querer hijos. En fin, cosas razonables que tampoco tienen mucho que ver con hacerlo bien o mal.


 

 Como narración fílmica hay cosas que sorprenden. Primero que la base de referencia se sitúe en Galicia. A mí me encanta que sea así, pero no logro entenderlo dado que lo sustantivo de la película sucede a través de viajes a lugares muy diversos (muy sugerentes, además). Salvo en su relación actual, Galicia poco ha tenido que ver con su vida a la vista de los lugares donde  han transcurrido las relaciones que fue manteniendo. Verla viajar en avión de una parte a otra del mundo para regresar a la pequeña aldea del Caurel (supongo) es mucho contraste.  Quizás sea eso lo que se busca.

La informalidad de los encuentros con sus ex es simpática. Muy adecuada al estilo  general del film. También el estilo y postura que adopta frente a cada uno de ellos y la forma de plantear la cuestión. Algunas relaciones fueron más formales, otras más cercanas; unas más nutridas de admiración, otras de atracción; unas más exclusivas, otras más abiertas y descomprometidas. La más complicada, con todo, la que está viviendo en Galicia mientras desarrolla el film.

Pero si volvemos a la pregunta inicial, no es fácil saber qué es lo que hicieron mal. Aunque mi duda al salir fue el pensar si no sería la propia película la respuesta a ese ¿qué hicimos mal? Ella es la guionista, la directora, la protagonista, la ominipresente en cada plano, la dueña de la historia… y todo lo demás pasa a ser secundario, marginal. Si eso fue así en su vida, no es extraño que las cosas no funcionaran demasiado bien…

lunes, noviembre 22, 2021

MAIXABEL

 

Ya ha pasado algún tiempo desde que la vi (estaba demasiado agobiado en otras cosas como para interrumpirlas y poder escribir sobre ese mundo de emociones que me despertó el film) y eso me agobia un poco. Ya no tienes ese escozor doloroso con el que sales del cine cuando lo que has visto te toca muy dentro. Escribo, por tanto, desde una relajación que no se corresponde con ese quedarse mudo, quieto y sin moverte de la butaca mientras pasaban los interminables listados de personas participantes en la producción.

Si hablamos del film como producto cinematográfico, los comentarios son fáciles y positivos. Maixabel es el último film de Iciar Bollain que, una vez más, ha sabido hallar una temática que no deja indiferente a quien la ve. Temáticas basadas, muchas veces, en casos reales pero que ella logra que salten de la anécdota a la categoría y así llevar a los espectadores a reflexiones generales sobre cuestiones vitales. El resultado son filmes no excesivamente complejos en su estructura narrativa y sin efectos especiales pero que, quizás por eso mismo, llevan la historia hasta muy dentro de quien la ve. Que son buenos filmes lo demuestran los premios que recibe. En el caso de Maixabel: el premio del Festival de San Sebastián (lo que tiene su mérito dado el tema que trata y la perspectiva desde la que lo cuenta); y 5 nominaciones para los premios Forqué del año que viene.

Otro de los méritos de Iciar Bollain es lo bien que escoge a sus actores. Es este caso, dos primeras estrellas del firmamento español: Blanca Portillo y Luis Tosar. Ambos hacen un papel impresionante: comedido, profundo, con momentos intensos. Superan los primeros planos con mucha autenticidad y hacen que sus personajes nos sitúen con mucho realismo en la historia que cuentan. Por su parte, el ritmo de la historia tiene sus altos y bajos, hay escenas que se prolongan quizás en exceso, pero la peli no se hace nunca pesada y mantiene muy bien la tensión. Buen cine.

Pero lo que te atrapa es la historia. Algo que tiene mucho mérito en este caso, pues estamos ante un hecho que todos conocemos: esa mesa de diálogo entre etarras y víctimas. Si cualquier muerte nos hace temblar las entrañas, las muertes así, sin sentido, provocadas, inútiles, actúan como terremoto en todas nuestras estructuras físicas y psíquicas. Es como la voladura de un edificio, todo se viene abajo en segundos. No entiendes nada, salvo que allí estás ante tu padre, o tu hermano, o tu marido muerto de unos disparos o destrozado por una bomba. Y, a partir de ahí, comienza ese terrible calvario de recoger tus piezas desparramadas y empezar a componer un nuevo puzzle vital. 

 En ese proceso de destrucción y reconstrucción, me impresionó sobremanera la figura de la hija. Más incluso, que la propia Maixabel: el grito cavernario, sísmico, ante la noticia y la desolación permanente que le siguió es terrible. En Navarra teníamos una frase poco académica, pero muy expresiva, para reflejar esa situación en que te deja la muerte de un ser querido: machucado. Así te quedas, destruido, roto, temeroso. María Cerezuela lleva muy bien ese drama, te hace vivirlo con ella.

Muy interesantes, aunque más fáciles de entender, son los procesos que siguen tanto los etarras arrepentidos, como la propia Maixabel. Desde las escenas iniciales en las que cada muerte es un triunfo para los terroristas, hasta el momento final en que en aras de una empatía sobrevenida van recuperando ese espacio de humanidad que la juventud, los ideales y la locura juvenil había anestesiado, hay un largo recorrido de reflexión y supervivencia. Recuperar el propio dolor, aprender a sentir el padecer de los propios familiares provoca una fuerte disonancia en los afectos. Las ideas y seguridades que han ido nutriendo el proyecto personal de vida empiezan a resquebrajarse y uno se descubre en la mitad de la nada, siendo solo aquello que otros le exigen ser. Y el vacío que sale de dentro, como la lava que estos días asola la isla de La Palma, se va comiendo todo, lo va abrasando, te destroza. Suerte es que, en medio de tanta destrucción interior, con culpabilidad o sin ella, amanezca ese ramito verde que augura que puedes iniciar algo nuevo y tuyo. La fase de construcción de otra visión de sí mismo y del mundo es compleja y dura. El mundo que nos sostiene siempre está compuesto de andamios ajenos que nos ayudan y nos aprisionan a la vez. Reconstruirse precisa, en estos casos, prescindir de esos andamiajes, “salirse del grupo”, lo que no solo es arriesgado en lo personal porque pierdes pie y fuerza; es, también, peligroso en lo social pues renuncias a una identidad que te daba seguridad y pertenencia, de ser amigo pasas a ser un desconocido y, quién sabe, a ser, incluso, enemigo. Son muchas luchas en simultáneo.

Para Maixabel, el proceso no es más fácil. A la vista está como su propio entorno no acaba de entenderlo. Pero ella es una mujer vasca, segura de sí misma, segura del valor de su marido asesinado (la perversión del terrorismo no es solo matar a sus víctimas sino intentar destruir su imagen en quienes siguen vivos: aquella frase terrible que me ha tocado oír tantas veces, “algo habrá hecho” si ETA lo ha matado). Y es, desde esa seguridad como ella logra reconstruir su maltrecha vida. No pretende perdonar, ni siquiera comprender (ya sabe que lo que hicieron es imperdonable e incomprensible), lo que busca es que también ellos, sus interlocutores entiendan que fue así: un acto injusto e inútil. Lo que les cuenta de su marido es, justamente, lo contrario de lo que ellos debieron suponer (aunque, reconocen que, en realidad, nada sabían de él, salvo que debían matarle y eso hicieron).

 En fin, es una historia que, no por conocida, se hace menos emocionante. En cualquier caso, es una historia muy vasca, en los hechos, en los gestos, en las expresiones, en el propio devenir de los acontecimientos. No sé cómo lo ha logrado, pero Iciar Bollain ha sabido hacerlo muy bien. Supongo que la película se ve de diferente manera si has estado cerca de esos acontecimientos a si te cogen de lejos. Yo los he vivido muy de cerca, mucho, y eso ha hecho que, desde el primer momento, vivas la situación como protagonista. No solo entiendes el problema, lo hueles, lo llevas dentro, lo sufres. No hay forma de escapar.

Ni qué decir tiene que salí conmocionado. Me resonaban en la cabeza aquella doble frase del diálogo entre Maixabel y el etarra. Ella: Lo que sí puedo decirte, de  verdad, es que prefiero ser la viuda de un asesinado que la madre del asesino.  El: y yo preferiría ser el asesinado más que el asesino. Y ambos lo decían en serio. Tampoco salía de mi cabeza la escena final del film, el homenaje a Jaúregui al que asistía su asesino. Aquel dolor en la expresión, aquella canción vasca (yo no la conocía, pero incluso así me emocionó). Tuve que esperar a que se secaran mis lágrimas para levantarme de la butaca y salir.

 

domingo, octubre 17, 2021

EL BUEN PATRÓN

 

Aquello del “sábado sabadete…y demás” cambia mucho con el paso de los años, pero si al menos se mantiene lo del cine, tampoco está mal. Y ya tocaba. Por unas cosas u otras vas aplazando el ponerte al día con las películas y, al final, se va apagando el ansia que te movía antes a no perderte nada bueno y es como si te entrara pereza. Bueno, pues este sábado la cosa cambió y fuimos al cine a ver El Buen Patrón, la película que representará a España en los Oscars.

El Buen Patrón (2021) es la última película de Fernando León de Aranoa, el mismo que ya había hecho hace casi 20 años Los Lunes al Sol y muchos otros filmes muy interesantes como Loving Pablo, Princesas, Un Día Perfecto, etc. Él sabe tocar temas serios y de actualidad dotando a su narración de un barniz amable y realista.

El Buen Patrón, protagonizada por Javier Bardem (que no solo la protagoniza, sino que la ocupa, la llena, la contagia de un bardenismo del mejor estilo) y colaborada por algunos otros, nos cuenta la historia de un empresario muy satisfecho consigo mismo y con la empresa de construcción de balanzas que heredó de su padre y que él desea mantener en el mismo nivel de prestigio y buen hacer que es la marca de la casa. Y en ello está, esperando poder completar su tablón de trofeos con el nuevo premio que va a dar la autoridad local a la mejor empresa del municipio.

Lo que sucede es que la vida real de una empresa resulta más compleja que la imagen de grupo bien avenido, de familia, que él transmite en sus proclamas. La vida tiene su aquel de caos y confusión. Una empresa es también un escenario en el que ocurren muchas cosas.  Y es un ring en el que se abren y cierran conflictos. Y, como diría un cachondo, a veces es una “casa de putas” donde todo se enreda y a nada que escarbas aparecen desajustes. Total, que el buen patrón, queriendo ir resolviendo esos problemas lo que consigue es que vayan aflorando otros. Y su EGO enorme y paternal se va encabronando.

La película, fiel al estilo de León de Aranoa, es muy divertida. Un crítico ha dicho que “tiene ironía, mala hostia y cinismo”. Es verdad, pero lo ofrece de forma divertida. A mí me gusta mucho de León de Aranoa su capacidad para contar historias. Historias que son simples pero que la narración va enriqueciendo con detalles y requiebros que le dan vida y te la hacen próxima. El cine argentino es maestro en eso. Y León de Aranoa, aunque sea madrileño, es un buen maestro. Y en esta película lo borda.

 Y claro, está Bardem que también borda su personaje. Da vida a un tipo cínico, amable, controlado, capaz de ser montesco y capuleto a la vez. Quiere ser padre y patrón, amante libre e inquisidor de fornicadores, sindicalista y jefe de personal. Y, al final, tiene suerte el cabrito. Como ha dicho el propio director, su personaje es un “pícaro con carisma, que siempre cae de pie”. Y Javier Bardem lo lleva sin sobreactuar, buscando siempre el equilibrio, como en las balanzas.

La parte técnica de la película está perfecta. Muy buena fotografía, un guión magnífico y sorprendente por su parquedad y riqueza expresiva (a veces basta un gesto o una palabra). La narración está muy bien construida con meandros quizás innecesarios pero que alegran el film y le dan ese toque erótico que no puede faltar en una buena historia.

Una magnífica película. Muy divertida, aunque tampoco le falte el drama. Como la vida misma.