Debe ser que se va expandiendo la necesidad de ir celebrándolo todo, de reforzar los inputs positivos (o de convertir a través de la celebración en positivo las cosas que vamos viviendo), la cosa es que nuestra nieta IRIA ha celebrado hoy su graduación de final de la etapa de Primaria. Ha sido su primera graduación (no pudo hacer la de final de infantil porque estábamos en plena pandemia), pero hoy se ha puesto guapa y nos ha convocado a su cole porque celebraban su gran fiesta de graduación y se despedían de sus profes para dar el salto al Instituto.
La alegría del día comenzó en el trayecto de ir hacia el colegio. Se aproximaban las 9 de la mañana y nos fuimos cruzando con multitud de niños y niñas de diferentes edades caminando de la mano de su padre o de su madre hacia el colegio. Ese ritual matutino de entrada al colegio con cientos de niños, unos contentos y charlatanes, otros callados y amodorrados, pero todos muy metidos en su oficio de escolares y conscientes de que cada mañana llega el colegio, con la misma necesidad que llega el desayuno. Agobia un poco por lo que tiene de “doma” de la infancia, de “horca caudina” por la que todos han de pasar, pero resulta una imagen fantástica si se analiza desde el poder e importancia de las escuelas como la gran institución que modula la vida cotidiana de la sociedad y las personas desde su primera infancia. Las escuelas como una auténtica zona de encuentro a la que cada mañana llegan, caminando o en coche, mareas de niños que van a vivir juntos una nueva jornada de su vida infantil. Y con ellos, mareas de padres y madres que confían sus hijos a la escuela y los profesores sabiendo que allí van a estar bien, cuidados y aprendiendo a vivir.
Pero lo importante de hoy es que se celebra el acto de graduación de 6º de Primaria en el Julián Marías del barrio de Las Rosas. No solo los chicos y chicas estaban nerviosos, también se veía nerviosos a los padres y abuelos que ya hacían cola (y algunos se colaban, para enfado de los que esperaban) para entrar en el pabellón deportivo del cole desde media hora antes del acto. Y, una vez dentro, se seguían peleando por las sillas mejor situadas para presenciar el acto.
Fue un acto muy bonito y emotivo. Con el añadido entrañable de que los chicos y chicas de fin de Primaria llegaban desfilando llevando de su mano a los niños y niñas que concluían su etapa de infantil. Ambos transitaban a una etapa escolar superior y daba gusto verlos: los pequeños con 5-6 años; los grandes con 11-12 años. Supongo que los mayores se veían a sí mismos, seis años atrás y con la mitad de años de los que ahora tienen, en el momento, ya lejano, de dejar Infantil para entrar en Primaria.
Habló la directora del colegio y también lo hicieron sus profesores de 6º y los de los niños de infantil que les acompañaban en el evento.Hablaron padres (uno por cada una de las tres clases que componen cada curso) y hablaron los propios alumnos en representación de cada una de las clases (entre ellos, nuestra propia nieta que llevaba días preparando su speech, que añado al final de este post). Falló un poco la megafonía, pero más por los nervios de quien tenía el micrófono en sus manos y lo movía o se movía él mismo.
Muchas cosas me llamaron la atención en este acto escolar
-El fervor y los aplausos con que los padres (y también los niños y niñas) recibían cada una de las intervenciones y las menciones concretas que los oradores iban haciendo sea a profesores, sea a cuidadoras del comedor. Muchos aplausos que parecían sinceros y sentidos. Como abuelo, pero, sobre todo, como profesional del mundo de la educación, me sentí feliz. A veces es fácil criticar a las escuelas y los profesores en los sucesos del día a día porque la tarea de educar a pie de obra, no es fácil, pero cuando llega el momento de hacer una lectura global de esos 6 años tan importantes en la vida de los niños, uno no puede sino sentirse agradecido por todo el esfuerzo realizado por un grupo de personas que han puesto todo su empeño en hacerlo lo mejor que son capaces. Me encantó.
-Me gustaron mucho los mensajes llenos de afectos. Quedó claro que la educación es mucho más que libros y tareas académicas. Tanto los padres como los profesores que hablaron tiñeron sus mensajes de emociones. La profesora de infantil se emocionó hasta las lágrimas despidiendo a aquellos peques que habían cuidado durante tres años. Y varios acabaron sus mensajes con la frase “os queremos mucho”. Todos mencionaron lo importante que para ellos y ellas fueron los años de colegio, cómo se les ve ahora no solo crecidos sino mucho más maduros, más felices, arropados por sus amigos y amigas, solidarios, autosuficientes…
- Ya sé que es difícil hablar a niños y niñas de 12 años y más si están en grupo y excitados, pero ellos estaban atentos a lo que los adultos decían. Y respondían a sus evocaciones con aplausos. También ellos hablaron y pese a que sus nervios y el micro no se lo pusieron fácil, lograron hacernos llegar su agradecimiento por todo lo que esos años de colegio les han aportado de vida y de humanidad. No se acordaron tanto de lo que han aprendido en matemáticas o lengua o inglés, pero sí de “las risas en medio de las clases, las miradas cómplices en las travesuras que hemos ido haciendo a lo largo de los años” y “todo aquello que les ha ayudado a ser lo que son” (del discurso de Iria).
-Me hizo gracia lo que decía la tutora. Decía que en estos dos años que lleva con ellos, les ha cogido mucho cariño y que también ella ha aprendido mucho, aunque suspendería en lengua si le pidieran explicar el significado de algunas expresiones que les oye decir, como “valimos burguer”, “six seven” o “aura”. Ni qué decir tiene que entre que las oí mal por culpa del micro y que pertenecen a la generación del Tick-Tock, me quedé in albis (esta expresión, en cambio, es más nuestra, de los boomers). Pero luego he ido a la bibliografía para enterarme y ya sé que “valimos Burger (o valió burger)” es una reconversión de la expresión malsonante mexicana de “me vale verga” (bastante similar, aunque no en significado, del “me vale madres”). Han hecho bien los chavales en sustituir verga por Burger para no escandalizar. Y la usan para indicar que “todo salió mal”, “estamos perdidos” o esto no tiene remedio. Si te llama la profesora enfadada para que vayas inmediatamente donde ella, me explica Iria, es cuando decimos <valimos burger>. La otra expresión “six seven”, aunque mi nieta me decía que no significa nada, sí que es una expresión (bien escolar por cierto) que sirve para señalar que algo no está ni bien ni mal, que no pasa de regular, de más o menos. Y, finalmente, lo del “aura” (<aura> para lo bueno, <laura> para lo malo, me explicó Iria) es algo más conocido y parecido a carisma, a capacidad de impresionar positivamente: se pierde aura cuando uno se cae delante de todos, cuando se hace el ridículo y se gana cuando se hace algo admirable, elegante o que impresiona. Siempre se aprende algo.
En fin, una gran mañana para nuestra nieta Iria (que por cierto estaba guapísima) que se despide de su colegio de estos últimos 6 años para subir varios peldaños hasta alcanzar el instituto. Un salto que es como un salto evolutivo para ella, como pasar de la fase de oruga a la de crisálida en su carrera por convertirse en una hermosa mariposa adulta. A ella se le ve feliz al ver que se va haciendo mayor. A sus padres también, aunque ya sospechan por los síntomas incipientes que no va a ser fácil la etapa de adolescente, de chica de instituto.
Y ahora a esperar que la otra nieta que recorre el mismo sendero en Cataluña, Mar, también nos cuente cómo fue y vivió su graduación para poder felicitarla y subir al blog su experiencia. Un beso grande a las dos.
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El discurso de Íria y Pablo (6º B):
Hola a todos y todas. Hoy estamos aquí celebrando nuestra graduación, pero eso es un nombre, lo que de verdad estamos celebrando es el cierre de una etapa que se quedará en nuestra cabeza para siempre. Tanto en la de los padres y madres que estuvieron presentes tanto el día en que dijimos nuestra primera palabra, como ahora en nuestra primera graduación. Al igual que los profes que estuvieron presentes en el proceso e hicieron del cole nuestra segunda casa y que, aunque su obligación era enseñarnos lengua, mates, ciencias... decidieron enseñarnos, también, valores como levantar la mano y respetar el turno. Pero, sobre todo, se quedará en nuestras cabezas, porque entre estas cuatro paredes ha habido risas en medio de las clases, miradas cómplices en las travesuras que hemos ido haciendo a lo largo de los años, las salvadas que hemos tenido que hacer a un compañero de una regañina merecida...
Hoy es un día muy especial porque los niños que pisaron este cole por primera vez, están aquí hoy como última, Eso puede ser difícil de asimilar para todos vosotros porque si estáis aquí, escuchando este discurso, es porque habéis ayudado a formar el hogar de algunos de nosotros, aunque también es bonito ver cómo cerramos una puerta para abrir otra en la que dejaremos no solo buenos momentos, sino también malos que hemos ido superando. Todo lo vivido nos ha ayudado y enseñado incluyendo esos malos momentos de los que hemos aprendido y nos hemos hecho más fuertes. También dejamos atrás anécdotas, risas, que poco a poco han ido construyendo nuestra personalidad y hemos construido amistades que han estado con nosotros hasta en momentos que no eran agradables.
Nuestras amigas y amigos nos han ayudado todo este curso. Yo he venido nuevo este año y tal vez no conozca a mis compañeros de siempre, pero lo que sí sé es que todos te reciben con los brazos abiertos.Y no nos olvidemos de esas dos personas que este año han hecho que estemos bien y nos divirtamos durante esas dos horas que estábamos con ellas al día y que no se nos ocurra nada loco. Gracias a María y a Tere.
Para finalizar, recordaremos que es verdad que ya nos vamos, pero todo también lo es que estos recuerdos y las cosas que hemos hecho por los demás permanecen dejando así una imagen nuestra en los demás.
Nosotros nos vamos pero todo esto se queda.
Ahora les toca al resto del cole disfrutar de este maravilloso curso que ha dejado millones de sonrisas y sorpresas que llevaremos con nosotros hasta el final,
Gracias a todos los que me han ayudado a ser quien soy.
Y a mis compañeros: solo nos toca disfrutar de los últimos momentos juntos en el viaje fin de curso.


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