martes, diciembre 22, 2009

Del blog y otros amores.

En general, tener un blog y escribir en él es algo estupendo. Hace un papel similar al que juegan las fantasías en la adolescencia: te permite montar un mundo a tu medida, ponerte en medio de él y sentirte único. Da lo mismo que estén cayendo chuzos por fuera, tú tienes tu mundo, tu blog y allí eres fuerte, te creces, conviertes la vida en narrativa. Y la cuentas tú, obviamente. Es como estar en un escenario contando cosas, algunas de ellas sobre ti mismo. Durante un tiempo gusta, vas alimentando tu narciso y te sientes bien. Sólo que llega un momento en que te cansa tenerlo que ver todo bajo tu propia perspectiva. Ya no tienes nada interesante que contar ni que contarte. Te aburres del blog. O quizás es que te aburres de ti mismo, pero es más fácil proyectarlo sobre el blog.
Lo dices como con resquemor, me dice él, ¿acaso te ha pasado a ti eso? ¿Es por eso que has estado todo este tiempo sin escribir nada?” Y me mira con desconcierto, como si lo estuviera acusando de algo. Así que he tenido que insistir en que la cosa no va con él, que no ha sido su culpa. Y es verdad, se ha portado bien, ha cumplido a la perfección su papel de container. Hasta han quedado bonitas algunas entradas. Además, le he dicho para animarlo, se aprende bastante con los blogs. Son como tu psicoanalista, se quedan ahí plantados escuchando lo que dices con cara de poker y dejando que tú solito descubras tus propias contradicciones. El mío hasta me hace preguntas, en el colmo del colegueo. En fin, la cosa es que de vez en cuando te apetece callar, retirarte a tus cuarteles de invierno y saborear la soledad. No es fácil de explicar qué pasa o por qué pasa. Sucede que entras en una especie de anemia narrativa que te lleva al ostracismo.
En uno de los últimos viajes a Sudamérica vi en el avión el film Julia & Julie, la reciente película de Nora Ephron protagonizada por Meryl Streep y Amy Adams. Interesante y divertida. Pero la traigo a colación porque Julie tenía un blog. Ella se había propuesto hacer cada día una de las recetas que Julia había escrito en su libro de cocina. Y lo contaba en el blog. Al principio casi nadie la leía pero poco a poco fue teniendo un inmenso público que la seguía. Y el blog, es lo que suele pasar, le fue absorbiendo cada vez más. El placer por cocinar fue sustituido por el placer de contar cómo cocinaba. Y todo comenzó a construirse en torno a ese centro magnético que era el blog. Como si se tratara de un tornado, el blog acabó centrifugándolo todo. Incluso su matrimonio. Su marido se quejaba de que el blog la había convertido en una mujer egocéntrica y exhibicionista que necesitaba mostrarse a través del blog y que acababa refiriéndolo todo a sí misma. Me impactó mucho aquello porque me sentí muy concernido. ¿Será que también los blogs crean adicción igual que las drogas o el chocolate?
De todas maneras, yo no quiero renunciar a escribir. Tampoco me he sentido mejor cuando no lo hacía, así que no tiene caso. El problema no es el blog sino cómo se usa. He de acordarme de revisar este tema para los propósitos de comienzo de año.
Así que he mirado con cara de tortolito enamorado a mi blog y le he dicho que no quiero perderlo. Que solo ha sido una crisis. Eso le ha consolado bastante. Con ojos aún brillantes y húmedos me ha recordado que mucha gente disfruta con los blogs. "Incluso personas mayores, me ha dicho, como para vengarse. ¿No has visto en la prensa de estos días el caso de la bloguera cubana que trae en jaque a las autoridades de aquel país con su blog la “Generación Y”?" Es verdad, reconocí, tiene mucho mérito esa chica. Y acabo de ver otro caso de una señora de 53 años (el columnista le atribuía 90, si se entera ella, lo mata) de Cleveland (EEUU) que, también se ha hecho famosa con su blog. En el 2006, cuando cumplía el medio siglo hizo recuento de lo que la vida le había enseñado en todos esos años (http://www.cleveland.com/brett/blog/index.ssf/2006/05/regina_bretts_45_life_lessons.html

Está muy bien. Algún día lo comentaré. En todo caso, eso anima. Así se lo he dicho a mi blog con un abrazo: “Colega, nosotros también seguimos. Y que sea lo que Dios quiera”.

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