lunes, abril 01, 2013

La post-boda: del espectáculo a la vida







Acostarse a las 7 y pico de la madrugada no lo hacíamos la mayor parte de nosotros desde hace casi 40 años. Así que apuramos bien la mañana y nos levantamos lo justo para no perdernos el desayuno.Tuvimos la ventaja de que no corríamos el riesgo de padecer una resaca de esas que te dejan baldado. Nada de eso, aparecimos todos como rosas matutinas. Nos quedaba un día en Marruecos con algunas cosas por ver y, sobre todo, con muchas cosas por comentar. Era la post-boda.

El comentario general fue, obviamente, que la boda había estado espectacular. Todo muy novedoso para nosotros. Nos costó entrar en la dinámica y en los tiempos marroquíes pero aún fuimos aguantando el tipo. Y eso que luego he sabido por Internet (el programa callejeros de la “Cuatro” había filmado una boda marroquí que se puede ver en You Tube) que al final de las bodas se entrega un carnet de asistencia para certificar que uno estuvo en la boda y se quedó hasta el final. Ese carnet con unas pastas se mete en una bolsita de tela y se lleva a casa como recuerdo y testimonio. No sé si se hizo así en la boda de Javi y Souad, en todo caso nosotros nos lo perdimos porque nos fuimos un pelín antes. De todas formas, no teníamos demasiadas quejas tampoco sobre la extensión de la ceremonia. Te extraña pero, al final, entiendes que para ellos también la duración debe ser un elemento importante de la brillantez de la boda.
Otra de las cosas que he podido ver en Internet es que el número de trajes que utiliza la novia es una expresión del poder adquisitivo de las familias. De hecho, en la boda que grabaron en el programa Callejeros la novia solo vestía tres trajes, así que nuestra novia fue mucho más brillante que aquella (y más guapa, desde luego). Por eso ellos (los del programa), acabaron a las 3 de la mañana y nosotros llegamos hasta las siete. Pero está bien ese programa porque te van explicando las cosas que nosotros vimos pero no supimos entender. Es gracioso que a las señoras que acompañan a la novia les llaman “las gritonas” (yo creí que cantaban algo con letra y mensaje, pero parece ser que no, que simplemente gritan para alertar de que la novia se va a mover). Explican el gesto tan característico que hacían cerrando la mano y abriéndola hacia fuera como si fueran esparciendo agua bendita a los asistentes. Significa “estáis muy bellas” (vamos, estáis que lo tiráis). Aclaran, también, que el papel principal de la novia es lucirse, enseñar todo lo que lleva y por eso abre mucho los brazos. En una cosa, en cambio, no coinciden con lo que pasó en nuestra boda. Dicen en el programa que las mujeres no bailan, al menos cuando hay hombres y que las bodas suelen tener sesiones separadas para hombres y mujeres. Lo cual es un poco contradictorio porque también explican que las jóvenes se ponen tan guapas porque esperan conseguir novio en la boda. En fin, en la nuestra sí que bailaron las mujeres y mucho.  Alguna de ellas de forma tan provocativa que más de uno entramos en fase de alelamiento.
En definitiva, el espectáculo estuvo de lo mejor. Y todo hace suponer que lo que va por dentro, lo que justifica el espectáculo también estuvo bien. Hoy día ya resulta difícil eso de casarse, pero cuando se trata de un casamiento intercultural los problemas deben multiplicarse.  Ellos sabrán las revirivueltas que han tenido que dar hasta llegar a este momento, pero seguro que no ha sido fácil. Deben estar muy seguros de su enamoramiento y eso siempre es emocionante, también para los que lo vemos como amigos de sus padres. En la post-boda, cuando los vimos ya relajados se les veía a ambos con una expresión de enorme satisfacción. Como quien ha pasado un examen con buena nota. Con menos afeites y adornos que en el espectáculo pero mucho más ellos. Incluso más guapos. A veces, los grandes trajes desvían la atención de la persona al vestido, ves la ropa y te pasa inadvertida quien la lleva. 

Pues con todo y con eso, nos fuimos a dar el último paseo por Rabat. Las mujeres querían hacerse con las últimas compras. Los hombres a regañadientes las seguimos un rato y después preferimos buscar entretenimientos más descansados: una terracita agradable para el vermut (es un decir, claro, una café con leche y unas coca-colas). La comida fue algo forzado. Nadie tenía demasiada hambre después del banquete trasnochador de la boda y el desayuno tardío del  domingo. Pero le hicimos honor a una pizza, como para cumplir con el régimen de las 5 comidas. Una siesta reparadora y, después, conversación vespertina para poner al día nuestras últimas impresiones. Venían, además, los novios para pasar un rato con nosotros y, después, cenar todos juntos. Fue un rato amigable y amistoso. Como decía, a ellos se les veía muy bien, satisfechos (¡qué menos, si venían de su noche de bodas!) y relajados. La tensión sostenida durante tantas horas durante la boda había desaparecido.

Todo el mundo estaba contento. Para algunos había sido su primer viaje a Marruecos y estaban sorprendidos, con muchos estereotipos rotos en relación al desarrollo del país, su belleza natural y artística, la organización de las ciudades, etc.  Otros (otras) estuvieron más interesadas en conocer algo más de la cultura islámica. Nuestros guías nos fueron ilustrando un poco sobre ello siempre que encontraban ocasión para hacerlo. Sobre todo, la cuestión de los 5 mandamientos del islam: (1) la profesión de fe que repiten constantemente, eso de “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”; (2) la oración en dirección a la Meca que deben hacerla 5 veces al día, cuando avisan los muecines desde las torres delas mezquitas (y se lo toman bien en serio, al menos algunos: vi a uno de los músicos de la orquesta hacerlo debajo de una escalera y, al salir a las 7 de la madrugada y lloviendo había otra persona con su chilaba arrodillándose y rezando en medio del césped); (3) la limosna que puede ser en dinero o especies (una cuarentaava parte de lo que se gana, creí entender, aunque me resulta difícil hacer los cálculos); (4) el ayuno del mes del ramadán en el que no toman nada, salvo agua, de la salida a la puesta del sol y (5) la visita a La Meca una vez en la vida (siempre que puedan hacerlo con sus propios medios económicos, que no tengan que pedir dinero prestado para ello). Tienen la mitad de mandamientos que nosotros los católicos pero los suyos son mucho más concretos, más difícil de escaquearse de ellos.
Siguió llamándonos la atención el complejo papel de las mujeres en las sociedades árabes. Las exaltan en momentos concretos, como en la boda, pero luego las ocultan y mantienen en un segundo plano. No había ninguna mujer en las terrazas de las cafeterías y muy pocas por la calle. También es verdad que ya se ven (al fin y al cabo era Rabat) chicas sin velo (pocas) y vestidas más a la europea. También vimos algunas con burka, tapadas completamente salvo una ranura para los ojos, algo que llama muchísimo la atención.
Fueron 4 días intensos. Dieron para acompañar a una pareja de novios en la fecha más importante de sus vidas, para visitar tres ciudades marroquíes y para recibir una alfabetización apresurada en cultura árabe. No se puede pedir más. Y mañana (ya hoy) de vuelta a  casa.



No hay comentarios: