13 de Abril: día internacional
del beso. Eso decían ayer en la TV que celebraríamos hoy. Así, en pleno
aislamiento. En pleno mono de ausencia de abrazos y besos, con un mes de
separación a las espaldas. Eso dota al día de hoy de una resonancia muy
especial. Si es verdad que abrazos y besos forman parte de la necesaria vitamina
afectiva de las personas, aquellos que se han visto privados de ellos durante
tanto tiempo tienen que estar pasándolo mal.
Y eso es lo que parecía ayer,
cuando entrevistaban a las personas sobre qué es lo primero que harán cuando
todo esto pase y acabe el confinamiento. Dejando aparte alguna boutade semigraciosa, la mayor parte de
la gente decía que iría a abrazar y besar a sus seres queridos, que eso era lo
que más echaba en falta: besar y abrazar a sus hijos, a los abuelos, a los
nietos, a los amigos. Visto desde esta
perspectiva, da para sentir pena de esas sociedades más higiénicas y neutras
que escatiman sus besos. ¡Qué pena! Aquí, como cantaba Victor Manuel, nos
entristecemos por “los besos que nos guardamos, que no damos…”
¡Qué magnífico invento ha sido el
de los besos! ¡Qué gran papel han jugado (y juegan) en el equilibrio emocional
de las personas y los grupos! Cada uno de nosotros guarda en su agenda vital
(eso que dicen ahora de manera prosaica, mochila) una colección de besos que
quedaron bien grabados en nuestra memoria. En algunos debe ser una colección
enorme, en otros quizás más chiquita, pero afortunadamente todos nosotros guardamos
en nuestro cofre interior las huellas de muchos besos.
Schröder, un experto alemán en
comunicación humana que yo solía trabajar con mis estudiantes, proponía
analizar los actos comunicativos (lenguaje, gestos, movimiento,
comportamientos) en base a tres criterios: métrica, tono y eficacia. La métrica hace referencia a la amplitud, a
la extensión, a la cantidad. El tono
se refiere a la intensidad, tensión y fuerza. Y la eficacia a la capacidad de
ese acto para obtener el resultado previsto. Los tres criterios son muy
aplicables a los besos. Hay besos que son proporcionales al momento
(isométricos), otros son exagerados (hipermétricos) o ridículos por escasos (hipométricos);
y, de igual manera, hay besos cuya intensidad se acomoda bien a la persona y al
momento e intención (son los besos isotónicos, como esas bebidas tan de moda ahora entre los deportistas por sus efectos revitalizantes; y algo así deben hacer los besos, darte nueva fuerza) pero otros resultan abusivos, por mucho, o escasos, por poco. Y,
desde luego, hay besos que cumplen su objetivo y otros inútiles que en lugar de
acercarte al otro te alejan de él (el beso de judas). Los besos son, en definitiva, esa forma de aproximarse a los
demás, de meternos en su terreno y de meterlos en el nuestro. Peso, intensidad,
utilidad de los besos. Y además color. Los besos son polícromos como lo son las
emociones y variados como lo somos las personas y lo es el cariño.
Algunos son besos blancos: los
que dan los padres a sus hijos, los abuelos a sus nietos, las familias entre
sí. Un blanco que matiza sus tonos y su intensidad según el momento y las
querencias que los besos expresan. Y esos mismos besos se convierten en azules cuando
son los padres o los abuelos quienes los reciben de sus hijos nietos. Azul
cielo si son niños quienes te los dan y azul añil si esos hijos o nietos han crecido
y ya saben modular sus besos. Porque no solo es el beso lo que cuenta, cuenta
el abrazo que lo acompaña, la presión, la mirada. El beso se da con el cuerpo,
no solo con los labios.
Hay besos sociales, de
cumplimiento. Son besos grises. Besos de saludo o despedida, besos de
compromiso, de protocolo, de hábito social. Dicen que los latinos somos muy
besucones. Y, afortunadamente, también lo son los iberoamericanos. Y los rusos
que se besan en la boca. Son besos raros (los de los rusos), pero seguro que
juegan un papel importante como expresión de voluntad de acercamiento sobre
todo cuando el beso es entre hombres (¿podría alguien insultar a su
interlocutor al poco de haberle dado un beso en la boca?). Quizás debieran
hacer algo de eso nuestros políticos, se les vería menos estresados por la mala
leche que rezuman reproches mutuos. Estos besos sociales tienen, también, su
importancia. Puestos a elegir, es mejor una sociedad que se besa que una en la
que los otros te resultan indiferentes y en la que guardas esas pequeñas
muestras de aprecio y cariño solo para tus más próximos.
Y están los besos rojos, los
besos de la atracción, del deseo, los besos de ese otro querer biológico que
une a una persona con otra. Besos plenos en las tres dimensiones que antes
señalaba: en cantidad, en intensidad, en intención. Los monógamos tenemos un
repertorio reducido de este tipo de besos, pero incluso ese poco que sabemos
nos sirve de base para imaginar todo lo que los besos pueden dar de sí. Y
seguro que quienes han acumulado muchas experiencias diferentes han generado, también, una
taxonomía personal para clasificar los variados besos de su repertorio. Pero, puestos a imaginar se puede pensar que es probable que sea más característico de cada persona la
forma en que besa que la forma en que hace el amor. Sobre todo, porque el besar
permite más matices, es menos vulnerable a la urgencia hormonal y se prolonga
más en el tiempo. Es Haidyn frente a Wagner. Por eso lo disfrutas más; es menos
agónico, pero más duradero. Un buen beso anticipa satisfacciones porque
despierta los sentidos y te estimula a buscar más al otro; un buen polvo te agota
y te lleva a encerrarte en ti mismo y prolongar el calorcito de las brasas de
tu fuego interior. Por eso ganan los besos, los buenos besos, porque siempre dejan huellas imborrables del encuentro.
En fin, que los besos son esa
forma privilegiada de comunicación y contacto con el otro que bien se merece un
día. Una fecha para recordar que un día sin besos es un día perdido. Para
recordarnos que los besos son esa
conducta propiamente humana que es capaz de expresar de una manera estupenda
nuestra condición de especie evolucionada. Y una cosa importante, cada beso es
un mensaje (me encanta la expresión catalana de “fer un petó”, los besos no se
dan, se hacen, se construyen) y en ese mensaje siempre estamos diciendo algo a
quien lo recibe, incluso aunque queramos no decir nada.
Ya tenemos una tarea para hoy:
refrescar nuestra memoria de besos y disfrutarlos, aunque sin abusar de la
nostalgia. Y llenar el día de besos con los que tenemos cerca, vengan a cuento
o no, que para algo es el día mundial del beso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario